Pablo Hierro se folla a Erick Casas sin condón en el cuartucho de un apartamento | Crunchboy
Vuelos cancelados en el aeropuerto, montones de pasajeros que ven cómo se les escapan las vacaciones de las manos, la ocasión perfecta para encontrar a un par de cerdetes a los que no les importe mamar rabo y follar a cambio de recuperar el dinero y el tiempo perdido, porque a quién coño le gusta esperar horas en los incómodos asientos de un aeropuerto cuando puede estar follando alegremente.
Si no lo sabéis os lo cuento. Ya sea la terminal de un aeropuerto o la de una estación de autobuses, la vista se alegra con el pasear de montones de maromos que están buenísimos. Hay para todos los gustos. Los que van de punta en blanco, los que parecen recién salidos del gym con su pelo engominado y brillante, repeinaditos, luciendo musculitos con esas camisetas ajustadas o de tirantes, los que van de sport y marcan culazo y paquete con los pantalones ajustados. La vista se va de uno a otro, te enamoras por momentos y lo que más te apetece es ir al baño a comerle la polla a todos y cada uno de ellos.
Ahora sólo tengo ojos para un chavalito que me hace tilín. Mi rabo que empieza a amorcillarse lo confirma. Pablo Hierro es guapísimo y lo primero que me atrae de él es su cara, sus ojazos oscuros, brillantes, penetrantes, barbita de varios días, pelo rapado por los lados y de punta en el medio. No es el típico musculitos, pero esos vaqueros en conjunto con la camiseta de Adidas que lleva me dicen que tiene un buen porte.
Al otro chaval, Erick Casas, no me hace falta buscarlo, lo pillé en los urinarios públicos recién salía del retrete con otro tio que se subía la cremallera, limpiándose la corrida de la boca con el revés de la mano. Le pregunté si aún tenía ganas de comerse otra polla. Tiempo le faltó para invitarme a pasar de nuevo al retrete que habían dejado libre. Y pretendía comerme el rabo pringándomelo con la lefa del otro chaval todavía en su boca. Pero tenía algo mejor para él.
Me los llevé a un apartamento modesto a las afueras de la ciudad y dejé que se pusieran cómodos. Ante las vistas de que su vuelo se había cancelado y aún faltaban varias horas para el siguiente, Pablo se relajó y decidió pasarlo bien. Por unas cuantas pelas se desnudó y se puso en pie ofreciendo su enorme rabaco al mamón desconocido que tenía enfrente. Joder, con lo delgadito que era y menuda trompa que tenía el cabrón, destacando por su enorme tamaño.
Eric, que entendía muy bien de pollas, dio buena cuenta de esa. Se acercó sacando la lengua y le pegó una calada. La longitud del pollón le daba para chupar y posar encima una manita para pajearla. A Pablo le gustó tanto y se encontraba tan a gusto con su rabo dentro de esa boca que le folló la jeta forzando su garganta. La cara de Eric se sonrojaba cuando le cortaba la respiración, con el pito dentro, esnifando las pelotas del chaval aplastadas contra sus morros, los pelillos de sus cojones metiéndosele por la nariz.
Le dio por culo por detrás, penetrando su retaguardia, sin condón. Al atravesarle con esa majestuosa barra de carne dura, Eric gimió con un gusto exquisito. Si esa tarde había salido de cruising en busca de rabos, no tenía dudas de que ese era uno de los mejores con los que se había topado en su gran día de caza.
La sábana que había colocado en el sofá para evitar que se mancahara de babas y lefa, empezó a revolverse con tanto trajín. No esperaba menos. Esos dos tios que no se conocían de nada, estaban intimando de una forma profunda, dejándose llevar por sus instintos más animales. Eric se quedó zurciéndose el rabo en el sofá, Pablo se subía encima de pie, pajeándose sobre su cara mientras Eric le comía los huevos. Estaba a punto de recibirla, otra ración de leche para saciar su hambre.









