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Jarret Moon se despelota mostrando su atlético cuerpazo y su larga polla con los huevos colgando | Blacks on Boys

Se ha levantado muy cachondo y se ha puesto a hacer flexiones para calmar un poco esa ebullición sexual que siente dentro del cuerpo, pero Jarret Moon ha dado la misión por perdida al mirarse al espejo y ver lo buenorro que estaba. Levanta los brazos y marca biceps y hombros, se pone las manos detrás de la cabeza y flipa con esas sobaqueras peluditas que harían las delicias de cualquier cerdo mamón.

Se levanta la camiseta y la muerde para poder fijarse bien en su torso. Abre los ojos como platos al ver los resultados de tanto esfuerzo. Si pudiera, se follaría a sí mismo. Unos oblícuos perfectos y marcados que se internan más allá de los pantalones cortos de deporte, esos pelitos de machote que oscurecen los alrededores de su ombligo y sus pectorales. Abdominales marcaditos.

Una silueta perfecta por delante y por detrás. Se da la vuelta, se baja los pantaloncitos y mira hacia atrás para verse la hucha. Silba al ver el pedazo culo que tiene. Se agarra a dos manos las nalgas, las sostiene y se las separa. No quiere fardar, pero qué tio no querría follarse un trasero tan redondito como el suyo. Vuleve a ponerse mirando frente al espejo. Se saca el rabo y los huevos.

Está tan cachondo mirándose que sin darse cuenta se le ha puesto durísima. No suele mirarse desnudo y empalmado en el espejo y apenas se mira el rabo para masturbarse, follar, cuando se la chupan y al mear. Muchos tios han alabado el tamaño de su rabo mientras se lo mamaban. Ahora entiende por qué. Se alza la polla y la inclina hacia la cadera. Vuelve a silbar. Larguísima, del grosor perfecto, venosa y con un más que impresionante cipote descapullado.

La deja caer por su propio peso y con ella los cojones. Vaya par de pelotas de lujo, colgantes y bien marcadas. Ahora también entiende por qué los tios no paran de tocarle los huevos. Se desnuda por completo y se pone a cuatro patas dando la espalda al espejo, separa un poco las piernas y mira hacia atrás. Observa con vicio la rajita de su culazo y la lujuriosa forma en que sus bolas y su pene caen entre medias.

Se tumba de lado apoyado en el codo y repara en los bien que le quedan esas zapas azules que todavía no se ha quitado, en sus piernas fuertes, varoniles, peluditas con unos buenos muslazos. Vuelve a fijarse en su polla y sus pelotas que descansan acomodaditas encima de uno de ellos. Piensa en ducharse, vestirse y salir a buscar rabos que le den lo que se merece.

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