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Diego Sans se folla a pelo al machote cachas y dotado Alex Kof y se corre en toda su cara con unos buenos lefazos | MEN

Diego & Alex

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Si el amor llama a tu puerta, ábrela no te lo pienses más. Sentirás ilusión, una nueva emoción te hara soñar. Lo que necesitas es amor. El instante de un beso junto a la bahía se convierte en un tiempo mágico extendido en el que todo lo que sucede alrededor no importa. Dan igual la lluvia, la ropa mojada, las inclemencias y los viandantes que pasan por tu lado. Diego Sans y Alex Kof se van dando besos furtivos en cada rincón, como un par de recién enamorados.

Llegan a casa empapados pero calentitos, con ganas de hacer algo más que unir sus labios. De manera instintiva se sacan la camisa y el polo respectivamente y flipan un rato con sus musculados torsos. Diego es hombre de pelo en pecho y los pectorales cuadrados y alucinantes de Alex dejan a este sin palabras, dejando que sus manos y su boca hablen por él.

Las manos de Diego enseguida viajan al botón de los vaqueros de Alex, como si necesitara urgentemente ver qué más aguarda ese fornido machote. Parece tranquilizarse al sacar del frontal algo incluso más grande de lo que imaginaba, porque suelta un bufido cargado de vicio al sostener el largo pollón de Alex con la mano y acariciárselo con ganas.

Mientras se sacan los pantalones por los pies, Alex no deja de mirar los calzones de Diego hasta que se los quita y queda enamorado con la caidita de rabo, todavía flácido pero un poquito morcillón. Las ganas de Diego aumentan por momentos al ver colgando el pijote de Alex entre sus piernas, meciéndose cuando ya se está quitando los pantalones. La longitud de ese pene le pone hambriento, así que salta el sofá que les separa, se la agarra por la base enderezándola y se escandaliza por el tamaño del rabaco, quieriendo comérselo entero pero sin saber por dónde empezar.

Mientras se lo piensa, Alex le empuja hacia atrás lanzánsolo contra el sofá y le come la polla todavía blandita. No tarda en ponerse bien dura. Diego se la agarra y le fostia la lengua con ella, haciendo que el soniquete del impacto resuene por la habitación. Alex deja que le meta paliza y permanece con la boca abierta, echándole el aliento en todo el rabo, esperando a que pare para metérselo en la boca y chupárselo.

Cuando Alex se da la vuelta, Diego se enamora a primera vista. Un culazo grandioso, la raja completamente abierta, con el agujero bien a tiro y los huevos y la larga cola colgando entre sus muslos. Alex sabe bien lo que le cuelga, así que menea el culete para que la polla empiece a menearse, golpeando un muslo y luego el otro, incitando de alguna manera a Diego para que le coma todo.

Diego cuela los morros en la raja y provoca el gemido de gusto de Alex, luego siente la mano de este asiendo su rabo entre las piernas y masturbándolo a la vez. Al girar la cabeza, Alex se fija en la entrepiernas de Diego y en lo durísima que la tiene. Alarga un brazo y se la masturba con la mano. La quiere dentro. Diego le pone a cuatro mirando hacia el cabecero y le penetra sin condón.

Casi sin poder creerse que ese adonis le esté dando tanto placer, Alex alarga de nuevo el brazo y soba a Diego por todas partes con la mano. Los muslos fuertes y peludetes, su culito respingón, sus hombros redondeados. Le agarra por la cadera y le insta a follarle más fuerte. Diego se pone a trabajar y se convierte en martillo pilón, se sube al sofá y le da matraca.

La culeada es perfecta. Los muslos peludos de Diego dan paso a un culito blanco, suave, redondo y perfecto, acariciable, achuchable, de vicio. Le mete la polla a fondo y la saca una y otra vez cascándole las bolas en todo el pandero. Se lo hace tan rico y a un ritmo tan agradable que Alex no puede parar de gemir del puto gusto, ya sin pedirle más, porque juntos han encontrado el punto justo que a ambos les gusta.

Puede que por la postura Alex no viera ese culito precioso follándoselo, pero Diego encuentra la manera de que lo vea, haciendo que Alex se ponga bocarriba en el suelo, con el culete levantado. Entonces Diego le da la espalda y le perfora desde arriba a la contra, dajando que le vea todo, el culo, las pelotas, el pene entrando firme dentro de él. Que lo disfrute.

Durante todo el rato Alex no puede evitar incorporarse sin despegar la vista de ese culazo que está bombeándole el ojete. Si Diego le ha dado las vistas que necesitaba, él ahora quiere regalarle las que Diego necesita. Le cabalga de frente y se deja la picha suelta, dejando que rebote sobre su torso a cada salto. La polla enorme de Alex sube fostiándole el vientre y baja rozando el de Diego, imponente, larguísima, potente.

Los dos se ponen bien cachondos. Paran un momento para dedicarse el sesenta y nueve con el que deberían haber empezado, pero se tenían tantas ganas que no pudieron parar. Se comen los rabos el uno al otro. Es la primera vez que Diego tiene el de Alex en la boca y lo disfruta como el buen palo que es, como si fuera un calipo. No olvida que Alex le está comiendo el suyo y aprovecha para forzarle la garganta y hacer que se la trague hasta los huevos. A cambio él intenta hacerle lo mismo.

Con tiempo para una última folladita, acurruca a Alex en el sofá, le abre de piernas y se lo folla al misionero. Le encanta la cara guapa de ese machote, sus ojazos verdes, su musculoso cuerpazo, la longitud de su tremenda polla. Le perfora el agujero con todas sus ganas y no para ni cuando Alex se corre y le mete otra paliza con el pollón atizándola contra el abdómen.

Se pone de pie y apunta con la paja en la mano. Alex abre la boca, saca la lengua y se mantiene a una distancia prudente. Hace bien, pues seguramente haya escuchado lo bien que lanza Diego. La primera perla le moja el bigote, la lengua y la comisura de la boca casi a traición, el siguiente lechazo salta y sale escopetado hacia su cara, le moja el hombro. Diego se suelta el rabo y por él sigue soltando leche como un manantial. Alex acerca la boca, arropa el cipote entre sus labios, se lo besa y le chupa todo lo que va saliendo de él, sonriendo y confesando a Diego lo rica que está su lefa. Con los morros bien lefados, persigue de nuevo la polla y le pega otro par de caladitas hasta dejársela limpia.

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