Crush Daddy se calienta metiendo unos buenos pollazos sin condón a Jericho James | Raging Stallion

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Si algo había aprendido Jericho James en las clases de supervivencia, antes de largarse a un pueblecito perdido de la mano de Dios, era que la forma de sobrevivir mejor al frío era juntar le calor de los cuerpos. Claro, eso siempre y cuando mínimo fueran dos en apuros. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de ponerlo en práctica, pero un desafortunado accidente en canoa de Crush Daddy que lo dejó varado en mitad del lago obligándolo a nadar hasta la orilla, haria que un buen vecino como Jeri supiera cómo echarle una mano.

Con la promesa de cuidarle, Jeri se pasó un poco. A ver, sabía que para darse calor, había que desnudarse, pero cuando estuvo delante de ese tiarrón imponente, musculazos, culturista y le bajó el bañador descubriendo su impresionante culazo grandote de macho y esa cola gordita que le cogaba entre las piernas, no pudo evitar darle más cuidados y calor del que quizá eran necesarios para ese accidentado suceso.

Lo que un hetero habría hecho al tener bien cerca un buen par de melones, es lo que hizo Jeri al tener a un palmo de distancia el pene de ese daddy, rebozar la cara por encima, sintiendo el calor y la textura de la polla y los huevos en su frente, en sus mejillas, sus labios, la nariz. Estaba borracho de sexo como una cuba. Se la metió en la boca y la cosa empezó a crecer, tanto que apenas podía abarcarla.

De rodillas sobre las tablas de madera del embarcadero, se dedicó a succionarle el cipote, pegando bocados como un jamelgo a ese puto pollón gordísimo y venoso, cada vez deseándolo con más ganas. Se lo devoró. La mamada fue una mezcla entre comida de polla, toma de biberón y una degustación exquisita de las pelotas, con  la que pudo sentir la fuerza de ese rabo sobre su jeta.

No había que tener mucha imaginación para saber que Jericho se gastaba un tremendo culazo. El dibujo de la silueta de su trasero bajo los pantalones dejaban claro que tenía un pandero prodigioso. Se desnudó para Crush dándole la espalda, otorgándole el placer de verle el culo tan pronto se bajara los calzones. Alucinante era poco. Crush se entusiasmó tanto que le pidió comérselo, pero no de ponerse detrás como un perrito y olisquear, no, quería que le sentara ese culazo encima de la cara.

Crush se agarró a las barandillas de las escaleras del muelle para elevar un poco el torso y la cabeza. Sacó la lengua y empezó a trabajarse el ojete de ese cabrón, rozando con los pelos de su perilla las entre nalgas. Escupía y hurgaba, escupía y volvía a hurgar con la lengua, acariciando ese orificio que latía con fuerza, deseando que un buen rabo le jodiera.

Llegó la hora de comprobar si todo ese esfuerzo había merecido la pena. Crush se colocó detrás de Jericho. Le fue penetrando poco a poco sin condón, notando que estaba apretadísimo. La metió enterita, hasta tener el culazo bien presionado contra sus caderas. Empujó un par de veces y empezó a follárselo, observando cómo esas nalgas se mecían como flanes ante cada pollazo suyo.

Tan solo podía sentir gratitud hacia ese tio que lo había rescatado del lago. Claro que esperaba que su vecino fuera un buen samaritano, pero lo que le estaba ofreciendo era mucho mejor de lo que habría imaginado jamás. Le dio con todas sus ganas, con toda su fuerza. Eran los dos tan corpulentos que de alguna forma sentían que la follada tenía que ser más gamberra, más salvaje. Crush se abrazó a Jeri inclinándose sobre su espalda, pegando el torso a ella y le metió una desbandada de pollazos que hubieran revolucinado el corral.

Le puso bocarriba, le abrió de piernas, se metió entre ellas y le siguió haciendo lo mismo. Los dos dándose calor, abrazándose, fundidos el uno con el otro. Crush no entendió qué hostias le estaba pasando. Él no era de esos tios que se follaban a otro mirándole a la cara. Intentó desviar cualquier contacto visual y, en cuanto tuvo ocasión, se sentó junto a la barandilla e hizo que Jeri cabalgara sobre él dándole la espalda, lo que llevó a una nueva porculeada cuando Crush se levantó y le pegó el remate final por detrás, antes de sentir la llamada de la naturaleza.

El tiempo que transcurrió entre que sacó la polla a puntito de correrse y que Jeri se puso de rodillas para recibir en toda la jeta, Crush tuvo que agarrársela y apretar fuerte a dos manos para no soltar la leche antes de tiempo. En cuanto tuvo la cara a tiro, gimió de forma desgarradora y soltó la lluvia de semen. Con el saborcito en los morros, Jeri se echó hacia atrás, se sentó sobre sus talones y dejó su estirpe sobre las tablas del muelle. Crush todavía estaba excitado, pero relajado a la vez y el frío había abandonado su cuerpo hacía ya tiempo.

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