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Rob Silva se folla a Ken sin condón con su gruesa y larga pija en una cueva cerca de la playa | Latin Leche

Gay Sex On The Beach

Cancún, Isla Mujeres, rodeada por aguas de un azul prístino que invitan a soñar, a darse un chapuzón y a disfrutarlas. Y como no podía ser de otra forma, mientras Ken rodaba la serie para mostrar este idílico paraje al mundo, se tenía que colar entre medias de la cámara y el reportero el guaperas de turno, ese en el que al final la audiencia termina depositando su mirada, aparcando por un momento todo lo que se está diciendo en pantalla, relegándo todo lo supérfluo a un segundo plano.

Pelo rizadito, guapete, bonita sonrisa y unos ojazos que combinaban a la perfección con el agua bajo sus pies. Mira que el cámara quería olvidarse por una vez de grabar pajas, mamadas o folladas, pero al ver a Rob Silva le llamó su vena cerdaca y tuvo que camelárselo poco a poco para ver si se animaba a enseñar la chorra y más. La idea era hacer un Viajeros Cuatro, pero eso tendrían que dejarlo para otro día.

Con la complicidad de Ken, se llevaron al chaval a un lugar lejos de miradas indiscretas, a una calita rocosa, con una cueva donde poder hacer cosas de hombres, donde retornar a una época antigua donde la vida se dirimía del día a la noche desde esa perspectiva con la playa de fondo. Metidos en la cueva, el lugar resultó ser bastante cómodo, cubierto por una alfombra de arena fina. Llevaban demasiada ropa y los tres estaba muy calientes.

El cazador se dejó llevar un paso más, le preguntó a Rob si le gustaba su amigo y apreciando un tímido sí en su cabeza, agarró las manos de los dos y como buen celestino les unió haciéndose tocar los paquetes el uno al otro. Unos besitos y caricias más tarde, Rob fue el primero en bajarle el bañador a Ken y tragarse su polla, todavía flácida. El que no la tenía nada flácida era Rob, cuyo bulto destacaba abriéndose paso hacia el lateral izquierdo del bañador.

Se lo quitó y una preciosa banana bien gorda e inesperada tanto para el cámara como para el reportero, salió rebotando y cilimbreando hacia el frente colgando entre sus piernas, encapuchadita, con un agujerito en el pellejo que permitía ver tímidamente su grueso cipote. Esa polla parecía que no tenía límites para crecer. De morcillona, paso a ponerse un poco recta bajo el yugo y la presión de la boca hambrienta de Ken, que de vez en cuando se la sacaba de la boca para tomar un respiro, para cogerla con la mano y menearla con la intención de que el cámara grabase bien esa pitón encubierta entre las rocas.

Ken comenzó a tener serias dificultades para chupar ese mango., cada vez más largo y grueso. Al no poder tragarla entera, tiró de otros recursos concentrándose en su cipote chupándoselo como si fuera un jugoso calippo de fresa, succionándole las pelotas. El cámara se apartó para dejarles intimidad y grabar una instantánea única que se quedaría para siempre en su retina del morbo que daba, con esos dos chavalitos completamente desnudos intercambiando amor en el interior de la cueva.

Al rubio se le había antojado polla y no era para menos porque la tenía bien rica y descubrir algo así de inesperado era para aprovecharlo de principio a fin. Les dejó en esa intimidad hasta que se vino la follada, hasta que Ken dio la espalda a Rob, levantó una pierna poniendo el pie en una roca cercana frente a él y Rob se cogió el rabo dirigiéndolo a la entrada de su culo.

Se la metió con cariño y sin condón, dejando que se acostumbrase a su tamaño y envergadura. La cara de Ken expresaba por sí sola que hacía mucho que no le metían una de esas. Se quedó petrificado del gusto, con la mirada perdida, intentando digerir el placer que sentía taponando el agujero de su trasero. Rob le tranquilizó dándole besitos por la espalda, por el hombro, hasta llegar a su boca. Sólo entonces comenzó a darle por culo lentamente.

El cazador no se pudo resistir, necesitaba acercarse y ver qué pasaba en el lugar más caliente de esa cueva. Al sentir la presencia de la cámara invadiendo su espacio vital, Rob se echó hacia atrás y el objetivo captó una poderosa polla larga y dura penetrando un estrecho orificio. Se dieron un respiro haciendo un pretendido sesenta y nueve comiéndose las pollas.

El sonido de las chupadas llegaba hasta la playa. El morbazo superó los límites de lo permisible. Estaban irresistibles con esas piernas varoniles y peluditas y sus culitos suaves y redondos cubiertos de arena. Rob se dejó caer sobre la arena y Ken se sentó sobre sus piernas recibiendo un mandoble de pollazos al desnudo. Qué rico culeaba Rob desde abajo, dejándose la piel, con su larga pija insertada en ese ojete deseoso de rabo, los cojones rebotándole arriba y abajo cargaditos de leche.

Habían hecho de esa cueva su nuevo hogar, su nuevo camastro. Ken pidió a ese guaperas que le diera por detrás una vez más. Se habían metido tan adentro que ya no les daba para ponerse de pie, así que se pusieron de rodillas y tirando de algo de flexibilidad consiguieron lo que se proponían. Después de follar, Rob tomó asiento en la roca de la entrada y dejó que Ken se la mamara, hasta que le vino el gustillo, entonces tomó el control de su varita y se la meneó delante de su jeta hasta que le salió magma volcánico de leche por la punta del rabo.

Leche grumosa, blanquita, en chorretes cortos, mojando la parte trasera de su rabo, dándole un buen baño de lefa en el pulgar, chorreando entre sus dedos, colgando por sus pelotas. Ken se la estrujó desplazando toda la leche hacia la punta y le comió todo el pepito de crema dándose un festín, mirando a Rob con la boca llena de leche, comiéndole todo ese enorme y descomunal pito erecto.

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