Tendencia

Vadim Black machaca el culazo de Roman Todd | MEN

Dick Psychic

Un cartel de cartulina pegado sobre una puerta llamó la atención de Vadim Black cuando paseaba por el barrio. Estaba tan jodidamente mal hecho que era imposible no quedarse mirando. De hecho si hubiera sido una placa oficial ni le habría dedicado un segundo. “La casa del mundo. La psique del rabo. Roman Todd“, así rezaba el letrero firmado con rotuladores de colores y aprovechando la P de psique para dibujar una larga polla, como las que se dibujan a mano en los retretes de los baños públicos.

Vadim, que ni fue consciente de que lo que había llamado su atención era precisamente el detalle del dibujo del rabo, cruzó la puerta y se encontró en una casa acomodada y ordenada, con un tio que era un guaperas y fuertote, sentado en el sofá, haciendo algún tipo de meditación con los ojos cerrados. Cuando abrió los ojos, Vadim se enamoró de ellos, pero tampoco fue consciente. Más que doblegarse a expresar y profundizar en lo que sentía al ver tal o cual cosa, se movía por sensaciones.

Aquel hombre le invitó a despertar su psique, a interiorizar dentro del yo de su propio mundo. Conseguirlo apenas requería desprenderse de lo que separaba su piel del mundo. Vadim se quedó en pelota picada y se sentó en el sofá junto a Roman, que enseguida se tumbó buscando su rabo con la intención, supuestamente, de hacerle sentir cosas maravillosas.

La hostia puta, vaya que tenía razón el cabrón. Hábil con la lengua, le zarandeó el capullo y se hizo con su minga poniéndosela bien dura. Fuera ese tio un estafador o no, a Vadim le importaba ya una mierda el mundo de la meditación. Le devolvió la mamada y chupó entre sus labios el enorme miembro de ese chulazo, antes de mandarlo al suelo dejando el culo en alto sobre el borde del sofá y perforarle el ojal limpiamente.

Esa era la clave de Roman. La psique no estaba en lo que pasaba dentro, sino en lo que había dibujado en el cartel de fuera. La fuerza de una polla, aunque fuera dibujada con rotulador, impulsaba a los tios a recurrir a su lado más profundamente animal. Era como una llamada a la libertad, a ser lo cerdos que querían ser. Chavalillos tan guaperas como Vadim caían en sus redes, entraban, se anmoraban de su cuerpo, de sus ojos y le follaban el culo. Cuando no podían más, se meneaban el rabo encima de su cuerpo y le metían una descarga calentita de lefa, una lluvia blanca de esperma que recibía con agrado.

VER DICK PSYCHIC EN MEN.COM

VER DICK PSYCHIC EN MEN.COM

Botón volver arriba
Cerrar