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Charles Dera se deja seducir por su chavala y termina dejándole una buena preñada en el coñito | My Family Pies

Cuando la niña de sus ojos empezaba a crecer, la convivencia con ella cada vez se hacía más difícil para Charles Dera y no precisamente porque tuviera sus rabietas típicas de adolescente o porque llegara tarde y bebida de una fiesta a altas horas de la madrugada, sino porque él ya estaba rozando los cuarenta y se avergonzaba a sí mismo cuando la chavala se levantaba con su pijama corto, marcando culito y peras y a él se le ponía el pito duro al mirarla.

Intentaba evitar esos pensamientos pecaminosos apartando la vista, aconsejándole que se pusiera otra ropa, pero ahí estaba la trempera ya montada, que tenía que bajarse a pajotazos en el cuarto de baño o en la cama cuando ella no estaba. Khloe no es que midiera tampoco sus acciones. Ella sabía perfectamente lo que ponía cachondo a su padre y lo utilizaba como arma. Estaba segura de que antes o después caería.

Le traían sin cuidado esos imberbes pajilleros, los guaperas con moto y cualquier tio del instituto. Lo que a Khloe le iban eran los tipos maduritos y sólo tenía ojos para su padre. Jamás podría perdonar a su madre haber dejado abandonado a un tio que estaba tan bueno, con esos ojazos claros, esa cara de mister guapo y ese conjunto que le hacía mojar las braguitas cada vez que lo miraba a la cara.

Urdió su plan a conciencia porque ese día tenía el coño más caliente que ningún otro. Hizo con que se tomaba una ducha sin tener la toalla a mano. Llamó a su padre para que se la trajera y cuando él abrió la puerta, ahí estaba ella despampanante, con sus tetitas turgentes al aire, sonriendo mojada y desnuda, con el chochete medio depilado, a la moda, con un flequillo justo en medio. Charles se sorprendió al verla y tardó unos segundos en darse cuenta de que lo que estaba mirando era el cuerpo desnudo de su hija. Enseguida se echó una mano a la cara para taparse la vista y salió de allí.

Khloe sabía que una vez la hubiera visto desnuda, todo sería más fácil. Las barreras se iban rompiendo poco a poco. Su padre se iba a quedar en casa a ver un partido y ella iba a salir de fiesta. Le enseñó su modelito, muy corto, como ella acostumbraba y su padre dio su opinión: “Joder hija, con esa falda tan corta, ten cuidado que hay tios muy cabrones que a la que te descuides te meten mano, o el rabo entero si lo tienen muy largo“. Ella no dejaba de sorprenderse con las animaladas que soltaba su padre por la boca, pero aquel jueguecito le ponía cachonda, así que ella respondió con algo mejor: “Pues qué te parece si antes de que ellos me metan la polla me la metes tú“.

Charles se quedó de piedra. Joder con la niña. Khloe empezó a tocarle la pierna, a desabrocharle el cinturón y la cremallera de la bragueta. Algo en el interior de la cabeza de Charles le decía que no podía hacer aquello, que no debía, pero sus brazos permanecían en lo alto del reposacabezas del sofá, sin poner impedimentos entre él y la chaval aque ya se encorvaba para sacarle y comerle la polla.

Cuando ella se la sacó de la bragueta, él la tenía toda chota. No era la primera vez que su hija lo veía desnudo, pero sí la primera vez que lo veía empalmado. Por la expresión de sorpresa en su cara, Charles adivinó que le había gustado encontrarse con esa lustrosa verga tan impresionante en tamaño. Cuando la nena agachó la cabeza y se la metió dentro de la boca, Charles no podía dejar de pensar en el momento en que creó a esa belleza de chica con esa misma herramienta y en que ahora ella quería meterse dentro de nuevo.

Ella se divertía con su rabo y sus pelotas mientras él seguía debatiéndose en un duelo a muerte en su cabeza. Un diablo y un ángel se debatían allá dentro donde fuera, pero sin duda estaba ganando el puto diablillo. Charles se hizo a la idea de que era su mujer la que se la estaba comiendo, la que se ponía a cuatro patas en el sofá con el culo en pompa, la que se sentaba sobre su durísima polla sin condón saltando como una perra, así no tendría ese sentimiento de culpa.

Quizá no debería haberse dejado llevar por su imaginación, porque al meterse tanto en el papel, se corrió dentro de su coño. Cuando sacó la polla, un par de chorretes blancos y espesos se quedaron decorando los labios mayores del chochito. Quizá debería haberle preguntado a ella directamente, porque Khloe estaba super contenta. Quién mejor que su padre para enseñarle lo que un chico malo y con las hormonas a tope puede llegar a hacerla en un momento de calentón. Su padre desnudo, buenorro, guapísimo, con el rabo colgando frente a ella, su semen entre las piernas. Era feliz.

 

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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