Deminho mete un buen masaje anal a Oskar Ivan con su descomunal pollaza | Tim Tales
Había momentos en la vida de un hombre en que volvía a convertirse en un niño tomando de la tetilla del biberón. Así se sentía Oskar Ivan, completamente desnudo y arrodillado, ensimismado y con la mirada perdida abarcando entre sus labios y succionando la gigantesca, gorda y venosa pollaza de Deminho. Gruesa y descomunal como ella sola.
De alguna forma debía haberlo imaginado, porque a menudo no fallaba. Delgadito, casi en los huesos, significaba un buen pollón, que ya de por sí lo era, pero cuando uno veía esa majestuosidad alzándose entre las piernas y lo comparaba con la complexión del cuerpo de su portador, la sensación que te quedaba en la cabeza es la de estar ante un tio muy bien dotado.
No dudaba por un momento de la capacidad de su culo de tragarse ese pollón, pero hasta que no lo tuvo dentro y a pelo no las tuvo todas consigo. Entró apretadita, más que ninguna otra y Deminho le cubrió por detrás metiéndole un masaje anal inolvidable, porque sí, era tan jodidamente gruesa que parecía que le estucieran metiendo el puto brazo por el ano.
Un brazo que no paraba de entrar y salir de su culo, que le provocaba tan buenas sensaciones que su cara era un poema a casa segundo, frunciendo y relajando el ceño, poniendo morritos de gusto, caritas inolvidables que sólo eran posibles cuando un tio te rozaba con la polla tus puntos débiles. Esperó paciente con la boca abierta, recogiendo con la lengua los lefotes y se la comió una vez más para hacerse una paja bien merecida, soltándose encima unos buenos trallazos.









