Connor Peters y Nate Anderson se pajean juntos y se comen las pollas | Bentley Race
Uno acababa de llegar de correr y el otro del gym. Nate Anderson vio la carita toda guapa de Connor Peters y lo bien que le senataba su camiseta sin mangas de azul y blanco estilo marinerito y se lo quiso comer. No sólo quiso hacerlo. Lo hizo. Al probar sus dulces morritos, la polla de Nate pegó un estirón precipitado montando una buena tienda de campaña en el frontal de sus bermudas.
Algo le hizo desear su culito. Le bajó los pantaloncitos por la parte de atrás y se lo acarició. Era redondito, suave, precioso. Metió la mano por su raja caliente, le dio la vuelta y descubrió algo todavía mucho mejor y es que Connor gastaba un pollón enorme, gordo y venoso que sobrepasaba todas las expectativas. Le pesaba tanto que le colgaba hacia abajo, con un acojonante cipotón por bandera y una vena hinchada marcando tendencia en mitad del tronco.
La de Nate describía una curva al revés, empinadísima hacia arriba, más dura imposible. No pudieron contener lo mucho que les gustaban sus trancas y, después de relamerse las bases antes de sacarlas completas de los calzones y quedarse un rato intimando y conociéndose mejor abrazándose por detrás y haciéndose unas pajas, se dedicaron a llenarse las bocas de rabo y a follar sin condones.
A Nate le habían enseñado en la vieja escuela, esa que dictamina que cuando dos tienen el mismo interés por algo, es de recibo ceder el turno al que tiene más dote. Connor iba dotadísimo. De hecho cuando Nate se la agarró con la mano por primera vez, su semblante reflejaba una sonrisa de satisfacción autoconcluyente, dando por hecho que nunca había tenkido en sus manos una así mde grande y pesada. Sentirla dentro de su culo le llenó de gozo. Aunque se moría de ganas por penetrar a Connor, dejó que en ese primer encuentro fuera él quien le hiciera el trabajo sucio.










