Cole Black se folla el culito de Vincent O’Reilly con su largo, grueso y descomunal pollón | MEN
Straight Hockey Bros
No había nada mejor que juntarse en el piso a ver el partido de Hockey entre colegas. Chocar las manos con cada tanto marcado en la portería contraria del equipo rival, miradas cómplices, sonrisas, buena comida y buena bebida. Un deporte para hombres duros que luego se derretían en cuanto veían un culito. El tanto que casi podía darles la victoria, hizo que un compi de Vincent O’Reilly le agarrara y le levantara del suelo con toda su fuerza, haciendo que el pantaloncito se le bajara y enseñara toda la raja. Cole Black, que en ese momento se fijó en el culo de Vincent, se empezó a poner cachondo y se le puso toda morcillona.
No le quedaba otra que intentar esconder la empalmada colocándose la camiseta por encima de los pantalones, pero la tenía tan grande y quedaba tan expuesta que Vincent, que estaba a su lado, le miró el gran paquete de reojo, mordisqueándose el labio inferior, pensando en lo que podía hacer con ese pedazo de tranca entre las manos y con la boca.
Se le ocurrió una buena idea. Junto a las latas de cerveza, escondía su juguete secreto, uno que tenía forma de lata pero que se abría por la parte de arriba y escondía un fleshjack para masturbarse la polla. Eran cuatro invitados contándole a él, así que sacó tres latas y el juguete, repartió dos latas de cerveza a los compis y enseñó el secreto de su juguete a Cole.
Para calentarle solo un poquito más, pues casi no hacía falta, Vincent empezó a meter y sacar un par de dedos por el masturbador, por si a Cole no le quedaba todavía del todo claro para qué servía. Vincent bajó los pantalones a Cole, descubriendo que lo que tenía entre las piernas era de lejos más grande de lo que había imaginado, una butifarra preciosa, larga y gorda a más no poder, curvadita, reposando sobre su muslo, naciendo de un paquete de huevos firme y joven.
Se la cogió, se la enderezó y le encasquetó el masturbador encima, pajeándole mientras los otros dos estaban concentrados en el partido. Al sentir el apretón sobre su pene, Cole puso los ojos bizcos del puto gusto. Joder, si con esa pedazo de polla gruesa como un puto brazo casi podía destrozarla, porque la tenía tan gorda como la puta lata.
Hizo señas a Vincent con el dedo para que guardara silencio y siguiera pajeándosela. Estaba a punto de nieve cuando se produjo un nuevo tanto en el partido. Obligado a saltar de júbilo celebrándolo, acabó de pie enseñando sus vergüenzas a los otros dos compis, que alucinaron con el tamaño de su rabo. Qué otra cosa podía hacer Cole, si la naturaleza le había dotado de ese miembro viril portentoso.
Puesto que Vincent acababa de escaparse a la nevera escurriendo el bulto, Cole le siguió y aprovechó que este estaba inclinado hacia adelante con la puerta del frigo abierta para bajarle los pantalones, volver a ver ese culo tan mono y apretadito, frotarle por encima de las nalgas su pene y castigarle con una penetración hasta encasquetarle los cojones en el pandero.
Se la metió tan adentro que a Vincent se le puso dura al instante. Todo el pollón dentro del culo, los huevos se pegaban y despegaban de la raja calentitos y llenos de semen. Vincent se dejaba hacer, dedicándose a disfrutar. Nunca antes le habían metido una tan grande y gorda. Normalmente un tio le comía la polla al otro antes de que se la metiera, preparando el terreno, pero la mamada se la hizo Vincent después de ser follado y antes de seguir follando.
Con la espalda pegada a la puerta que les separaba del salón donde los otros dos seguían disfrutando del partido, Cole se subió la camiseta al pecho, descubriendo su torso musculadito y definido, viendo cómo Vincent se metía en la boca una polla demasiado grande para caber por ella. Joder, cómo la abría, hambriento de rabo, sacando los dientes para morder y arañar más y más centímetros de esa gruesa verga descomunal.
Se la paseó por los morros llenos de saliva. Cuando la sacaba de su boca, la chorra caía hacia abajo colgando con todo su peso. Pollón, pollón. Qué tragaderas, menuda comida, hasta dejarse los cojones en la barbilla. Se lo llevó de nuevo a la cocina, le puso mirando hacia la mesa, le inclinó y le empotró de lo lindo, agarrándole las nalgas, las caderas, mordiéndose el bajo de la camiseta para mantenera subida y que si Vincent giraba la cabeza viera sus abdominales marcaditos, sus pectorales macizos.
Ya que iba al gym, había que amortizarlo con una buena follada y dejar que otros admiraran su cuerpo. Acabaron en el suelo, Cole sentado apoyando la espalda contra los muebles y Vincent saltando encima de él, con la pija toda tiesa, también de un tamaño y grosor increíbles, larguísima, dando bandazos a un lado y a otro con cada salto, subiendo y bajando.
Vincent no sabía ya dónde agarrarse, empalado en ese pollón, cada vez con las piernas más abiertas, casi haciendo acrobacias, apoyando los pies en los muebles que tenía a cada lado, Cole agarrándole el culo, subiéndolo y bajándolo con sus fuertes manos, aprovechándose de él como si fuera su juguete favorito.
Por fin frente a frente, Cole se decidió a penetrarle abierto de piernas sobre la encimera. La cara de Vincent era toda gratitud, por ver a ese capitán de equipo de hockey completamente desnudo, sus pectorales, su firme y musculado torso, sus mofletes sonrojados concentrado en follar, su polla gorda y descomunal entrando y saliendo de ese agujero imposible.
Viendo todo ese cuerpazo, la cara atractiva de ese gañán que le estaba robando el culo, Vincent se la machacó sin control, pajeándosela con avidez, hasta que la leche fluyó por la punta la polla y se manchó todo el puño. Cole seguía metiéndosela, cada vez más rápido. Vincent sintió un gustazo infinito. Cole soltó las palabras mágicas, que estaba a punto de correrse.
Sin tiempo que perder, Vincent se arrodilló en el suelo de la cocina y abrió la boca a tope cuando Cole empezó a masturbarse el pollón con la mano. La boca abierta, un gemido prolongado de gusto, la cabeza hacia atrás. Vincent acercó bien la cara al puño y a la polla y se llevó premio, todo el semen escapando de la verga, mojando su cara, su nariz, sus gafas, su bigote, colándose por el interior de su boca. Vincent miró a ese tio, adoró su rabo y volvió a metérselo en la boca gozándoselo, saboreando toda su lefa.
La dejó caer ahí colgando para admirar toda su belleza, larga, enorme, recién corrida, un buen pollón con todas sus letras. Desnudos y acabando de echar un buen polvo, regresaron al salón en pelotas sin importarles lo que los otros dos dijeran. A ver, estaba claro que habían estado follando, poco más había que decir, sobraban las palabras. Mejor dejar las cosas claras.









