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Bo Sinn mete un folladón a pelo al jovencito Adam Awbride en el baño y se corre en su cara | BROMO

Bathroom Bang

Me gusta ver a los tios desnudos en las duchas, observar sus cuerpos en bolas, el agua cayendo por las protuberancias de sus músculos recién entrenados, por sus pollas flácidas como si estuvieran meando. Me chifla la de Bo Sinn, tan jodidamente larga, tanto que le llega hasta la mitad de la pierna, colgando como un señor pollón, de esos apetecibles para ponerse de rodillas, inclinar la cabeza y abrir bien la boca, sacando la lengua para recoger el cipote encapuchado con ella y proseguir hasta dejar que te llene de rabo.

Algunos emplean las manos para lubricar con jabón sus cuerpos desnudos, otros esponjas, otros como Bo se llevan a un esclavo, manos ajenas a las que llama desde la ducha para que empieza a enjabonarle comenzando por el culo. Adam Awbride es muy jovencito y viendo el deseo en su cara, entiendo que ante semejante tamaño de verga, haya caído rendido. Seguramente vea muchas, pero pocas tan grandes y bien formadas.

Adam es bueno, muy bueno en lo que hace. Sabe masajear pero también sabe dónde tocar para propasarse lo justo. Mientras frota las nalgas, algún dedito insurgente se cuela en mitad de la raja y explora algo que no debiera. Cuando Bo se gira, el chaval casi se lleva un hostiazo de pollón. Bo ha trempado y ahora esa picha flácida y grande se ha convertido en un auténtico trabuco empalador.

Bo coge la cabeza del chavalín con una mano por detrás, con la otra conduce el pollón hacia su boca y le pone a comer rabo. El cabrón digiere el mástil y no deja de mirarle a los ojos, le pone tan cachondo que no le queda otra que follarle la jeta forzando la máquina. Le mete dentro de la bañera y le pone mirando hacia los azulejos para petarle el culo a pelo, le tumba en el suelo y taladra sin condón su culo blanquito y lleno de espinillas propias de un adolescente.

Tras blandir la espada en su ojete, la saca y le vuelve a poner de rodillas, con la boca abierta, dejando que mire de cerca cómo se corre un buen macho, que sienta el impacto de cada uno de los lefazos en su frente, en su nariz y en su boca, la cara bañada en lechecita, los mecos calientes resbalando por encima hasta caer al suelo del baño.

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