Leo Bumstead pone a prueba el pollón de Tim Kruger con su enorme y peludo culazo | Tim Tales
La polla dura como una roca se le ponía a Tim Kruger cada vez que tenía a un maromo de la talla de Leo Bumstead frente a frente, atractivo, musculoso y peludete. El abrazo de un oso siempre era bienvenido. Por primera vez en mucho tiempo, en lugar de ser él quien ofreciera protección a otro hombre, fue Tim el que cayó rendido en los brazos de Leo. El tio era grandote, fogoso, por qué no dejarse caer sobre sus pectorales de hierro y dejar que el otro le atizara una buena paja con su brazo potente.
Qué bien se la arreó con la mano, aplicando la fuerza necesaria para dejar a punto de caramelo pero sin que llegara a mayores y acabara la fiesta. Menos mal, porque si no habría tenido que esperar entre diez y quince minutos para recuperarse y dejar que sus sentidos tuvieran un orgasmo al contemplar el culazo de Leo, flipante y grandioso. Una puta bomba de relojería para poner a prueba a los tios más pollones y aguerridos.
Grande, enorme, pomposo y muy pero que muy peludo. En cuanto Tim la metió a pelo, ya no pudo parar, era como comer pipas. Además el tio devoraba de una manera demencial. Con ese señor culazo a Tim no le extrañaba que tuviera pretendientes en cada esquina. Se dio cuenta de que ni de coña era el primero en penetrar ese pandero y que tampoco era la más grande que le habían metido cuando vio desaparecer su enorme tranca de veinticinco centímetros dentro del agujero a las primeras de cambio.
Plantó las caderas encima de ese culazo y se dejó llevar por la lujuria, protegiéndolo a toda costa, perpetrándole un masaje anal inolvidable en el que su gigantesca tranca se abría camino por un agujero profundo que hacía pop cada vez que se la sacaba y se la volvía a meter sin condón. Se lo dejó lubricado y mojadito, perfecto para penetrar sin control.
La prueba de fuego fue tenerle cabalgando, saltando sobre sus piernas. Toda esa masa de músculos entregada a la causa, el culo tragando polla una y otra y otra vez sin descanso, Tim sintiendo que la leche estaba a punto de brotar de sus pelotas. Leche al pelo. Donde hubiera una buena barbita frondosa en la que correrse, allí estaba Tim para decorarla con su esperma, con su lefa blanca y pegajosa colgando de los pelazos negros.









