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Kendro Leandro se come dos pollones heteros que le dejan cubierto de lefa | Latin Leche

Cada vez que Kendro Leandro paeaba por la ciudad y se encontraba algún callejón sin salida abandonado, su mente se llenaba con las mayores cerdadas que alguien pudiera imaginar. Se le ponía durísima pensando en llevarse a varios tios allí, comerles las pollas detrás del carro, dejarse hacer un bukkake relamiéndose después la leche de varios hombres sobre su jeta o dejándose follar por todos ellos unos a uno, mientras se quitaban y se ponían condones que dejaban tirados por el suelo.

De vez en cuando esos pensamientos le jugaban una mala pasada y se le ponía tan dura que, para que la gente no pudiera notar la empinadura de su polla bajo los pantalones, terminaba metiéndose en el callejón y granjeándose un pajote imaginando todos esos condones desperdigados por el suelo a su alrededor. Por suerte, aquellos días en que soñaba ser la putita de los hombres habían pasado a la historia. Ahora era la putita oficial del cazador de Latin Leche. Además una putita muy guapa, con  buenos labios para mamar rabos y encima una buena polla para lo que se preste.

Le ha pedido quedar en una zona apartada e ir con ropa cómoda. Zapatillas, bermudas y camiseta de manga corta. Y muy importante, sin calzoncillos, con todo al aire. A cambio le propone una experiencia a tres que no va a olvidar en su vida. Le lleva casi a ciegas a una casa y allí se encuentra a dos tios en el sofá de la misma guisa, con ropa cómoda y deportiva. Durante un momento Kendro parece no escuchar al cazador, porque anda pilladísimo mirando la pedazo trompa que se le dibuja por debajo de los pantalones al que supuestamente es el dueño de la casa. Al otro ya tiene el gusto de conocerlo.

Vuelve en sí y escucha el motivo por el que les quería a los tres en pantalón corto y sin gayumbos. La propuesta es sencilla y morbosa. Él gay, los otros dos heteros. Quiere que se sienten en el sofá, que comiencen a tocarse, besarse y masturbarse entre ellos. Kendro se sienta justo en el hueco que le han dejado en medio a propósito y empieza la fiesta.

Cada una de sus manos van al pan de cada chaval. Las agarra con fuerza y mucho vicio. Los dos tios heteros parecen sorprendidos por el tamaño de verga que se le dibuja a Kendro bajo la tela, larguísima y casi dando la vuelta a sus cojones también de un más que considerable tamaño. Cuando los tres han conseguido ponerse cachondos y con las pollas más duras que un témpano, Kendro se pone de rodillas frente al sofá y empieza a comerse esos dos enormes pollones heteros.

Se mete la pollaca del dueño de la casa hasta la garganta. El otro espera su turno pajeándose la larga tranca. Es tanta el hambre que tiene que deciden ponerse de pie y darle de comer rabo los dos a la vez. Y entonces se produce uno de esos momentos inesperados y mágicos que siempre pueden suceder cuando un hetero saca su lado más gay. El propietario se agacha y le dedica un mamadón a Kendro pero de los grandes. Al final uno de los dos no ha podido resistirse al tamaño de su polla.

Otra vez todos en el sofá, para chupar la verga del otro chaval, Kendro se tumba con su cuerpo sobre el del dueño, rebozándose y notando el calorcito y la dureza de su gran polla. Los dos cabrones las tienen tan duras que le entran unas irresistibles ganas de sentarse encima de ellas. Y lo hace. A pelo, toda gorda, la del chaval al que ya conocía se le clava toda dentro sin condón mientras él continúa chupeteando con vicio el otro pollón con sus húmedos labios.

Vuelve a estar entre los dos. Kendro se arrea un pajote lechero del quince y provoca las ganas de correrse en sus dos nuevos amiguetes de faena. El dueño de la casa es el primero en ladearse pajeándose la polla a toda hostia, dejándole a Kendro todos los lefazos encima. El otro chaval no tarda en hacer lo mismo. Un leve giro de cadera, más paja y más leche para cubrir el cuerpo de la putita.

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