Holden Beau da culo a su compi Zac Barrett en la ofi para que se lo folle a pelo | MEN

The Heat Is On

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Hay tios a los que es difícil dejar de mirar de lo buenos que están. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Holden Beau con su nuevo compañero de oficina Zac Barret. Asintió de lejos con la cabeza al verlo de lejos ya sentado en a la mesa, porque la verdad es que no podía sacarle ni un solo pero. Alto, distinguido, con buena percha, guapísimo, atractivo con esa barba, pelazo, ojazos y los primeros botones de la camisa desabrochados dejando ver el inicio de su varonil torso.

Puede que fuera demasiado pronto para sacar conclusiones, que a lo mejor era un gilipollas redomado, pero la pinta que tenía bien se merecía ver más de él y la única forma de conseguir que se desnudara sin pedírselo era subir la temperatura de la oficina a tope. El cabrón aguantó unos nuevos grados, pero acabó por caer en la trampa en cuanto Holden volvió a darle al termostato y se abrió la camisa dejando a la vista un torso perfecto, musculado, con unos pectorales de esos de que te follen y agarrarse como una perra a ellos de lo macizos que están, con unos pezones bien grandes que ponían la guinda a ese pastel para morderse el labio y desearle con todas las ganas.

Peluditos y con las tetillas duras, fue en lo primero en lo que se fijó Holden al mirar por la esquina. Con lo que no contaba era con que además se fuera a bajar los pantalones, descubriendo que era portador de uno de esos calzones que te agarraban bien la huevera y la polla en el frontal, los que solían usar los jugadores de rugby. Holden también empezaba a tener un calor que te cagas, pero ya no era por la temperatura de la ofi, sino porque ver a ese tio casi desnudo le estaba poniendo malo.

En un renuncio, mientras se estaba amasando el paquete y cerrando los ojos imaginando guarradas en su cabecita, Zac le pilló y demostró que además de estar bueno era inteligente. Holden al lado del termostato, Holden tocándose. Sumó dos más dos y halló la respuesta. Holden había subido la temperatura a posta para provocar esa situación y verlo en pelota picada.

Harold se lo confesó todo y ahora que lo tenía cerca no podía estar más enamorado de ese tio, con el torso bañado en sudor, los abdominales bien marcados, una puta fantasía. El calor hizo el resto. Zac también tenía ojos en la cara y no podía negar que su nuevo compañero de oficina era tentador. Guapo, con una sonrisa preciosa y el resto estaba por ver. Para qué iba a negar que, como Harold había hecho con él, estaba deseando ver más.

Se dejó llevar y acabaron dándose el lote. Quizá era mejor así, resolver la tensión sexual entre compañeros al principio para luego poder concentrarse en el trabajo. En cuanto vio que se dejó hacer, Harold se fue a por él a saco probando el sabor salado de sus tetillas duras, tocando con sus manos esos pectorales de lujo y bajando rápidamente por su cuerpo hasta acabar agachado y descubrirle la picha.

No era lo que se dice una mega polla, pero era encantadora y estaba tan dura y tan al alcance de sus posibilidades que se permitió el lujo de zampársela enterita hasta besar los huevos a ese capullo y notar que le presionaba la campanilla. Holden se puso de pie, también se sacó la suya, más gorda, grande y larga, e intercambiaron sus rabos masturbándolos mientras volvían a darse el lote.

A dureza le ganaba Zac, así que Holden se fue hasta la mesa de la ofi, se inclinó sobre ella e invitó a Zac a comerle el culete, porque estaba deseando sentir la presencia de ese rabo tan duro en su orificio de entrada. Zac lo flipó con el culazo de su compi. Una cosa era verlo a distancia y otra bien distinta tenerlo enfrente de la jeta. Era una puta preciosidad que invitaba a desplegar sus nalgas musculosas y redonditas, tan suaves, y soñar.

Y qué sensitivo era el tio, que apenas con un roce de la lengua en los pelillos que rodeaban la entrada de su ano, ya se ponía en alerta y gemía en alto. Zac siguió con la lengua por fuera, sabiendo que ya se acostumbraría, como lo hacían todos, así que siguió paseando la lengua por el agujero, viendo con sus propios ojos cómo se ponía cariñoso y acababa latiendo, abriéndose y cerrándose al contacto.

Cuando creyó que ya lo tenía preparado, Zac se incorporó y le presentó su polla, metiéndosela lentamente por detrás y sin condón, observando cómo su durísimo pene entraba entre esas preciosas nalgas. Una vez la tuvo toda dentró, empujó hasta verla desaparecer y disfrutó del contacto de ese culazo en sus caderas antes de empezar a follárselo a pelo.

Lo que más le gustó a Zac de ese porculeo inicial fue la pasión que veía en la cara de Holden. El tio estaba desatado, con la mirada perdida, con ganas de recibir duro y de que le dieran cariño. Le encantaba que un hombre se volviera así de loco follando, borracho de sexo, porque de alguna forma eso se contagiaba y le hacía sacar su mejor versión en la cama.

Manual de cómo resistirse a un tio guapo, cachas, con los hombros redondeados, el torso bañado en sudor, pectorales alucinantes y peludos, el six-pack marcado y la polla bien dura, echado hacia atrás en la mesa de la oficina, apoyado en sus codos y sonriéndote para que hagas con él lo que quieras. Pues a tomar por culo el manual porque ante eso era imposible resistirse. Holden supo muy bien qué hacer.

Se subió a la mesa con cuidado de no darse en la cabeza con el techo, hizo una sentadilla hsta alcanzar con su mano el pene de su compi, lo enderezó y siguió bajando el culete hasta clavársela a fondo. Saltó y la pajeó, sintiendo cómo le daba ese gusto que necesitaba de lo dura que la tenía. De la mesa, se fue a la silla, poniéndose de rodillas en el asiento, mirando hacia el respaldo y Zac penetrándole por detrás, aunque era Holden el que ahora tomaba el control, alejando el culo y acercándolo a él para auto follarse y gozarse ese pito tan duro.

De la silla volvió a la mesa y se abrió de piernas para ese chulazo, apenas con los calcetines de ejecutivo puestos, las piernas al aire, separadas de su cuerpo, observando cómo ese hombre se hacía un hueco entre ellas y le hundía nuevamente la polla por el agujero. Se pajeó mirándole de arriba a abajo. Dios, era perfecto y su mente se llenó de ilusión, de las muchas jornadas que les quedaban juntos disfrutando como lo estaban haciendo en ese momento.

Y de tanto júbilo, Holden explotó, soltando una lluvia de lefa a diestro y siniestro que le dejó empapado hasta el hombro y más allá, dejando de regalo alguna que otra gotita en la mesa. Zac aguantó un poco más dentro de él, la sacó, se la peló duro y le lecheó los huevos. En pleno uso de sus facultades, se morreraron de nuevo, disfrutando de la sensación posterior a la corrida. Holden volvió a apreciar de cerca el torso de ese tiarrón, paseó la mano por su brazo fuerte y varonil, luego se miró a sí mismo, abierto de piernas, habiendo logrado más de lo que quería. De querer ver simplemente a un tio en pelotas y pajearse desde la esquina, ahora estaba sobre su mesa, con su semen correteando por las pelotas.

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