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Edji Da Silva, Arad Winwin y Rico Marlon comparten el culazo de Allen King follándoselo sin condón, metiéndole doble polla y regándole la jeta con lefa | Lucas Entertainment

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Ya no se prodigaban por el gym. Desde que Arad Winwin se había hecho el suyo propio en el apartamento, él y sus dos colegas Edji Da Silva y Rico Marlon gozaban de los beneficios vip de no tener que esperar su turno en la máquina de pesas entre un montón de maromos, amén del sudor que dejaban sobre los bancos. Aparte de la consabida trempera que a menudo afectaba a los tiarrones fuertes que intentaban levantar un gran peso. Ahora, entre chicos, tener la polla tiesa sin tias que soltasen un gritito de alarma al verlas, era menos embarazoso.

Arad era un buenísimo entrenador. El tio tenía el cuerpazo perfecto, musculadito, con unos abdominales de hierro, biceps fuertes y unos pectorales que eran la envidia de sus compañeros. Con su sabiduría se encargó de llevar por el buen camino el irresistible torso peludo y morenito de Edji, mientras que el de Rico, por su juventud, aunque estaba bien bueno, todavía era un molde para perfeccionar a su antojo.

Tanto Arad como Rico estaban empalmados por el esfuerzo. Edji no, pero no tardaría en hacerse un tocamiento sin que los otros dos le vieran, cruzando los brazos por delante. Entre ejercicio y ejercicio, él aprovechaba para fijar su vista en los paquetes, el de Arad empinado hacia arriba levantando el cordaje de las bermudas, el de Rico con un buen mazo marcado hacia la izquierda, como se estaba poniendo el suyo, solo que mucho más vistoso y prominente, algo que no pasaba desapercibido a la mirada de Arad.

Mientras tanto, Rico ya estaba boca abajo sobre la camilla, disfrutando de los masajes del chavalito al que habían contratado para aliviar tensiones. Qué no le estaría haciendo Allen King para que los gemidos de Rico llegasen a oídos de los otros dos, que enseguida se acercaron para saber el motivo de tanta alegría. Si había algo que les gustaba más que pasarse horas en el gym, era meter una buena follada antes de ducharse.

Era todo un conjunto de factores que les ponían cachondos. El sudor por el esfuerzo, el grado de olor a macho que desprendía ya la habitación, unas pollas bien duras que necesitaban rebejar a base de frotamientos. Sí, vale que tenían las manitas para cascársela mientras se pegaban una ducha, pero mucho mejor el ojete de un chavalito cariñoso y juguetón que se dejase querer.

Edji y Arad se acercaron restregando las cebolletas por el trasero de Allen. Una manita furtiva por aquí tocando el culete, una mirada de reojo por allá hacia la tienda de campaña que se levantaba bajo las bermudas de Edji y Allen se rindió ante los dos machos que lo cortejaban a ambos lados, dejándose camelar por ambos y siendo el pionero en quitarse los pantalones para dejar al aire esas enormes pichas deseosas de caricias.

Allen alargó los brazos y los puso por encima de los hombros de esos dos hombretones. Le encantaba sentirse tan seguro y arropado, con esos cuerpazos que estaban de muerte. Rico estaba en la posición perfecta para ser la putita mamadora. Primero engulló la pija de Allen y después la de Arad. A la de Edji no llegó, porque Allen se apresuró a ponerse en cuclillas y adorar esa enorme polla que se había rozando antes contra su culo.

No fue la única que entró por su boca. Las mamaba tan bien que pronto tuvo a los tres a su merced dándole rabo. Allen estaba en su salsa, como en uno de sus sueños húmedos, rodeados de pollas de varones de gym, metiéndose en la boca sus palos duros, pasando la cabeza entre sus piernas, comiéndoles los huevos, mientras los otros rabos se paseaban por su cuello o se posaban sobre su frente reclamando atención urgente. Él, como buen fisioterapeuta, no iba a dejar una sola sin su masaje.

Parecía un perrete gozándose tres huesazos y el espejo que tenía enfrente, si le daba un poco a la imaginación, le hacía sentir como la putita del gym entre cabrones, porque duplicaba las sensaciones y donde había cuatro parecía haber ocho. Cómo se envalentonaban cuando les tocaba el turno de mamada. Se ponían en plan machote arqueando la espalda, echando hacia atrás el culete y le follaban la boca como si fuera el culo, esforzándose a tope, gimiendo y poniendo sus musculitos en tensión.

Zorrearon de lo lindo, dándole de comer polla, intentando indagar de qué palo iba cada uno, a quién le gustaba recibir y a quién dar. Menos Allen, el resto se conocían lo justito y no precisamente en estos menesteres, así que todo era nuevo en ese aspecto. La atracción hizo el resto y, aunque todos querían follar con todos de alguna forma, Arad terminó enchufando la verga dentro del culazo del jovenzuelo Rico sin condón, mientras que Edji hizo lo propio con el culazo tragón de Allen.

Los dos chavalitos más jóvenes de rodillas sobre la camilla de masajes, evitando entre ellos esas primeras miradas, con sus caras desencajadas, intentando acostumbrarse a ese elemento extraño pero agradable penetrando sus cuerpos. Dos machotes dándoles por el culo a cada lado como cabrones.

Las miraditas que Allen le echaba a Edji eran de puto vicio. Pareciera que lo hubiera deseado toda la vida. Allen se tumbó sobre la camilla, se abrió de piernas ante él y dejó que ese tiarrón tan atractivo lo fusilara a pollazos. Edji volvía a sudar, pero esta vez por el esfuerzo de meter su tranca en carne viva, notando cómo su enorme miembro se adaptaba a la perfección entre las paredes de ese culazo. Se abalanzó sobre Allen, le miró fijamente cara a cara y le hizo el amor.

Fue un momento de mágica conexión entre ambos, antes de darse cuenta de que esos chavales iban a compartir su culete. Todavía con la imagen en la retina de la cara de Edji mirándole fijamente, Allen pivotó sobre la cama en manos de otro hombre que lo agarraba con fuerza y le metía la polla por el agujero. Rico agarró por detrás del cuello a Allen y le levantó la cabeza, para que mirara bien el cuerpazo de ese dios griego que se lo estaba follando. Sin duda Arad podía tener a cualquier santo varón a su disposición, con ese aspecto tan varonil, musculado y esa cara de guaperas que entraban ganas de que te diera por el culo noche y día.

Ahora era ese dios griego quien miraba a su amado Edji, cara a cara, porque Edji había ofrecido su culo al jovenzuelo. Allen alzó la vista. Le sorprendió ver cómo cambiaba el rictus de su semblante. Cuando se lo estaba follando, era pura energía y concentración, ahora que le estaban metiendo por el culo un buen mandoble, tenía el rostro relajado y la mirada perdida. Arad le miraba y sonreía, quizá porque no imaginó que un tio así de varonil fuera jamás a poner el culo a otro hombre.

No quería desprenderse de Rico, que el chaval estaba bien bueno, pero Allen quería ser el salami dentro del bocadillo de esos dos maromos, por eso dejó a Rico de pie para comerle la verga mientras los otros dos se la metían por el culo a la vez, deslizando sus enormes y duras pollas dentro de su delicioso agujero.

Edji estaba debajo, le agarraba las nalgas con fuerza. Arad imprimía el ritmo culeando, agarrándose con fuerza a las muñecas de Edji, formando entre los dos un equipazo para petarle el ojal. Allí no iba a suceder lo que él quisiera, sino lo que ellos quisieran. Al final rotaron por turnos para meterle doble polla por el agujero. Arad cedió su sitio a Rico, después Rico y Edji cambiaron posiciones y acabaron de nuevo sobre la camilla, con Allen follado por Arad mientras tenía que ver cómo Rico se follaba a Edji.

Perdió el control. Llegó un momento en que no sabía quién hostias se lo estaba follando. Fueros un par o tres  dedos cálidos de la mano de Edji quienes hicieron que se corriera encima. Allen se agarró la polla y se dejó la leche encima del muslo. Rico, que estaba a su espalda y a juzgar por su posición, parecía ser el último en petarle el culo, se puso de rodillas y caminó hasta ponerle la polla sobre la cara. Tras una pajilla, el muy cabrón soltó un chorrazo mojándole el hombro, dejando que el resto de lefotes cayeran de la punta de su polla lechosos, blancos y espesos hacia su barbilla.

Allen recogió con un dedo todo lo que no había caído dentro de su boca y lo degustó. Le impresionaron las dimensiones del rabo de Rico corriéndose, con un cipotón inmenso por el que todavía rezumaban intensos goterones de semen. Al ver que no paraban de caer, Allen acercó la punta de la polla a su boca y se los comió todos.

Los dos recién corridos, se arrodillaron en el suelo, como perras, con las lenguas por fuera. Arad y Edji se apresuraron y acudieron a cada lado pajeándose los rabos. Edji fue el primero en aventarse los cojones, con un chorrazo largo y caldoso que voló por el aire y cayó con todo su peso sobre la cara de esos dos viciosos. Allen todavía estaba apurando la miel que se deslizaba entre los dedos de Edji, cuando Arad soltó sus brotes de lefa blanquita sobre la cara de Rico.

Perfumados en semen de macho, con los goterones de lefa resbalando por sus caras y sus cuerpos, Allen y Rico se besaron compartiendo la leche de sus bocas, relamiéndose. Ese acto de generosidad hizo que Arad y Edji se pusieran cachondos. Se acercaron a las caras de los chicos juntando bien las caderas y dejaron las pollas entre sus bocas para que se dieran unos buenos besitos mojando de los tinteros.

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