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El currela se folla a pelo el culazo de futbolista del chulazo porteño Mati | Latin Leche

Seguro que más de una vez has jugado al juego de las palabras encadenadas. Yo te digo una palabra y tú debes decir otra que comience por la última sílaba de la que yo te dije. El cazador debería haber estado pensando en este juego cuando imaginó uno parecido para juntar a los tiarrones activos que han ido follándose panderos de desconocidos durante el último año y dejando caritas llenas de leche. Si el chulazo porteño Mati se folló a uno de esos tios, ahora toca que a él se lo folle alguien. Así es el juego.

Después del tremendo exitazo que tuvo el chaval, el currela follador de culos ha hecho una escapada aprovechando que le pilla cerca la casa en la que se van dando cita, para ver si está tan bueno como dicen. Se lo encuentra jugando a la pelota en el jardín semidesnudo de cintura para arriba y pantaloncitos cortos. Balón arriba, balón abajo, se le marca cada músculo, abdominales de hierro, ni un ápice de grasa. Sin querer, el currela se está poniendo cachondo viendo pelotear al chico y se lleva las manos al pan.

Brazos, pectorales, torso, todo bien rico. Encima cuenta con la ventaja de que ya sabe que lo otro que guarda debajo de las bermudas está igual de bien. Se muerde los labios y se la sigue poniendo morcillona. Se imagina todas las cosas que podría hacer con él. Le encantaría tener un cuerpo como el suyo, que no es que el suyo esté mal, pero los bocatas del descanso y las cervecitas tras el curro no le dejan tiempo para más. De lo que sçi está seguro es de que puede ofrecerle una buena polla.

Basta de tocarse. Se levanta y le roba el balón. Si lo quiere, tendrá que quitárselo. Tontea un poco, le hace rabiar y en cuanto tiene ocasión se planta detrás de él, le acerca el paquetón al culo para que lo note bien y le mete una mano por delante de las bermudas tocándole la polla. Vaya que sí, que la tiene tan grande como la recordaba. Con la otra le acaricia la tableta y los pezones. Mati se deja querer.

Parecen el ying y el yang cuando se las sacan de los pantalones. La de Mati reposa hacia abajo como un plátano sin despellejar. La del currela es la viva imagen de lo que debería aparecer en el diccionario bajo la acepción de polla, un rabo duro, gordo y grande con inclinación que poco le falta para el ángulo recto, descapullado y con un cabezón capaz de rellenar una boca él solito.

Sí, un poco cascada por las inclemencias del tiempo y por tanto uso, pero eso hace que su pija tenga más valor. Se le pone tan tiesa que el roce del pollón con los abdominales de Mati se la pone más dura todavía. Mati agacha la cabeza y no deja de mirarla, no deja de sobarla. Piensa en algo o simplemente la observa. Yo creo que está pensando si ofrecer su culo para que se lo desvirgue ese macho.

Se da la vuelta. Ahora el contacto de la polla y su culo es real, sin tela de por medio. El currela le mete la polla por la hendidura entre sus piernas y con el rabo le acaricia las partes bajas de la entrepierna, pelotas incluídas. Qué rico, la hostia puta.

Cada vez más dura y más tiesa, planta una mano al chaval en la mata de pelos y le obliga a bajar para chupársela. Mati empieza por retirar el rabo hacia arriba y lamerle las bolas peludas. El currela no tarda en viajar hasta el culete del chico y hundir los morros en la raja profunda. Huele a virgen, apretadito, suave y con algunos pelos. Le encasqueta el rabo a pelo y se lo folla, encantado de ser el primer macho que penetra ese cuerpecito tan lindo.

Qué nalguitas tan blancas, culito de futbolista, dos buenas bolas entre las que enchufar el rabo. Mientras se la mete, mira el culazo follado desde varios ángulos, los que le permite la situación sin tener que sacársela. Se encuentra tan a gusto que cuando quiere darse cuenta el gustillo le invade el cuerpo y ya ni de coña va llegar a la cara del chaval. Saca el enorme rabaco del agujero y se la pajea ahí encima, sobre su raja, dejándole un buen sorbete de leche.

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