Bastian Moreyra entra a pelo en el precioso y apretado culito de Blu Twink | Latin Leche
A Buttload of Cash, A Mouthful of Cum
Nadie conocía mejor los gustos por los chicos de Bastian Moreyra que su amigo más íntimo. Los dos se beneficiaban mutuamente cuando cazaban alguno. Bastian juagaba con ellos y se los follaba, su colega se los buscaba, les ofrecía una suculenta suma de dinero para que no se lo pensaran dos veces y a cambio podía quedarse grabando, mirando y pajeándose con total libertad.
La caza de ese día fue especialmente sublime. Blu Twink, un chavalito joven y guaperas que, en lugar de ir al instituto, ese día estaba callejeando, buscando a saber qué o a quién. Llevaba una sudadera con capucha bajo la cazadora y unos pantaloncitos cortos de deporte. Cien pavos, la primera oferta que se le hizo, eso es lo que costó su virginidad.
El amigo de Bastian le convenció para hacerse unas fotos, pero el chico no era tonto y en cuanto vio el sofá cama y le invitaron sentarse, supo que no era sólo para hacerse unas instantáneas. Allí es donde Blu conoció a Bastian. En cuanto lo vio fue amor a primera vista y no era para menos, porque Bastian era jodidamente atractivo, con una cara guapísima, ojazos, buenos labios enmarcados en un bigote y barba espesitos, aparte de un cuerpazo que ya se adivinaba incluso con la ropa puesta, vaqueros y sudadera.
Irremediablemente, en cuanto Bastian se sentó a su lado, Blu sintió una atracción inmediata que le hizo inclinarse para probar los labios de ese maromo. El primer beso estuvo bien rico y se le despertó todo. Se le hinchó la polla, se le relajó el ojete y sintió que todo su cuerpo se revolucionaba. Si lo que sentía justo en ese momento no era amor, se le parecía bastante.
Colocó la mano en el paquete de Bastian. La notó dura y larga apuntando hacia el bolsillo. Estaba deseando vérsela. Bastian se levantó, se quitó los vaqueros y volvió a sentarse en el sofá con la pija tiesa, pasó un brazo por detrás de los hombros de Blu animándole a inclinarse, el chico lo hizo y empezó a mamársela, no sin antes quitarse también los pantaloncitos y sorprender a ambos con su pedazo de pollón descomunal, que no pasó desapercibido.
Joder con el niñato cómo le daba a la boca, se la tragaba enterita, aplastando bien los morros contra la base de la polla, rebozándolos por las pelotas de Bastian con su minga bien adentro de la garganta. De la polla a la boca, Blu subió para probar de nuevo los besos de Bastian, esta vez cargados del aroma de su rabo. Bastian no pudo evitar echar un ojo a la polla del chaval, que le pareció enorme, grandísima.
Si dejaba escapar a ese chaval por la puerta sin haberla catado, se iba a arrepentir, así que le devolvió la mamada, comiéndose esa pollaza que era decididamente más grande que la suya. Se desnudaros por completos y se dieron al vicio. Lo que Blu había intuído era cierto, Bastian estaba buenorro, con un torso musculadito, marcando pectorales y six-pack. La sorpresa una vez más se la llevó Bastian, que vio al chaval desnudo pajeándose sobre el sofá y le pareció monísimo de la muerte, adorable, con un cuerpecito delgado pero tonificado y ese pedazo de pollón que tenía entre las piernas, demasiado grande para su edad y su complexión.
Blu tenía muy buena boca y se pasó un buen rato mamando rabo, tanto que acabó con los morros empapados en saliva y cada vez le entraba mejor por la garganta. Bastian le daba golpecitos en la mejilla, comprobando cómo su polla desaparecía dentro de esa boquita jalona. Cada vez más cómodo, como si no pareciera importarle tener espectadores, Blu se puso bocabajo en el sofá mientras comía rabo. Esa postura permitió a Bastian posar la vista por primera vez en el culete del zagal, respingón y precioso, que parecía tenerlo todo para satisfacer a cualquier hombre, fueran cuales fueran sus gustos, el de dar o el de recibir.
Aunque a Bastian se le había pasado por la cabeza la idea de recibir de ese chaval, lo que le urgía en ese momento era dar, pero bien duro. Fue tener el culazo del chico frente a él y sentir la irrefrenable tentación de follárselo y dejarle bien abierto el ojete con un boquete del tamaño de su miembro. Le hundió la polla en la raja sin condón y empezó a penetrarle.
Estaba super apretadito, algo que le hizo temblar de gusto. Una vez dentro, empezó a follárselo a buen ritmo, observando cómo esas nalgas se mecían como flanes bien consistentes a cada golpe de sus caderas. Blue aguantaba cada embestida aferrándose a las sábanas y gimiendo de gusto. Bastian estaba cada vez más encabronado viendo ese culazo, sintiendo el poder que ejercían sus muslos estampándose contra los del chico, tomando posesión.
Bastian se sentó en el sofá, Blu sobre sus piernas, pasó una mano por detrás para cogerle la polla durísima y la condujo hacia el interior de su agujero. Se lo cabalgó. Bastian plantó las manos en cada nalga del chaval, apretándolas fuertes, deseándole, subiéndolas, bajándolas, haciendo que le pajeara bien la polla de arriba a abajo con ese culazo.
Tener luego al chaval bocarriba, tan guapete, con el rabo sobre el vientre, abierto de piernas, dejando a tiro su raja abierta, tan tierno, le hizo sentir a Bastian una oleada de emoción. No recordaba haber estado tan nervioso y excitado nunca. Emocionado, avanzó unos pasitos y le hundió la polla dentro del ojete, se inclinó encima de él y le hizo el amor mirándole a los ojos. Qué bien conocía su colega sus gustos, incluso aquellos que ni él mismo sabía que tenía.
Este le soltó los cien pavos en la mano, para que el chaval los viera, aunque algo les decía que Blu lo habría hecho gratis de haber visto antes a Bastian. Blu se tumbó a lo largo del sofá, Bastian se sentó en su cara y dejó que el chico le lamiera el culete. Como era de preveer, el chaval aguantó poco la leche en las pelotas teniendo encima la entrepierna de un chulazo como Bastian, con su culo, las pelotas y el rabo a tiro de vista.
Bastian se subió al sofá, casi sentado sobre el pecho de Blu, dejándose pajear. Blu persiguió sacarle toda la leche, masturbándosela con fuerza y rápidamente, apuntando la pija hacia su cara. En cuanto sintió las ganas de correrse, Bastian le apartó la mano y se lo hizo él mismo. Borracho de placer, se la metió por la boca y se deshizo dentro de ella de puro placer.









