Futbolistas que se tocan las pelotas en el campo y mucho más

Los deportistas salen al campo de juego mentalizados y con una gran capacidad de concentración para no distraerse con los gritos del público, siempre con un objetivo claro y las instrucciones del entrenador en la cabeza después de salir de los vestuarios. La única forma de romper la defensa y que se inventó hace ya dos décadas, es tocar un rato los cojones. No hay nada que te rompa más la concentración que el que alguien te toque los huevos, literalmente. ¿Quién no recuerda a Michel metiéndole varias agarradas de huevos a un Valderrama que se quedaba perplejo con las manos en las caderas dejándose hacer, mirando hacia abajo, donde unas manos ajenas le apretaban el paquete?

Mucho se habló sobre esta acción que dio la vuelta al mundo y que durante estos años se ha convertido en todo un clásico. Que si era gay, que si le gustaba tocar rabos, aunque en realidad todo era una estrategia para desestabilizar al contrario y lo consiguió. Desde entonces no ha sido el único en palpar otras pollas, algunos se han recreado pero bien tocando de más, recibiendo a cambio una palmadita en la espalda, un besito o una risa de sorpresa, que siempre hay que agradecer que te toquen el rabo con cariño.

Otros lo han hecho para felicitar a los compañeros o para joder aún más al rival cuando estaba tumbado en el suelo tras una falta y alguno que otro ni se ha inmutado (véase al jugador tocho y buenorro de rugby que debe estar acostumbrado a que todo el mundo le toque las pelotas) o ha ofrecido su culito a cambio, sin apartarse y frotándose contra su adversario.

Además de las agarradas de bolas, lo que más se lleva en el fútbol son las palmaditas en el culete, tanto para dar ánimos como para indicar un “anda tira pallá” al rival de los que no se atreven a tocar por delante. Algunas celebraciones terminan como orgías, con besitos en el culo, morreos en toda la boca en los intercambios, tocamiento de pelotas en grupo y auténticas folladas por detrás en todo el césped con un tio encima del otro. Pero tanta alegría a veces hace que algunos jugadores sobrepasen los límites sin querer, metiendo un dedo por el culo al compañero y provocando una reacción inmediata.

Lo que más mola es ver a los jugadores cabreados. Los hay que pierden la paciencia y regalan un calvo al público mostrando ese culazo de futbolista trabajado y firme y los que se ponen en plan machito enfrentándose a otro cara a cara y midiendo la fuerza del choque de sus atributos mientras se miran frente a frente. El amor y el desamor que se derrocha en un campo de fútbol cada jornada no tiene parangón.

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