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La Familia Polla: Max Ferro enseña a su hijo Josh Hunter a conducir y se lo folla a pelo en el asiento trasero del coche | Family Dick

Pocos chicos llegan vírgenes a la autoescuela, en lo que a prácticas de conducir se refiere, claro. La mayoría, quién más y quien menos, ha tenido un hermano, un padre o una madre que les han ayudado a agarrar el volante en los descampados, allá donde las pobres criaturitas no pudieran atropellar a peatones circulando por la acera.

En el pueblo las cosas se ponen más difíciles y Josh Hunter echa mano de su padre Max Ferro para que le enseña antes de acudir a la autoescuela de la ciudad. A unos 10Km/h aprende a manejarse al volante por una zona de fincas a las afueras del pueblecito hasta que llegan a un descampado en el que su padre le revela un secreto. Parece ser que cuando era más jovencito, él y sus amigos se escapaban a esa zona por las noches para chuparse las pollas y follar como perros. Todo lo que no podían hacer en casa ni en la soledad de su habitación, lo ponían en práctica sobre la arena en plena naturaleza nocturna.

No es lo que Josh esperaba oir, como mucho que se hubiese llevado a alguna chavala en el coche para beneficiársela por esa zona, pero no que su padre hubiera flirteado con otros del mismo sexo haciendo semejantes cerdadas. Lo mira con expresión de incredulidad, con su aspecto serio con esa prominente y espesa barba en su rostro. Sea como sea le ha puesto palote el muy cabrón.

Su padre lo nota, le toca la pierna y le invita a quitarse el cinturón y felicitarle por hacer tan bien esa clase de conducción retirándose los dos a la parte de atrás. Nadie puede verles, será secreto. Papá se saca la polla por la bragueta y Josh alucina. Ya había visto antes a su padre desnudo duchándose, pero no imaginaba que la polla pudiera llegar a crecerle cinco veces más. Tan dura, tan gorda, tan enorme. Max le miró a los ojos, le hizo un gesto y a Josh le faltó tiempo para perder la cabeza devorando esa mazorca gigante.

La mano de su padre le revolvía el pelo, se posaba en su nuca, señal de que lo estaba haciendo bien. Le daba vergüenza mirarle a la cara mientras se la chupaba, pero podía notar a escasos centímetros su respiración agitada, cómo le susurraba que le comiera así toda la polla. Las caricias se convirtieron en fuerza bruta. Le cogía de la cabeza y le animaba a tragar más. La tenía tan dura que le ahogaba la garganta.

Max se quitó los pantalones y por primera vez Josh vio la polla de su padre en su máximo exponente. Seguro que en unos añitos él la tendría casi igual de grande, gorda, con esa mata de pelos y esos huevos tan enormes llenos de leche. “Chupa bien hijo, porque no me he traído condones“, con estas palabras se dio cuenta de que tenía que ponerle empeño, eso y después el culo.

Como pudo dentro del reducido espacio, Josh se dio la vuelta pivotando sobre el asiento trasero con sus rodillas y notó cómo los fuertes y gordos dedacos de la mano de su padre le penetraban el ojete. Después de eso notó el raspado de sus barbas frotándole la entrada del agujero a la vez que sentía la lengua profundizar dentro de sus entrañas.

Tras los dedos y la lengua, llegó la polla. Dura como una estaca, se la clavó a pelo por detrás. Se sintió más protegido que nunca. Ahora sí necesitaba mirar hacia atrás y verle la cara. La tenía roja y con un gesto de furia y rabia dibujado en el rostro mirando hacia la zona en que la pollaza penetraba el culo. El cabrón estaba concentrado al máximo.

Aquel sería por siempre su lugar secreto para forjar la amistad profunda entre padre e hijo. Sentía el cosquilleo de los pelos de esas grandes pelotas en su culo cuando se la metía hasta el fondo. Con fuerza le dio la vuelta y lo dejó tumbado en el asiento trasero mientras seguía machacándole el culo. Tenía a su padre justo enfrente, sobre él, dándole por el culo. Sentía su rabia y su deseo. Todavía llevaba la camisa puesta y desabrochada.

Se fijó en el gesto de su cara, en la tensión de los músculos de su torso cuando profirió un gemido delator. Era un gemido de animal. Ni siquiera le sacó la polla del culo antes de correrse. Le dejó preñado por dentro. Josh notó cómo por la raja de su culo chorreaba el semen que caía sobre le asiento. Algunas servilletas servirían para ocultar las marcas del incesto, pero tarde o temprano buscarían una excusa para volver a ese descampado para limpiarlo todo, o para ensuciarlo aún más.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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