El jovencito Austin Ponce se atreve a pelo con el gigantesco pollón de Franklin Acevedo | Fucker Mate

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A Austin Ponce le encantaban las mañanas. Solía despertarse antes para preparar tortitas, pero sobre todo para ver cómo Franklin Acevedo entraba en la cocina completamente desnudo y empalmado. Por muchos días que se la viera así, Austin no terminaba de acostumbrarse al tamaño de ese pollón. Siempre le dejaba con la boca abierta, el corazón a toda hostia y un calor en el cuerpo que le invadía por dentro, así que cda mañana cuando él entraba por esa puerta, él acababa de rodillas comiéndole la verga.

Era el cipote más alucinante que se podía llevar a la boca, tan grandote que se la rellenaba enterita. Pero él quería más y siempre acababa tragando hasta donde buenamente podía, metiéndose esa barra gigante hasta notar que el capullo le dejaba sin respiración intgernándose más allá de su campanilla. Uff, anda que no le gustaban al nene las pollas grandes.

Disfrutaba como un perro con el rabo encima de su cara, lo agarraba y se lo paseaba por toda ella, sintiendo su calorcito y su poder en las cejas, en los ojos, en las mejillas, en la frente. Polla, polla, polla!!! Vuelta al redil y se la volvía a meter por la boca. Cada vez más saliva, cada vez más mojada, cada vez entrando más trozo y mejor. Franklin se sentó en la encimera y le ofreció el desayuno en bandeja. Rabo para comer.

Para entonces ya estaba durísima, venosa, gigantesca, demasiado grande para un chico como él. Pero si no podía tragársela entera como a él le hubiera gustado, había otras técnicas. Cogió el rabo por la base y se azotó en la cara con él. Plantó la palma de la mano en un lateral de la polla y el otro lo cubrió con los labios ladeando la cabeza. Con la manita y los labios fue bajando y subiendo por esa barra inmensa de carne, una y otra vez y otra, haciéndole una suculenta pajita.

Se la volvió a chupar con muchas ganas. Era tan enorme que había donde agarrar. A dos manos y boca, una mano cogiéndole los huevos, otra enla base y boca, tantas formas para expresar lo que sentía por ese falo que ahora tenía el cipote suave, grande, brillante con sus babas encima. Ya podía prepararle bien su apretado culito, porque eso iba a doler.

El desgarrón que sintió al tener ese pollón hundiéndose dentro de su ano fue notable. Franklin no se andó con chiquitas. Nada de ir poco a poco dejando que se acostumbrase. Una vez la metió, se lo zumbó jodiéndole a pelo con toda su polla, estampando los muslos y las caderas contra ese culito respingón que acababa de tragarse a fondo sus veintitrés centímetros de rabo.

Ya cesarían los gritos para dejar lugar a algo mejor. Siempre ocurría. Por un momento, sólo por un momento se sintió mal por meterle eso tan grande al chaval. Si no fuera porque en el fondo sabía que le encantaba una polla tan grande y dura, ya se la habría sacado. Imposible resistirse a empalar un culito así de rico y apretado, a un chico que se entregaba de esa forma a él, reverenciando su polla como lo había hecho chupándosela, ahora ahí, frente a la encimera de la cocina, tan abierto de piernas, gozando de lo lindo con su minga haciendo aspavientos mientras él se lo follaba por detrás.

Le puso una mano en la boca tapándosela, le metió el dedo gordo dentro. Austin lo rodeó con sus labios y lo chupó. Sin sacarle la polla del interior del culo, como una parejita de enamorados paseando por el parque, el novio detrás de la novia dando pasitos a la vez, se lo llevó a la cama, le hizo ponerse a cuatro patas, se subió encima y lo cubrió.

Le empaló la verga hasta el fondo, hasta sepultarla dentro de su ano, plantándole todos los cojones encima taponando su agujero. Ya tenía ese hueco hecho a su medida y el chavalín empezaba a expresar su amor de otra forma, con menos gritos y más gemidos. Después de un buen rato se la sacó y miró la raja del culo. Ni puta idea de cómo había podido meterla toda entera por ese agujerito, pero lo había hecho y lo iba a volver a hacer.

Aprovechó un renuncio de Austin que se quedó bocarriba para lanzarse sobre él y follárselo. Un cara a cara delicioso que se saldó con un momento de mamporrero de lo más morboso, cuando Franklin intentó dirigir sin manos su tranca hacia ese agujero al rojo vivo y Austin pasó la manita entre sus piernas, le cogió toda la polla y se la condujo dentro.

Luego se tumbó sobre la cama y esperó a que el chico se sentara encima de él. Sus piernas sobre sus muslos, la polla dentro del culo y él cabalgando sobre ella. Le dejó en volandas, con las piernas rebotando a cada lado de su cuerpo, totalmente desprotegido, a merced del follador. Para correrse, Austin eligió una postura de lo más extraña. Todavía con la polla de Franklin dentro de él, se echó hacia adelante y se puso de rodillas en el colchón, entre las piernas de su macho. El joven cabroncete se glaseó de lo lindo los muslos y las sábanas.

Franklin le cogió por detrás para mirarle la carita. Quería correse encima de ella. Lo lanzó sobre la cama, se puso de rodillas al lado de su jeta, se pajeó duro y le metió un primer trallazo espeso y calentito que le cruzó los morros hasta depositarse en su pelito y la oreja. El resto de la lefa deliciosa cayendo como miel dentro de su boquita y el mamón no paraba de regocijarse con el rostro bañado en leche, paseando la lengua por los labios caramelizados, saboreando el placer de una buena corrida.

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@ fotos por Oscar Mishima

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