Ethan se folla sin condón el culazo de Mitch y se lo preña en el último momento | Corbin Fisher

Worshipping Ethan

Cada vez que Mitch salía del gym lo hacía orgulloso, más seguro de sí mismo, sintiendo cómo las hormonas recorrían todo su cuerpo y le envalentonaban convirtiéndolo en el rey del mundo. En pleno invierno lo que más le jodía era no poder lucir el cuerpazo que se le estaba quedando y esperar hasta el verano o como muy pronto la primavera, le parecía demasiado, así que solía quedar con compañeros de fatiga como Ethan que también tenían ganas de lucir palmito para llevarlos a su casa y poder medir fuerzas.

Allí a solas en su habitación hacían cosas de hombres, cosas que no podían permitirse ante la mirada del espejo del gym. Se juntaron bien pegaditos y se dejaron contagiar por el deseo que les desataba el hecho de estar rozándose las protuberancias de unos marcados abdominales, sus pectorales duros con los pezones tiesos. Muchos decían que no se fijaban en otros tios, pero eso era mentira. Comparar y medirse con otros estaba en el adn del ser humano.

Se enseñaron algo más que no se trabajaba precisamente en el gym, pero al acercarse tanto notaron que los dos estaban emocionados por ahí abajo, así que se sacaron los rabos y empezaron a tocarse. Esos cuerpos estaban para algo más que para lucirlos. Empujó a Ethan contra el respaldo de la cama y bajo su atenta mirada de incredulidad le comió al rubio toda la polla.

Se notaba que no estaba acostumbrado a que otro hombre le chupara el rabo, de ahí su sorpresa, pero un ratito después se acostumbró y le gustó tanto que empezó a culear desde abajo follándole la boca y hasta le agarró la cabeza para que se metiera la pija hasta el fondo y le diera bien de saliva. Tampoco estaba acostumbrado a comerle el culo a un tio. Se le hacía raro eso de estar lamiendo la raja y tener las bolas de un macho calentitas presionando y golpeando su nariz y su frente.

Empezó lamiendo los alrededores del ojete de Mitch sin dejar de mirarle a los ojos, luego le perdió de vista porque comerse ese agujero requería pasión y habilidad, así que hundió los morros entre la raja de su enorme culazo y le penetró con la lengua. Se puso de rodillas, inclinó la polla hacia el agujero y se la metió sin condón. Ver a Mitch todo buenorro, con ese cuerpazo y esa cara suplicante con el ceño fruncido en señal de súplica, abierto de piernas, le puso cachondón y burro.

El rubiales se desmelenó dándolo todo, estocadas certeras metiéndola hasta el fondo, haciendo flexiones sobre Mitch, follándoselo mientras se miraban frente a frente. Joder, si hasta follando no podían olvidarse de las rutinas de ejercicios. Tios como ellos se pasaban todo el puto día trabajando el body, dentro y fuera del gym. Se pusieron de pie y Ethan le dio por detrás. Mitch se apoyó con un pie sobre la cama y se pajeó el rabo hasta mojar el piso con toda su leche. Qué gusto daba mirarle esa cacho polla gorda, la forma en la que se la estrujaba con el puño cerrado para sacarse la última gota.

Ethan le sacó la polla del culo y se la peló cerca de su trasero. Cuando le vino el gustillo de la corrida, la dirigió hacia la raja del pandero y le metió una buena ducha caliente de mecos que se le quedaron colgando de las nalgas. Con el trabuco tieso y todavóia descargando, buscó la entrada del agujero y se la metió hasta el fondo. Ahí dentro terminó de pegar los últimos espasmos involuntarios del corridón.

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