Dato Foland, Allen King y Serg Shepard se follan en trenecito y sin condones en la sala de máquinas | Raging Stallion
In The Depths
Trabajar en un motel era uno de los oficios preferidos por Dato Foland, siempre viendo caras nuevas pasar, sobre todo fascinado por hombres que llegaban solos y se hospedaban en habitaciones individuales. Su actividad preferida era bajar al cuadro de luces para arreglar las continuas averías. De alguna forma, con el día a día y el boca a boca, se había corrido la voz de que justo en ese lugar del motel, a horas intempestivas de la noche, podías ir allí en busca de rabo.
Al principio a Dato le gustaba mirar y tocarse viendo a los tios morreándose, magreándose los paquetes, comiéndose las pollas, follando y desperdigando su semen por el suelo ya de por sí sucio a más no poder. Pero un día todo eso cambió por culpa del niñato de Allen King. El morbo llamó a su puerta cuando el chaval se puso al tema con Serg Shepard y mientras le besaba y le tocaba, desviaba la mirada hacia Dato, que desnudo de cintura para arriba, con lo fuerte que estaba y bien cachas, era una irresistible tentación.
No es que Dato no se tuviera en alta estima, que mirarse al espejo y ponerse contento era el pan de cada día, pero le moló saber que los chicos estaban por él y gustaba a los de su mismo sexo. Tocarse y mirar fue cosa del pasado. Allen y Serg se acercaron a él y sintió por parte de ambos lo mucho que amaban su guapísima cara y su monumental cuerpazo. Dato también estaba en ebullición, encantado con tener a dos tios a sus pies.
Acabaron desnudos junto al cuadro principal, con las pollas duras. Frente a la energía de esos dos, poco más pudo hacer Dato que dejarse querer. Allen ya se había puesto de rodillas y tenía la polla en su boca. Serg no paraba de buscarle la boca, de esnifarle y lamerle el sobaco. Dato bajó la mirada y se encontró con la de Allen, con su boca dejando bien curtida la picha.
Iba a girarse para escapar de alguna forma y aportar su granito, pero los dos tenían un hambre feroz y no le dejaron ni darse media vuelta. Serg le devoró la pirula mientras que Allen se llenaba de gozo con ese pedazo de culo musculoso y bestial. Bien servido por delante y por detrás, saciando con su rabo y con su pandero esas dos bocas que no paraban de dar servicio del bueno.
No era hombre de correrse a las primeras de cambio, pero en la penumbra, cuando esos dos se bajaron a chuparle la minga a la vez, dos pares de labios recorriéndole el pene a cada lado, dejándolo lleno de babas, lenguas que se paseaban lividinosas por la base del pollón, los besos que se proferían el uno al otro con su pito en medio, era para regalarles allí y ahora una buena descarga en toda la cara. Bien merecida.
Si no lo hubieran hecho con tanta suavidad, seguramente no habría aguantado, lo cierto es que le dejaron los huevos llenos de leche y eso que no había empezado realmente la acción. Les hizo ponerse de pie y darse la vuelta, uno a cada lado, dos lindos traseros a su disposición, uno para agarrar con cada mano. Qué gusto le dio tocarlos, pasear sus manos grandes y varoniles por semejantes culazos tan follables, de nalgas redondeadas, blanquitos, preciosos.
Y él ahí en medio, con la polla durísima y el ciruelo rojo a rabiar con la que llevaba encima. Tener dos culos así para él dio alas a su imaginación. Tocó todo lo que le dejaron y más. Expandió las nalgas apreciando los agujeros de entrada, pasó las manos por sus entrepiernas manoseando sus cojones, sus rabos, deleitándose con la suavidad y la textura de esos atributos masculinos.
No había tiempo de acudir al bolsillo del pantalón para sacar un condón. Al primero que se la enchufó fue a Allen. Ese culo era bonito hasta decir basta, perfectamente amoldable a cualquier hombre para hacerlo a su mano. Justo detrás, Serg se había puesto ya con el culete en pompa y quién era Dato para decir que no. Un giro de ciento ochenta grados y ya se lo estaba follando también a pelo. Así pasó de uno a otro sin descanso, cada vez empotrándoles con más fuerza, subiéndoles una piernecita cuando encontró demasiada suavidad en el follaje, para ponerse un reto mayor al quedar su polla más apretada con esa postura.
Junto al cuadro de luces había un pequeño almacén con taquillas parecido a una sala de descanso, donde los mecánicos, fontaneros y electricistas podían ponerse el mono de trabajo e incluso descansar y tomarse un café en el caso de que las reparaciones les llevaran algunas horas o días. Por qué no, también habían puesto una tele con canales porno por si querían aliviarse un poco.
En el suelo de esa sala, Dato sentó su poderoso culo, Serg se sentó sobre sus piernas clavándose su polla y Allen se sentó sobre la de Serg, formando entre los tres un trenecido en vertical donde Allen imprimía le ritmo al que se machacaban, con el colofón de lujo de su larga y preciosa pirula colgando y dando bandazos, fostiando el interior del muslo derecho de Serg, que estaba encantado con sentir la ira y los arrebatos de ese pene juvenil tan caliente y duro.
El trenecito fue una decisión cojonuda para que uno no tuviera que estar pajeándose mientras le llegaba el turno mirando a los otros dos. Se tumbaron de lado en el suelo en el mismo orden y se trincaron por detrás. El pollón de Dato dando duro a Serg, este fusilando a Allen, dos culazos penetrados a pelo y uno zumbando como vagón de cola. Para cola la de Allen, toda durita brincando alegremente sobre su muslo.
Junto a las taquillas, Dato remató a Serg, que se labró una paja apuntando hacia la cara de Allen que se había agachado con la intención de ser paño para lefa. Se llevó bien de leche condensada en la punta de la nariz y la lengua. Allen ocupó su lugar y se dejó follar por Dato por última vez. Tiró a paja. Serg también le estaba esperando, pero no con la cara, sino con el culo. Allen le empapó la nalga izquierda con un buen reguero blanco y calentito que fue recorriendo la superficie hasta resbalar por su muslo.
Empujando por el cuello y los hombros a esos dos, Dato les hizo agacharse. Ahora era el momento de pringarles la cara con jarabe de macho, como le habría gustado hacerlo antes de que empezaran a follar. Intentando controlar sus actos mientras se corría, mojó la lengüita de Allen con su semen y la desplazó un poco más para hacer lo propio con la de Serg. Los chicos empezaron a chuparle la polla corrida, a relamer el esperma que se iba descolgando por el cipote, dejándoselo todo bien limpito.
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