Evan Jordie se deja embaucar por la bonita sonrisa de Jack Emhoff y acaba empotrándole duro y a pelo en la cama | Randy Blue
Puesto que rara vez fallaba, Jack Emhoff era de los que confiaba plenamente en su instinto. Manos grandes polla grande, pies grandes polla grande, nariz ancha… pollón. Y una vez más acertó con el tiarrón imponente de Evan Jordie, porque menudo cachopo tenía entre las piernas.
Jack solía frecuentar los campos de rugby del condado. Como un goloso en medio de una tienda de tartas y gominolas, Jack salivaba al ver correr a esos tios por el campo, con los pantalones tan ajustaditos a sus muslos y traseros. Disfrutaba especialmente en los descansos cuando alguno se quitaba la camiseta y dejaba a la vista un torso musculado e imponente, bien sudado. Se centraba especialmente en los perdedores, puesto que los que ganaban solían irse a la cama con sus chicas esa misma noche.
Los vencidos eran más fáciles. Estaban de capa caída, necesitaban deambular por las calles antes de llegar a casa, pensativos. Así fue como Jack cazó a Evan, ofreciéndole su hombro y por supuesto su culazo, un par de nalgas preciosas ante las que Evan podía ejercer su poder y descargar toda su rabia. Jack se gozó a ese tio dejando que le diera por culo sin condón. Le folló como esperaba que se lo follara, como a una nena, metiendo barra a saco, cogiéndole del cuello, susurrándole guarradas al oído.
Poco pareció importarle el hecho de estar metiéndola entre los pelazos de la raja de otro hombre y tampoco dio muestras de ser escrupuloso cuando Jack se lo cabalgó y la picha de un tio y sus huevos calientes comenzaron a rebotar en ese torso atlético y fuerte suyo. Es más, parecía que a veces dirigiera la mirada hacia esos puntos calientes y lo disfrutara.
Puede que la embaucadora sonrisa de Jack tuviera algo que ver en aquello, en la forma en la que se lo reventó en la cama al estilo misionero. En ese momento Evan parecía no tener el control sobre sí mismo, abandonado a la puta fornicación, al vicio extremo, perforando el ojete de Jack con su gran miembro a toda hostia. Jack gozó de ese momento de salvajismo, de ese hombre encima de él dedicado en cuerpo y alma a follarle, se agarró la polla y no la soltó hasta dejarse la leche encima.









