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Diego Reyes se deja follar con rabia por el enorme pollón de Vadim Romanov en la oficina en “A+” | Men At Play

Cerró de un portazo la puerta del despacho. Una vez más el jefe lo había sacado de sus casillas. Diego Reyes se espatarró en uno de los asientos del pasillo de la oficina, cerró los ojos, respiró profundamente e hizo partícipe de sus deseos al compañero que en ese momento se estaba tomando un café expresso recién sacado de la máquina. Nada le apetecía más justo en ese momento que recibir una deliciosa y profunda mamada.

Al escucharle, Vadim Romanov casi se atraganta. Diego no había dejado de ser el tio más deseado por todos en la empresa, con su aspecto de machote, sus ojos penetrantes y esa carita tan guapa. Que pronunciase en alto su deseo de recibir un mamadote era como llamar a filas a un regimiento de cadetes. Vadim aprovechó que todavía tenía los ojos cerrados y estaba sumido en sus esperanzas, para bajarle la cremallera de los pantalones, sacarle la verga y empezar a chuparsela.

Joder, resultó ser verdad, no iba en broma el cabrón, la tenía bien dura. Diego le puso a Vadim una mano detrás de la cabeza y empezó a follarle la boca culeando desde abajo, despegando ligeramente el culete del asiento para meterle unas certeras estocadas con la polla perforándole la garganta con su largo palo. En cuanto Vadim se puso en pie y se sacó la chorra, descubrió que él sería el más guapo, pero no el más pollón de ese lugar.

Avance “A+”

 

Lo de Vadim era descomunal, una pija recta, gordísima y enorme. Le metió la mano por la bragueta haciendo un cuenco con la mano y los dedos y le sacó el par de huevos, igual de grandes, calentitos y rellenos de esperma. Se la mamó a tiro limpio conmla intención de sacarle la leche, pero se lo pensó dos veces. Se dio la vuelta, se bajó los pantalones hasta las rodillas, arqueó la espalda y le puso el culo a su disposición.

Por un momento Vadim se quedó noqueado. Menudas nalgas y una raja profunda en la que perderse. Enseguida recobró el aliento. Miró el culo, miró el tamaño de su polla y le arremetió con fuerza por detrás. Diego se volvió loco con ese pollón dentro. Empezó a menearse hacia adelante y hacia atrás como un poseso. A pesar de los casi veinticinco centímetros de rabo que se estaba tragando, parecía querer más y más.

Vadim supo estar a la altura. Lo llevó al sofá de la salita de reuniones, le puso boca abajo con una pierna ligeramente doblada para que el culo abriese bien y le metió el martillo neumático desde arriba, disfrutando de lo lindo de ese gran culazo, de su cara de machito guaperas que miraba hacia atrás, sonrojado del gustazo, gimiendo como una buena zorra. Y él que lo único que quería era relajarse con una mamada. Terminó con la camisa sudada y mojada con mecos calentitos.

 

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