Sir Peter enfunda a pelo su enorme pollaza en el pomposo y delicioso culazo de Jake Mathews | Falcon Studios X Men At Play

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Paddy había dejado en manos de Sir Peter las propiedades más lujosas de The Nines, casas dignas de los viñedos de Falcon Crest que eran un sueño para aquellos que buscaran la soledad y la tranquilidad en plena naturaleza. Lograr la venta de alguna no era complicado, entraban solas por la vista, pero sí que llegara el comprador con el dinero necesario para costearla, pues no estaba al alcance del bolsillo de cualquiera.

La venta no sería posible sin Jake Mathews, compañero en el que Sir Peter confiaba ciegamente y del que ahora tendría que renegociar el contrato con Paddy. Hablarle de sus bondades al jefe no sería difícil, sobre todo después de ese día en que terminaría por conocerlo mejor, puesto que que estaba bien cachondo. No era para menos, dado quien tenía enfrente.

Sucedió en el patio jardín de la casa. Todo estaba en perfecto estado, de ensueño, preparado para la siguiente visita, la piscina inmaculada, con sus aguas azules, el cesped recién cortado. Jake se puso de puntillas frente a ese hombretón que le sacaba casi una cabeza. Le miró fíjamente a los ojos, luego a su boca, le robó un beso y le dio tanta vergüenza que se lanzó a la piscina vestido de traje pero sin chaqueta.

Al salir todo mojado con las prendas ciñiéndose a su cuerpecito musculado, Sir Peter lo estaba esperando en las escaleras, sin darle apenas margen para que escapara. Jake se acercó de nuevo a ese macho. Lo que le apeteció ser follado salvajemente por él no estaba escrito. Esos ojazos, esa cara de empotrador, lo alto y grandote que era, las manos con esos dedacos que si se los metía por el culo bien podían ser cada uno como pollas. Le entró un biruji cuando le vio agachar la cabeza para besarle. El corazón a mil por hora al sentir sus labios, su mirada, el bigote rozando sus morros lampiños.

Qué delicadeza tuvo con él en el porche al ir desnudándolo poco a poco hasta dejarlo en calzones. Primero la corbata, lentamente, tomándose su tiempo, luego cada botón de la camisa blanca, descubriendo su torso tonificado, humedeciéndose los labios con la lengua de lo apetecible que estaba el chaval. Jake reparó en el descomunal bulto que se había formado en el frontal de los pantalones de Sir Peter, aunque decir que aquello era un bulto era faltar a la verdad, porque lo que alzaba la tela tenía forma de cilindro bien guapo que iba de la bragueta hacia el bolsillo.

Se agachó y se deleitó con la sacada, bajando los pantalones, sonriendo por lo agraciado que se sentía al ir bajándolos y comprobar que la polla era jodidamente larga, pero sobre todo gruesa cuando logró sacarla del todo y se quedó cilimbreando bien pesada frente a su cara. Se llevó el cipote a la boca y lo chupó. Le gustó el saborcito. Menudo pollón.

Puso morritos sacando los labios, los posó sobre el capullo y los fue abriendo poco a poco para chuparle la polla. Era enorme y apetitosa, una de esas que, a pesar de saber que jamás te cabría entera en la boca, te molaba tanto que dabas lo mejor de ti e intentabas complacerla hasta el límite de tus posibilidades. Llenarse la boca con semejante rabaco le abrió el apetito, logrando satisfacer la mitad del rabo, que no era poco.

Con su carita guapa y las mejillas sonrojadas por el placer de mamar un buen pollón, Jake separó un poco la cabeza de ese miembro y lo miró de cerca mientras lo pajeaba. Le sorprendió lo grandota que era, en consonancia con la corpulencia de su dueño. Al rodearla con el puño, era tan gruesa que no se tocaban sus dedos. Y esa forma cilíndrica, gordísima, con el cipote tan grande, terminó por volverle loco.

Sir Peter le hizo levantarse, lo abrazó, lo besó activamente, Jake notó sus manos posándose en su culo, uno de los dedos calientes explorando su raja, buscando la entrada de su ojete. Se dio la vuelta y le regaló el culete. Miró hacia atrás. Sir Peter la tenía toda tiesa y se la estaba empapando con saliva para metérsela por el culo. Sintió cómo se la depositaba justo a la entrada. Ese momento fue glorioso. Miedo por lo grande que era, excitación, ganas de que se la metiera.

El cipote abriendo camino, poquito a poco cada centímetro de esa verga introduciéndose a pelo dentro de él y Jake asimilándolo con cara de dolor y gusto, notando cómo su ano quedaba bien relleno, cómo Sir Peter se la iba hundiendo cada vez más, agarrándole por la goma de los calzones, atrayendo ese culazo hacia sus caderas para poder follárselo sin condón.

Tras unos cuantos pollazos, hasta Jake impulsó su trasero hacia atrás para tragarse ese pedazo de rabo impresionante. No es que le entrara ya como la seda, pero sí lo suficientemente bien como para disfrutar de esa enculada. El señorito se tumbó en la mesa, apoyado en los codos. Jake se sentó encima de su pirula y se la masturbó con el culo contoneándolo bien, de lado, aprovechando esa postura para inclinarse y probar los labios de su hombre.

Luego le hizo lo mismo frente a frente, cada vez saltando más rápido sobre esa verga, desvalijándola con su culo. Sir Peter no le quitaba ojo de encima, deleitándose con cada movimiento del chico, plantándole la mano en la cara, dejando que se pusiera cachondo con el fetiche que suponían sus dedacos grandotes. Jake se echó hacia atrás para que Sir Peter se recreara mirando el punto de encuentro, su raja pimplándose su enorme y jodido pollón.

Ejerciendo su hombría, Sir Peter colocó a ese guaperas musculitos sobre la mesa, le agarró por la corbata que todavía llevaba anudada al cuello, le abrió de piernas y lo reventó. Jake se corrió encima. Sir Peter no aguantó mucho más, sacó su polla durísima y grandiosa, se la pajeó allí mismo y empezó a soltar lefa. El primer lechazo salió volando y se insertó entre la spelotas y el muslo de Jake.

El semen fue acumulándose en la punta a medida que salía de polla, lo que provocó, que junto con el movimiento de la mano al pajear, se le quedara colgando de la punta un lefote blanco y pegajoso que se animó a dar una vuelta completa antes de caer a plomo sobre las partes nobles de Jake, que siguió cada movimiento de la leche con curiosidad. Otro lefote directo a su muslo y luego un torrente de lechecita blanca, menos espesa, brotando de la pollaza de ese semental portugués. Todavía con el regusto entre las piernas, Sir Peter hizo una llamadita a Paddy para renegociar el contrato del chaval, consiguiendo que mantuviera el trabajo por lo bueno que era.

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