Deacon penetra a pelo el suave y redondito culazo de Dax con su gorda y varonil pollaza | Sean Cody

Uno de los sueños de Dax era ser poseído por el cuerpazo del capitán del equipo de béisbol. Le volvían loco los chicos que sabían rellenar bien una camiseta con las mangas de colores y Deacon, puro músculo, era el hombre que necesitaba para satisfacer sus más íntimas necesidades. Ser guapete y que al capitán le tiren los rabos jugó a su favor, así que acabaron los dos en la habitación dándose el lote y deseando descubrir hacia dónde les llevaría esa recién descubierta mútua atracción.

A Dax se le subieron los colores a las mejillas al meter mano por delante y por debajo de los pantalones de Deacon. Lo que estaba tocando le gustaba mucho. Deacon hizo lo mismo pero metiéndosela por detrás de los vaqueros. En apenas unos segundos ya dejaron claro lo que querían el uno del otro. Cuando Deacon se sacó la picha de la bragueta y la zarandeó sacudiéndola con la mano, ya la tenía morcillona y venosa, preparada para recibir una buena mamada.

Se sentó y Dax se arrodilló metiéndose entre sus piernas. Se le veía por detrás la hucha del culete, después el culo entero, las bolas colgando en cuanto se bajó los pantalones por las pantorillas. No había nadie detrás para observar algo tan dulce y lujurioso o quizá sí. Ajeno a las vistas que dejaba por detrás, para hacerse una buena paja, aprovechó que la polla de Deacon todavía estaba blandita para llenarse la boca de rabo y tragar hasta los huevos.

Tuvo que aprovechar porque pronto se puso durísima al contacto con sus labios y su lengua, la piel se replegó hacia atrás dejando un deslumbrante cipote digno penetrador de culos y el guaperas de Dax se puso las botas como un cerdo comiendo verga y cojones. El pollón de Deacon todavía tenía camino por recorrer. Unas lamidas después alcanzó su máximo esplendor. El cabezón creció casi el doble de su tamaño y las venas surcaban el tronco de su rabo dejando unos jugosos tropezones hechos para bocas muy hambrientas.

A veces Deacon tenía que retirar la mirada. Ese chaval era demasiado guapo como para no querer derretirse en su carita y bañársela con dulce de leche. Antes de que le subiera el azúcar, le tumbó en el sofá, le abrió de piernas de par en par, le comió la rajeta del culazo regalándole una espléndida dedicatoria a base de boca y lengua, le dio unos pollazos a la entrada del ojete y le metió todo el vergón a pelo por la entrada del culo.

Dax gimió como la puta que él quiso ser todo este tiempo, con la tranca gorda y dura del capitán del equipo dentro de su ano, con su musculoso cuerpazo sobre el suyo dándole amor, ejerciendo de macho empotrador. Estaba en la gloria, se sentía completamente realizado cada vez que sentía su polla clavarse bien adentro, haciendo desfilar su vista por la cara de ese gandul, sus pectorales de hierro, sus abdominales a plena potencia, el dibujito de su trasero suave y redondito dándole por culo.

Le tocó todo lo que quiso y se dejó querer. Sentía escalofríos cada vez que él se inclinaba más y le besaba por el cuello. Tenerlo tan cerca era vibrante. Esos ojazos azules capaces de comprometer a un hombre hasta sacarle toda la leche. Le cabalgó, al menos el ratito que Deacon no le donaba una buena mansalva de pollazos desde abajo, tuvo el placer de pajearse sobre sus abdominales, de lanzarse un órdago, un pajote y correrse encima de ese cuerpazo de ensueño.

Deacon miró hacia abajo, viendo cómo la leche salía de ese pito rabioso y le dejaba todo bien mojado. Recogió unas cuantas sobras con el dedo y se lo llevó a la boca para chuparlo. Todavía con mucha energía dentro, Deacon dio la vuelta a Dax sobre el sofá, lo puso bocabajo con el culo en pompa y le reventó el ojete clavándosela a pelo por arriba, machacándole, taladrándole a pleno rendimiento.

Sacó la polla del culo, se la cascó y justo cuando le venía la corrida plantó el rabo dejándolo cobijado en la raja del culo y le lanzó unos acojonantes disparos leferos que le dejaron la espalda sudando semen. Todavía temblando y pegando las últimas batidas, le metió la polla dentro del culo y sintió la magia de la preñada, tu polla echando leche, expandiéndose dentro de un agujero cerrado.

Se dejó caer sobre el cuerpo de Dax, completamente exhausto. Lo primero que hizo Dax al levantarse fue coger con la mano el pollón que tanto gusto le había dado, tan grueso y varonil. No pudo apartar la vista de ahí, pues en la travesía, Deacon se había dejado un lefazo en los pelos de la base de la polla que le quedaba de lujo, para sacar la lengua y alimentarse. No pudo resistir tanto morbo, Dax se agachó, se metió la polla dentro de la boca y tiró hasta el fondo, hasta restregar las narices por ese cuajo de leche que lo estaba esperando. Se la llevó puesta y la esnifó con gusto.

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