Reno Gold les hace una buena mamada a los rabacos de Rowan y Matt y les deja que se corran encima de su carita guapa

My First Blow Bang

Tras un duro día practicando esquí, Rowan y Matt llegaron a la estación de descanso totalmente exhaustos, pero Reno Gold todavía tenía energía para rato. Sus amigos hablaron de irse a dormir, decían que estaban destrozados. Reno les acusó de ser unos abueletes. Al fin y al cabo los dos eran mayores que él y por apariencia, entre que Rowan tenía esa barba que le daba apariencia de daddy joven y Matt que era un tio cachas con un cuerpazo tan grandote comoun armario empotrado, él era el chavalín jovencito y tenía derecho a decirles esas palabras.

Se mofó de ellos un rato, el justo para saber que se estaba saliendo con la suya y que esos dos no se iban a ir a la cama sin antes pasar revista. Y la revista iba a ser su carita guapa. Quería sus dos grandes pollas encima de ella, restregándose por encima, dándole calorcito en las mejillas y la boca, quería irse a dormir bebiendo leche, pero no de esa que estaba fría y embotellada en la nevera, sino de la otra, de la calentita que nacía en los cojones de esos dos machotes.

Rowan le parecía monísimo y esa camiseta ajustada de color negro que remarcaban sus abdominales le ponía cachondo. Matt ya estaba casi desnudo. El tio tenía un torso para quitar el sentido. Fornido, musculoso, le recordaba a los cuerpazos de los gimnastas de los juegos olímpicos. Llevaba unos calzones de algodón de pata larga que le remarcaban el culazo y el paquete de una forma abrumadora.

Sólo tenía que armarse de valor y pedírselo. Sois unos débiluchos, unos viejales, a que no os atrevéis a darme rabo y dejarme la carita llena de leche. Dicho y hecho, como si los dos lo hubieran estado deseando desde hacía tiempo, primero fingieron que se hacían los sorprendidos, luego se miraron entre ellos, se acercaron a Reno que ya se estaba preparando de rodillas en el suelo para recibirlos como se merecían y se sacaron las pollas.

Que el chaval les parecía monísimo a los dos y que tenía una buena follada, quedó claro. Reno se sorprendió de lo grandes y duras que tenían las pollas. Eran largas, gruesas, venosas, con unos buenos cojones. La primera que se cenó fue la de Matt. Ese cabrón siempre le había puesto a cien. Notó cómo le crecía más todavía el pene mientras se lo mamaba. Los tropezones de las venas de su polla bien hinchada rozándose contra sus labios.

Matt demostró las ganas que le tenía. Fue girar Reno la cabeza y ver el cielo abierto. Le cogió la cabecita y la impulsó para que se comiera su polla. Reno se propuso que esos dos pasaran la mejor velada de sus vidas. Ninguna tia o tio que se hubieran llevado esa noche al catre habría sabido hacerles una mamada mejor que la suya y menos a los dos juntos, a la vez, como buenos amigos.

Si estaban hechos para él, aguantarían lo que estaba por venir. Reno era un guaperas de mucho cuidado y era consciente de que una miradita suya a tiempo conseguía sacar el jugo de cualquier chaval. A conciencia, abrió la boca, sacó la lengua, miró hacia arriba y les puso a prueba, dejando que usaran su boca y su cara para rebozar sus enormes penes por encima.

Nada mejor que irse a la camita con los cojones secos. Nada de sábanas mojadas ni de papel higiénico. Reno se lo dejó a los dos claro desde el principio. Quería que le entregaran toda esa leche en su carita. Le encantó ver cómo se la pajeaban duro a toda hostia frente a su jeta, las expresiones de sus rostros a punto de correrse, sentir el flujo de leche que escapaba de sus rabos, la forma cariñosa en que posaban sus manos en su frente y en su cabeza, preparándole para la eyaculación y cómo le bañaban toda la carita con el semen. Unos buenos chorrazos en el entrecejo, en las mejillas, entregándole todo.

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