Sly y Devon Lebron meten una sesión extrema de doble polla gigante sin condones a Drew Dixon y se corren en su cara | Tim Tales

Ni en el mejor de sus sueños. Dos pollas negras gigantescas se mecían sobre su cara. Él se convertía en el hombre más cerdo del mundo, abriendo la boca y dejando que esos dos machos le metiesen la lefa por la boca, los chorretes desfilando por la barbilla. Sly y Devon Lebron dejaron caer los rabos enormes y calientes recién corridos sobre su cara y en ese momento Drew Dixon se pegó el pajote más merecido y con más sentido de su vida.

Las cosas buenas de la vida siempre llegan, pero para que eso ocurra, antes hay que sufrir, que la leche de esas pelotas no se creó de la nada y él tuvo mucho que ver en la cantidad de lefa que descargaron sobre su jeta. Todo comenzó con esos dos santos varones sentados en su sofá. Drew ya tenía ganas de probar rabo moreno, así que no paró hasta conseguir poner de acuerdo a dos negrazos para que le destrozaran el culo.

Su fantasía comenzó allí, arrodillado y sacándoles por la bragueta las enormes vergas. Se hizo con una en cada mano, mirando con fantasía a una y a otra casi sin poder creerlo, masturbándolas y haciendo que creciesen más, si es que eso era posible por el gigantesco tamaño que ya tenían. Estar cumpliendo esa fantasía le hizo ir algo lento al principio, pajeando con calma, sintiendo el poder en sus manos, chupando los cipotes con dulzura.

Pronto le salió la vena viciosa y comenzó a pelarles los rabos a dos manos a gran velocidad. Le hubiera encantado que esos dos vergones se deslechasen justo en ese momento, sacarles toda la leche y que sus puños se manchasen de semen. Juró que si eso oscurría, era capaz de correrse sin manos, tan sólo por el gusto y con el simple roce de sus calzones acariciando su polla que estaba a punto de reventar.

Pero no, esos cabronazos estaban acostumbrados a cosas más duras y se lo demostraron. Primero se dieron turnos para metérsela por el culo y darle de mamar. Tener la boca y el culo bien rellenos por esos rabos era una locura incomparable. Nunca había tenido pollas tan grandes dentro de su culo, así que no supo explicar qué tecla le tocaron que acabó meándose encima.

Tampoco supo cómo consiguieron hacer que su ojete dilatara tanto y esos cilindros potentes de veintiocho y veinticinco centímetros respectivamente entrasen de forma tan holgada. Debieron ser las ganas de probarlos. Mientras Drew se sentaba sobre el pollón duro de Devon, Sly hizo resbalar su rabo por encima del de Devon y se la metieron por el mismo agujero.

Fue Sly el que empezó a follarle el culo con fuerza, su culo ensartado en dos enormes pollas negras gigantes, mientras Devon disfrutaba del pajote superficial que le daba su compi de fatigas con el rabo bien cobijado en su interior. Drew no pudo sentarse ni andar igual que siempre durante bastantes días. A menudo se pajeaba por las noches cerrando los ojos y recordando el tacto de esas dos pollazas sobre su frente, todavía rociándole con una cremosa hilera de lefa.

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