Lucca y Ragel culminan su relacción follando sin condones en el jacuzzi | Latin Leche

Cancun Experience

La hora de la verdad estaba cerca. Lucca y Ragel iban a convertirse en esposos en menos de cinco horas. Se levantaron temprano para contarse sus experiencias en la isla. ¿Habían permanecido fieles el uno con el otro y conseguido mantener sus rabos dentro de las braguetas todo este tiempo? La respuesta vosotros, yo y cada uno de ellos por separado ya la conocemos. Ahora estaba por ver si esa sesión matutina en el jacuzzi les haría contarse la verdad.

No lo hicieron. Se quedaron a medias verdades. Uno contó que había conocido a un chico que vivía con lo mínimo en la isla, el otro que había una bajada muy chula hacia el cenote, entre las rocas, Ragel se aventuró a contar que había visto desnudo al regente del hotel y ahondó en detalles sobre su portentoso culo y su cuerpazo musculado, pero obvió que se lo había follado, que le había metido toda su larga y gorda tranca a pelo por el ojal.

Iban a echar de menos ese lugar, sin duda. Se relajaron antes de la boda, en unas tumbonas, desnudos como vinieron al mundo, con las vergas colgando entre las piernas. Durante su noviazgo, siempre habían respetado el tema de la virginidad, hasta el matrimonio. Pajas, besos, era lo más a lo que habían llegado juntos con tal de mantener su promesa, pero parecía como si el hecho de tener tan cerca ese momento en que por fin podrían intimar el uno con el otro como siempre habían deseado, estuviera despertando en ellos las ganas por hacerlo ya mismo.

Fue durante un paseo por la piscina que se internaba entre las palmeras como un riachuelo cuando sucedió todo. Lucca se acercó a Ragel, le colocó la polla encima del muslo. Ragel estaba empalmadísimo y la tenía tan grande que le asomaba por encima del agua como un periscopio, rozando el vientre de Lucca. Se besaron, se abrazaron, se confundieron. Ragel escapó de sus abrazos, con un buen barullo en su cabeza por todo lo ocurrido en la experiencia en la isla, pero Lucca no paró de perseguirlo hasta que llegaron a las aguas cálidas del jacuzzi.

El calor y el afecto destapó verdades. Lucca fue el primero en confesar que cayó en manos de otro hombre en el cenote. Ragel también le contó que se puso a manos del chico que vivía solo en el bosque, hasta que llegaron a la conclusión de que ese cabrón se los había follado a los dos. También rajó del regente del hotel y de lo bien que le sentó follarse ese culazo. Si ninguno de los dos era ya virgen y estaba a tope, ¿qué sentido tenía ya esperar a la boda?

Lejos de separarles esa confidencias, les unieron más. Lucca se sentía más atraído que nunca por su chico, todo un follarín, dando rienda suelta a ese pollón tan grande que merecía hacer felices a otros hombres. Ahora era el tiempo de ellos dos a solas, de follar como hombres lo que iniciaron como adolescentes hacía años, de culminar su relación con una buena follada.

Lucca bajó a comerle la polla y Dios qué pedazo de polla, apenas le cabía en la boca. Se la pajeó a gusto y le chupó el cipote como si fuera un helado. Ragel le devolvió la mamada y descubrió lo dura que la tenía su novio, las ganas que tenía de él. Todavía era un misterio quién pondría el culo primero, pero Ragel ya se estaba preparando, contoneándolo por encima del agua, dejando que su chico se recreara mirándolo tierno y blandito todo para él.

Y así sucedió. Ragel se dio la vuelta, se inclinó hacia fuera en el jacuzzi dando la espalda a Lucca y su chico se acercó por detrás polla en mano buscando su agujero. Se la metió lentamente y sin condón, dejando que se acostumbrara a su dureza. Los dos gemían de auténtico placer, de todo el quellevaban conteniendo tantos años para llegar a ese momento de unión perfecta.

Ya estaban más juntos que nunca, ya estaba metiéndosela, ya estaban disfrutando con los ojos cerrados, escuchando el plas plas del agua del jacuzzi impactando entre el culo y las caderas. Era la primera vez que hacían el amor, que se besaban unidos por polla y culo. Ragel se deshizo de placer cuando Lucca se inclinó, le cogió la cara por la barbilla y se la giró para comerle la boca. Nunca le había visto así de salido y le apetecía mucho.

Vio en su mkirada a alguien diferente que le gustó demasiado, a una persona más salvaje y decidida. Pero el pollón de Ragel no podía quedarse sin su ración de culo. Si Lucca había entregado el suyo a un completo desconocido, su novio se lo merecía mucho más. Ocupó el lugar de Ragel en el jacuzzi y se lo ofreció como regalo.

Si alguna vez, que no fueron pocas, Lucca había soñado con cómo sería el momento en que Ragel le metiera esa pedazo de bicha por el trasero, ahora ya lo estaba experimentando. Grande, gorda y dura, con lo que Lucca no contaba era con que se le iba a abrir el ojete de par en par hasta el punto de tragársela entera hasta los huevos. Con ese descomunal miembro perforando su ano, se incorporó hacia atrás para sentir la respiración agitada de su chico, los susurros en su oreja. Caliente caliente.

De rodillas en el jacuzzi, Ragel dejó la carita para que Lucca se la llenara de leche. La puso justo debajo de su polla que se estaba meneando a toda hostia. Al final Ragel se vino antes y fue Lucca el que agachó la cabeza y abrió la boca sacando la lengua para atrapar el nectar que escapaba de la polla de Ragel. El saborcito amargo y dulce de la lefa le volvió loco. En apenas unos segundos pasó de pajearse efusivamente a follarse a Ragel y a ponerle el culo de nuevo.

Cuando no pudo más, se giró y, antes de llegar a la cara de su chico, soltó una tanda de fuegos artificiales en todo el jacuzzi, lechazos saliendo a presión y haciendo virutas en el aire. Por suerte, cuando Ragel puso la cara, se llevó de regalo un buen lechazo y un buen tiro en la boca que le dejó los morros bien dulces. Se besaron con los labios llenos de leche, sus primeras bolitas de nieve, cachondas y sabrosas. Prometieron ser unos buenos cerdacos y no laváreselas hasta llegar al altar y darse el sí quiero.

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