Elian se deja follar a pelo por su fornido colega e intercambian lefotes escupiéndoselos dentro de la boca | Corbin Fisher

Elian's Fuck Buddy

Ser guapo, tener buen cuerpo y una buena polla, hacía que cada vez que Elian quería enrollarse con un chico, terminase adoptando el rol de empotrador. Tampoco era chico de abrirse de piernas y sólo lo hacía en ocasiones mu especiales y porque realmente le apetecía. Una de esas veces fue cuando su colega llegó del servicio militar para tomarse un permiso. Si tenía que abrir el culo, lo haría sólo para chicos más grandes que él, que no significaba que tuvieran que estar mejor dotados.

Elian admiraba el porte de su amigo y cuando lo tenía enfrente no le quitaba ojo. Sabía reconocer cuánto tenía a un tio atractivo y fornido delante de él. Repeinadito con pelo corto, una atractiva cara con mandíbula fuerte, camiseta ceñida que le marcaba toda esa musculatura que el muy cabrón se habría estado entrenando todos esos días de duro servicio.

Le cogió con muchas ganas y se lo comió a besos. Se bajó los pantalones y le dejó ver lo mucho que le gustaba y que estaba por él tirando hacia abajo de los calzones y sacando su minga larga, dura y gorda que salió como un resorte rebotando hacia arriba. La mano del amigo fue al pan y no se le cayeron los anillos por bajar a chuparsela. Se la comió con tanta ansia que Elian tuvo que decirle que fuera más despacio, que era suya y había tiempo por delante.

Su colega se bajó los pantalones y Elian descubrió que las tenían casi iguales, quizá la de su amigo fuera incluso más gruesa. Se quedaron de rodillas en la cama dándose muestras de afecto, colocando una manita por detrás de la nuca para atraerse mutuamente en señal de compañerismo mientras las otras manos se enzarzaban en coger y pajear la polla contraria.

Elian casi cayó en la tentación de volver a ejercer de maestro de ceremonias, sobre todo cuando vió el precioso culazo blanquito y redondo de su colega. Incluso le dio una palmadita sugiriéndole que se pusiera a cuatro patas para empezar. Pero el colega le frenó, le empujó hacia abajo con la mano  sobre le cuello y le hizo bajar a comer rabo.

Que un tio le hiciera sentir una putilla le ponía cachondo y eso le hacía merecedor de ganarse el derecho a reventarle el culo. La enorme polla creció aún más dentro de su boca y sentir el calor de las dos manos detrás de su cogote, le hicieron mamar con más ganas. Se dio media vuelta, puso el culo en pompa y notó la tensión con que una mano le apretaba una de sus nalgas antes de sentir una grandísima y gorda polla penetrando entre las paredes de su ano sin condón.

Todo le flojeaba. Le fallaban las fuerzas en los brazos y las piernas, convertido en un puto trapo lleno de gusto, meneándose al antojo de ese chulazo que le empotraba por detrás. Apenas le quedaron fuerzas para mirar hacia atrás y ver cómo le culeaba, entendiendo el gusto que le debería dar a los chicos a los que él daba igual sin compasión.

Pensó en su colega en el servicio militar. Mirándole el atractivo y cuerpazo que tenía, de seguro tendría que ser el rey de las duchas y el amante perfecto de las noches en vela en el cuartel. Se derritió de gusto al pensar en la cantidad de culos que habrían pasado por sus manos y por su polla cargada de placer. Verle sudar, al límite, era la mejor de las recompensas.

Se sentó en la cama y Elian hizo lo propio sobre sus piernas, tragándose la polla por el culo, desnudita, meneando el trasero arriba y abajo, cascándosela, echándole un brazo por detrás de los hombros para verle la cara, la frente cubierta en sudor, repeinado pero ahora menos, dejándose la polla libre para que él viera cómo le rebotaba la minga de un lado a otro al ritmo de la follada.

Sabía que le gustaba follarse a chavalotes guapos, musculosos y pollones como él y en el servicio militar tendría que haber muchos. Quiso que se sintiera como en casa, como cuando se pillaba a un tio por banda ventilándoselo en los baños o ese culo preparado para él cuando en mitad de la noche iba a echar una meada bajando de su litera.

Elian se hizo una paja con él dentro todavía. Le salió un montón de leche acumulada, toda a presión dispersándose y regando sus abdominales de hierro. Su amigo especial se la sacó del culo y se la empezó a menear delante y encima de él. Lanzó montones de escupitajos de leche por segundo, disparos que volaban a todas partes de lo fuerte que se la estaba pajeando. En apenas cinco sengundos Elian tenía el cuerpo mojado de arriba a abajo. Cuello, pectorales, polla, muslos, todo lleno de esperma. Su colega se la seguía menando y con el puño le rozaba el pene y las pelotas.

Ni de coña esperaba lo que iba a suceder a continuación, cuando el cabrón se agachó y empezó a recoger con la lengua todo el semen de los dos para después llevarlo a la boca de Elian, escupirle, dejarle los morritos llenos de leche y darse un buen morreo con la nieve encima. A cabrón nadie ganaba a Elian, que con fuerza tumbó a su amigo sobre la cama, con una mano le cogió por la mandíbula obligándole a abrir la boca y desde arriba le lanzó todo el colgajo de esperma caliente, espesito y jugoso.

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