El porteño Mati se folla a pelo a un chaval en los retretes del bar y le pringa los morros de lefa | Latin Leche

El porteño Mati se ha hecho tan popular que es casi una atracción turística en Buenos Aires. Ya muchos no se conforman con mirar su guapísima y masculina carita ni el espectacular cuerpazo que luce con cualquier cosa que se ponga, sobre todo con esas camisetas de manga corta ajustadas. Una parejita de amigos ha localizado el bar donde trabaja y, con la excusa de cargar el móvil, uno de ellos se ha metido detrás de la barra.

El cabronazo está agazapado desconcentrando al porteño, metiéndole la mano por la bragueta de los vaqueros mientras él se intenta concentrar en lo que le piden los clientes al otro lado de la barra. Con una mano caliente masajeando sus partes nobles, es imposible concentrarse. Mati le retira la mano y mira que le cuesta, porque el chaval tiene pinta de mamar buenas pijas y va con muchas ganas, así que acuerdan verse en los baños.

Entran casi a la par. A esas horas no hay muchos clientes, pero por si acaso entran con prudencia, dirigiéndose hacia los meaderos y sacándose los rabos, esperando para ver si algún tio anda por ahí metido en los retretes todavía. Nadie a la vista. En cuanto el chaval ve la pija de Mati le echa una mano encima. Larga, todavía blandita. De frente a los meaderos, cruzan los brazos y se masturban mutuamente, deshaciéndose en elogios hacia del tamaño de sus rabos y sus pelotas.

Los vaqueros por debajo de las nalgas dejando ver sus culetes. No necesitan muchas palabras. Miradas que van de sus ojos a sus pollas que van creciendo a ritmo pausado. Se comen la boca. Mati se pone frente al chaval, se quita la camiseta dejando a la vista su musculado y definido torso y el chaval se arrodilla para empezar a chupar.

El pollón de Mati ha crecido el doble y menuda caidita tiene cuando está morcillón. Un pene precioso con el capuchón bien puesto. El chaval pasa una manita por detrás de sus pelotas que se la llenan entera y se la come. La polla coge forma entre sus labios aumentando considerablemente en volúmen y dureza. Mira hacia arriba y le entran más ganas de comer todavía al ver la cara y el cuerpazo del porteño.

Por suerte para él, Mati tiene los condones la lado de la caja registradora. No van a ir de esa guisa, con los pantalones por los tobillos y los rabos tiesos, otra vez para adentro. Pone al chaval mirando hacia las baldosas de los baños y le mete la trompa a pelo. Una barra gorda y larga se introduce por su agujero y le hace gemir y gritar de gusto.

El chaval apoya la cara contra la pared. Mati se lo está follando de puta madre, de hecho en ese momento cree que nadie se lo ha follado mejor en la vida y el hecho de estar los dos haciéndolo a escondidas en el baño siendo dos auténticos desconocidos de cruising le da un plus de morbo.

La mejor parte está por llegar. El chaval vuelve a agacharse y se pone de rodillas. Pone la cabeza mirando hacia arriba, abre la boca y saca la lengua. Mati le coge por los pelos con una mano mientras con la otra se pajea delante de su cara. Observa cómo el pito se pone más rojo de lo normal, el cipote se hincha y la leche blanca empieza a salir pringándole la lengua y los morros.

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