Manuel Reyes infiltra a Guillaume Wayne en el hotel y le da culo para que se lo folle a pelo | Raging Stallion X Falcon Studios X Naked Sword

Fired Up: Costa del Sol

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Llegar de un largo viaje y encontrarse con que la reserva de hotel no estaba finalizada, cabreó a Guillaume Wayne, que hizo una llamadita a voces que escuchó hasta el mismísimo recepcionista. Manuel Reyes puso la oreja y también el sentido de la vista en marcha para enterarse de todo, como buen cotilla. Se fijó en el porte de ese macho, vestido de sport, con una camiseta bajo la chaqueta, tatuado y con pintaca de tener un cuerpazo atlético de aúpa.

Lo tuvo claro. Salió a convencerle de que él era su única opción para conseguir una habitación y lo consiguió. Le enseñó la estancia, espaciosa y minimalista y luego exigió su recompensa. Se acercó al huésped e invadió su espacio vital a posta. No tuvo más que humedecese los labios pasando la lengua por ellos lentamente para que Guillaume se fijara en sus ojazos claros y luego en su boca, de nuevo los ojos, de nuevos la boca y toma beso.

Sabía rico. Sacaron la lengua y se dieron el lote, cada vez más cachondos. Manuel tomó la iniciativa sentando a Guillaume en una silla, las manos ocupadas desabrochandole la bragueta de los pantalones. Estaba deseando comerle la polla entera a ese tiarrón y darle el recibimiento que se merecía en España. Le encantaba recibir a chicos y darles placer de gratis. No buscaba una propina porque no era un puto, sólo quería conocer cuantas más pollas mejor.

Le excitaba el momento de sacar una. ¿Cómo la tendría? La de Guillaume era preciosa, mucho mejor de lo que había podido imaginar en su mente calenturienta, lo cual no era poco. Larga y bien dura, el tio ya la tenía preparada. Se la lamío de abajo a arriba y le pegó unos buenos bocados dando ritmo a la cabeza. El mejor trabajo del mundo, uno que le permitía ser él y explorar, atendiendo a las necesidades más básicas de los huéspedes que se internaban entre las paredes de ese hotel.

Cada vez le entraba más suave entre los labios y cada vez le apetecía más comérsela hasta los huevos. Lo intentó, la dejo pasar más allá de la campanilla y escuchó el gemido de Guillaume sintiéndola apretadísima. Volvió a hacerlo. Esta vez, en lugar de intentar retraer el culete, Guillaume le colocó la mano por detrás del cogote y apretó con fuerza hacia su entrepierna para ayudarle en su cometido. Si el recepcionista quería rabo hasta las cejas, quién era él para decirle que no era posible.

Casi que podía haber dejado a Manuel chupándosela toda la mañana y allí habría seguido, a cuatro patas entre sus piernas, adorándole toda la pija, pero en cuanto Manuel se bajó los pantalones, Guillaume aprovechó para inclinarse, alargar un brazo y explorar la raja de ese excelente culazo. Lo primero que hizo fue rozar el ojete con la yema del dedo. estaba ardiendo y era super suavecito. Guillaume bufó de gusto, pensando ya en lo agradable que sería metérsela y sentir ese apretón en la polla.

No fue consciente de las bondades de ese culo hasta que lo tuvo enfrente de la cara. Lanzó a Manuel contra la mesa de cristal, obligándolo a que se inclinara sobre ella y entonces contempló uno de los panderos más maravillosos que había visto en su puta vida. Era redondito, blanco, suave, con la raja algo peludita y el ojete rosáceo. Metió los morros dentro y disfrutó tanto como un elefante en una cacharrería, solo que Guillaume sí sabía lo que se hacía.

Escupitajo y lengua, escupitajo y lengua. De vez en cuando se apartaba para ver cómo iba la cosa y no iba nada mál, con el ojete rosáceo ahora algo más rojizo a causa del contacto y Manuel que ya iba dilatando un poquito, abierto al amor. Guillaume se enamoró de ese culo. Su cara lo decía todo, negándose a sí mismo que ese culo fuera cierto, porque era demasiado bonito.

Le metió un dedo comprobando si ya estaba preparado. No lo sabría hasta metérsela. Lo que sí tenía preparado Manuel era la polla, que se le había puesto bien dura. Guillaume disfrutó de los últimos momentos metiéndole la lengua y el dedo, se puso en pie detrás de Manuel, dirigió la polla dura y tiesa hasta su agujero y se la hundió dentro sin usar condón.

Los gemiditos que empezó a soltar Manuel por la boca sintiendo el mástil perforando su ano, fueron música para sus oídos y una fuente de alimentación de la que nutrirse para no retroceder ni un solo centímetro. Una vez hubo metido casi medio rabo, empezó a follárselo de a poquito, con suavidad. Enseguida lo tuvo en su mano, comiendo rabo por el culo a buen ritmo. Manuel gitó el torso y lo que vio le gustó. Ese tiarrón dándole todo, ahora sin la americana puesta, con la camiseta de tirantes marcando toda su musculatura.

Los niños de papá que venían de traje todo chulitos haciéndose los hetero interesantes le molaban, pero mucho más los que tenían pinta de machos empotradores. Si hubiera tenido que poner nota a Guillaume hubiera sido de diez. Menuda minga y qué porte follando. Parecía que había nacido para eso. Manuel contempló maravillado cómo se quitaba la camiseta y se quedaba ahora sí totalmente desnudo. Ese torso, esos brazos fuertes, le omnubilaron la mente y solo le quedó inclinarse hacia adelante y disfrutar.

No tardó en escuchar los zambombazos, el plas plas de las caderas chocando contra sus nalgas en un ritmo incesante. Guillaume había subido una pierna a la mesa y se estaba apoderando de su culo metiéndole caña, atravesándole con su larga polla hasta el fondo. Guillaume se tumbó en el suelo y continuaron explorándose mutuamente. Manuel tomó asiento clavándose la polla a pelo y empezaron a moverse.

Si Guillaume supiera que ese culo iba a hacerle un trabajo más que excelente. Si supiera la de tios que habían vivido ese momento en ese mismo lugar y la de ellos que habían acabado mordiendo el polvo, incapaces de sobreponerse a la majestuosidad de ese culazo revienta pollas preñándole por dentro. ¿Sería Guillaume capaz de aguantar la culeada que se le venía encima?

En el fondo, ¿qué deseaba Manuel? Deseaba que ese tio le aguantara el ritmo, pero si se corría allí mismo inundándole el culo de leche tampoco le importaría, porque le estaba empezando a gustar. Se echó hacia atrás apoyando las manos en el suelo sin dejar de saltar sobre el rabo, dejando que Guillaume viera cómo entraba bien apretada y ya de paso que contemplara su gran pollaza suelta y bien dura meneándose entre los dos, porque Manuel iba con una buena dote y se follaba a quien quería cuando él quería hacerlo.

Se dio media vuelta y sedujo a Guillaume con el culo bombeando su rabo. Al final le aguantó y fue Manuel el que acabó corriéndose primero, soltando la lechada sobre su muslo izquierdo y el de Guillaume. El invitado se puso de pie y Manuel escuchó sus deseos. Si mamada y paja era lo que quería para acabar ese encuentro, lo tendría. Se la chupó y se quedó desnudito de rodillas, sacando culete para que Guillaume tuviera las mejores vistas y se lo admirara de fondo, con su forma redondita.

Con una mano en el pecho acicalándose la tetilla y la otra meneándose la polla, Guillaume se dejó llevar por la reacción de su cuerpo ante tantos estímulos. Que Manuel abriera la boca y sacara la lengua al escuchar sus gemidos, ayudó a que todo fluyera. Le dirigió la carita hacia arriba, apuntó con el rabo y empezó a soltarle la leche encima decorándole la barbita y los morros, la nariz, el bigote, llenándoselo de perlas blancas y translúcidas. Manuel le chupó la polla con toda la corrida encima, mirándole a los ojos, disfrutando de cómo la mirada de ese y de todos los tios se recreaban en su carita guapa llena de leche. Y ahora le iba a enseñar la ducha.

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