No es que Danny Nelson se considerase a sí mismo un maniático del orden ni nada parecido, pero le preocupaban las actitudes despreocupadas de algunos de los chicos de la fraternidad como las del guaperas Ryan Bailey, que iba echando migas por todas partes de aquello que comía y desordenaba absolutamente todas las cosas.
Ese finde de fiesta casi todos se habían ido a casa y a Danny le apeteció pasar la tarde haciendo los crucigramas del periódico. Con la «m«, que mama más tiempo o más cantidad de la necesaria. La respuesta la tenía justo al lado, cuando Ryan llegó comiéndose unos doritos, dejando caer los restos desde su boca hasta el periódico tiñiéndolo de naranja. Mamón.
No le dijo nada, pero se quedó observando la poca importancia que le daba al orden. Al final, como no se podía concentrar con él allí, se levantó a decirle algo, pero cuando lo tuvo frente a frente le volaron mariposas por el estómago. El tio era más alto de lo que parecíay tan guapo que te robaba las palabras, con esa carita de mandíbula cuadrada y esos ojazos verdes que te hipnotizaban y penetraban en tu interior.
«Tio, qué haces perdiendo el tiempo con el periódico. Podríamos divertirnos haciendo otras cosas«, le propuso Ryan. Danny, cuyo sentido de la diversión era completamente distinto, le preguntó: «¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que quieres hacer?«. Entonces Ryan se lanzó a su cuello como un vampiro comiéndoselo a besos. Danny cerró los ojos y se dejó llevar a un mundo en el que ese guaperas estaba en la portada.
Después de camelárselo, cosa que se le daba muy bien, Ryan se sentó encima de la mesa de billar, se bajó los pantalones y mostró la herramienta que le daba fama. Un pollón enorme, largo y cilíndrico con el que se había follado a casi todos los tios del campus a los que les molaban los rabos. Danny se lo zampó a trangullones cabeceando como un condenado, con la única intención de que la mayor porción de polla entrase al interior de su boca.
Se le hizo difícil aguantar la mamada que le metió el guaperas cuando fueron a la habitación, sobre todo cuando le miraba con esos ojazos. Por suerte, Ryan supo cuándo parar, le elevó el culete, se lo humedeció con unos cuantos salivazos, depositó el cabezón de su pito gordo morcillón en el ojete y fue hundiéndolo poco a poco en su interior totalmente a pelo.
Casi se hizo interminable aquel momento, aunque Danny tampoco quería que acabara. La tenía tan larga el mamón que parecía que no fuera a acabar nunca de metérsela. Joder, pues sí que había cambiado la tarde, de estar haciendo crucigramas a estar abierto de piernas con un chulazo metiéndole el pollón a pelo. Después de meterle la polla entera, Ryan reculó un poco sacando parte del rabo y empezó a follárselo, abalanzándose encima de él y besándole como un buen amante.
Tan sensible era cuando se la metía por delante como perrete era cuando le daba por culo por detrás, como si el hecho de estar metiendo rabo a un tio por la retaguardia le diera derecho a comportarse de una forma salvaje. Danny se incorporó para besar al chico, giró la cabeza y miró su cara con el flequillo sudado. Ryan le miró fijamente, le agarró del cuello, le obligó a besar las sábanas y derritió su enorme polla dentro de su culazo.









