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Viktor Rom penetra a fondo a Engelberth sin condón en la habitación de hotel, se corre en su boca y comparten besos con leche

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La puerta negra de la habitación 316 del hotel Junior Site de Miami se cerrró tras ellos. Ajenos al resto del mundo, dos tios estaban a punto de follar allí como animales dando rienda suelta a toda la pasión contenida que llevaban conteniéndose desde hacía varios minutos, desde que se conocieron en el parqueViktor Rom comenzó a desnudarse de pie, con toda su soberana polla tiesa, grande y gorda. El jovencito Engelberth, que no dejaba de mirársela, también se desnudo y se dejó caer hacia atrás en la cama abriéndose de piernas.

Estaba deseando que le penetrara un buen pollón, que es lo que andaba buscando de cruising hacía rato y no encontraba, pero antes de eso Viktor le alzó el trasero y le devoró el culazo, un culazo joven, suavecito y bien caliente. Menudo recipiente para meter la polla, con una raja profunda que se encargaba de contener todos los escupitajos que Viktor le lanzaba.

Tras hacerle unos dedos, le dio la vuelta y se lo folló a traición por detrás, hundiendo su grandísima y gorda polla a pelo por ese culazo tragón. Le costó penetrarle al principio porque el muy cabrón tenía el ojete super apretadito, pero una vez se hubo abierto camino, allí se quedó, culeando tan ricamente, propinándole caderazos cortitos, con el rabo completamente dentro de su ojete, llenándole por dentro y enseñándole a ser un verdadero hombrecito.

Viktor le protegió como un buen daddy, follándoselo de lado sobre la cama, para que nadie más que él le hiciera daño y le diera tanto placer a la vez. Tenía algo el chaval que le ponía cachondísimo. Normalmente en otra situación se habría comportado salvajemente, metiendo y sacando la polla por completo, pero con Engel era distinto, tuvo la necesidad de meter la polla dentro del agujero y se resistía a sacarla más de un par de centímetros de lo a gustito que estaba ahí dentro.

Esa cara de mamón y de guarrete vicioso que tenía el chavalín, lo bien que se le daba chupar pollas. Se fijó en su musclito derecho, el que tenía agarrado con una mano para asegurarse de que estaba bien abierto de piernas para él, los calcetos que se había olvidado de quitarse. Era todo tan guarro y tan cerdo, tan morboso, como si de repente hubiera podido colarse en la habitación de un universitario, llena de ropa tirada por los muebles y el suelo y crujirle el trasero allí mismo.

Aprovechando su bestial y fornido torso, agarró al muchachote, lo tumbó en volandas sobre su cuerpo y le fusiló a pollazos culeándolo desde abajo. Al rato Engel se incorporó hacia adelante y Viktor tuvo que echar la cabeza hacia atrás, porque si miraba hacia adelante, ese culito rico con las nalgas rebotando en sus caderas como flanes, se le iba a salir la leche de las pelotas.

Las almohadas ya estaban a punto de caer al suelo y las sábanas tenían signos de castigo por todas partes, revueltas y arrugadas con tanta pasión descontrolada. Engel se tumbó bocabajo, abriendo ligeramente las piernas y Viktor se lo folló poniéndose encima, metiendole la polla hasta el fondo, haciendo el avioncito sobre el chaval sin sacar el rabo con la intención de follárselo de lado y del revés para que sintiera su miembro por todos los oscuros, profundos e inexplorados recovecos de su precioso agujero.

Giró sobre él un par de veces hasta volver a la posición inicial. Entonces le abrazó por detrás y le amó con ganas, gritándole guarradas al oído. Cuando salió de su culo lo hizo para correrse. Se puso de pie al borde de la cama. Con una mano agarró la cabeza del chaval para mantenerla a tiro y con la otra se masturbó la polla a toda hostia. Pero se lo pensó mejor cuando Engel volvió a chupársela y le comió los huevos. Pensó que posiblemente jamás volvería a verle y qe había que disfrutar de él un poco más.

Le metió otra follada de despedida y acudió de nuevo con la polla a su cara. Esta vez no había vuelta atrás. Al ver esa cara de cerdaco esperando su leche, con la boca abierta a tope y la lengua por fuera, un gusto indescriptible le recorrió la espalda y empezó a desperdigar lefa por todas partes, soltando un primer chorrazo que le mojó el cuello y cayóm sobre las sábanas, seguido de lechecita caliente que fue cayendo dentro de su boca.

Engel esperó a que hubiera acabado para saborear su semen, para pasar la lengua por la raja de su cipote mojado, para agarrar la polla y meterla corrida dentro de su boca, gordísima y con mucha leche. Le dejó la barra bien limpia pero la mantuvo dentro para hacerse una paja. Viktor le folló la boca y empezó a escuchar y sentir en su verga sus gemidos apagados cuando el tio se corrió encima con unos buenos perdigonazos. Se inclinó y miró la calidad de la leche. Tenía buena pinta, así que le rebañó la polla estrujándosela entre los labios y con la lefa en la boca acudió a besar al chaval, bolitas de nieve, para compartir como un buen par de cerdos el amor que se habían sacado de los cojones.

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