Marcus McNeill hace gozar al guaperas de ojos azules Jeremy Angel con su largo y grueso pijote follándoselo a pelo | Cocky Boys
El pequeño secreto de Marcus McNeill no era tan secreto y tampoco era pequeño. Cuando uno follaba con un tio o se dejaba comer la polla en los baños, no sacaba un papel exigiendo firmar un acuerdo de confidencialidad que impidiera al otro hablar con los demás acerca de lo que había visto. Por eso, desde que uno se fue de la lengua, Marcus tuvo candidados a cada vuelta de la esquina, todos hablando de la majestuosidad de su largo y grueso pollón que paenas te cabía en la puta boca.
Apto para los más golosones y no recomendable para chicos con el culito más cerrado que una almeja en agua fría, Jeremy Angel estaba a punto de descubrir si lo que le habían contado era verdad. Para Marcus, enseñar su pene erecto, era su actividad preferida. Se regocijaba en la cara de asombro que ponían los tios al verle la tranca gigantona, y con Jeremy no fue diferente. Según se bajaba los calzones blancos, el chaval ya estaba con la cara pegada, preparado para sentir el azote del armoa de rabo encerrado.
Le rozó la mejilla, se la agarró y le hizo abrir la boca y sacar la lengua para alimentarle, posándole el cipote sobre ella y quedándose ciego de gusto al ver cómo Jeremy abría la boca a tope para chuparle todo el tronco. Incapaz de tragársela entera, se pasó un buen rato relamiéndola de abajo a arriba, mirando a Marcus con su cara guapa y sus ojazos azules.
Cogió de la manita al chaval, que accedió a ir a su cuarto y ponerse a cuatro en la cama. Marcus le despojó de los pantalones, se abrazó a ese culito virginal todavía con espinillas y le dedicó un buen solo de lengua y raspado de bigote. No sabía si su trompa iba a entrar por un lugar tan estrecho, pero tenía que reconocer que Jeremy era un valiente.
Se sentó y dejó que él lo hiciera. Le dio la espalda, apoyando sus pies en los muslos de Marcus y haciendo una sentadilla, dejando caer el peso de su delgado cuerpo, tragando polla por el agujero. Entraba tan ajustadita que Marcus temió que se le escapara la leche en cualquier momento. Se lo llevó a la cama y le dejó caer hacia un lado, embistiendo su culito desde abajo, casi en posición de cucharita. Luego le abrió de piernas y le cubrió el pandero, descubriendo el pedazo de agujero que le había abierto con la tranca. Le penetró sin condón estampándole todas las grandes bolas en la raja del culo hasta que se corrieron.











