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Beaux Banks se deja follar por el largo pollón de Kaleb Stryker en la furgo de mudanza cuando le pilla in fraganti esnifando su ropa interior | MEN

New Conquest

Salió a correr, a hacerse una buena maratón mañanera de los nervios que tenía. Siempre que llegaba un vecino nuevo (y había tenido ya unos cuantos), Beaux Banks soñaba con uno de esos chulazos a los que darse el gustazo de contemplar desde la ventana en verano, cuando saliera a arreglar el jardín con el torso desnudo, al que espiar, con suerte si se dejaba la cortina corrida, desde su casa, saliendo de la ducha.

Al llegar ya estaba ahí. Al principio se preguntó si era uno de los currelas que había contratado para hacer la mudanza, pero no, porque iba vestidito sin uniforme y la ropa limpia y porque la parecer él se había hecho cargo de todo. Kaleb Stryker era un guaperas, delgadito y muy atractivo. Se estaba fumando un piti apoyado sobre la parte delantera de la furgoneta.

Beaux dio la vuelta a la casa y se coló dentro de la furgo. Todos los tios que se mudaban solos tenían sí o sí una caja o una cesta llena de ropa sucia, de esa que todavía no habían dado a sus mamis para meter en la lavadora. Este no iba a ser menos. Beaux la localizó enseguida y se esnifó todo lo que había dentro. Había montones de calzones que olían a humedad, a rabo, a huevera, a corrida. Era como estar en el paraíso de los guarretes.

No daba a basto. Con una mano cogía un calzón y con la otra se masturbaba por debajo de los pantalones. Estaba tan concentrado que perdió la noción del tiempo y Kelb le pilló in fraganti. El chavalito miró el percal en el interior de la furgoneta imaginándose todo. La caja de su ropa sucia abierta, un tio marcando tienda de campaña. Blanco y en botella. Le cogió de la camiseta amenazante para asustarlo un poco y después le propuso si no era mejor comerle la verga que esnifar sus calzones.

Kaleb se bajó los pantalones y lo que le colgaba entre las piernas dejó alucinado a Beaux, con la boca abierta. Un pollón bien largo y grueso cilimbreando imponente ante sus ojos. Se la comió allí dentro de la furgo y después le puso el culete para que se lo follara a placer. Su nuevo vecino la tenía tan larga que ni un puto condón extralargo lograba cubrir el rabo entero hasta la base.

Beaux se abrió de piernas concentrándose en el gustazo que le proporcionaba ese pedazo de carne entrando dentro de él, en el bailecito que su propia polla y sus cojones hacían meciéndose entre sus piernas con el bamboleo de la follada y de la furgoneta. No fue hasta que no se dio la vuelta y se lo cabalgó sobre las cajas, que se quedó prendado de ese figura, cuando vio todo en conjunto. Guapo, ojazos, musculado, pollón. Lo tenía todo para ser su nueva conquista.

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