Reno Gold juguetea mamándose un plátano y se hace un buen pajote tribal
Tuluminati Hottie
El hijo de mi nueva pareja no dejó de mirarme durante toda la comida en la que nos conocimos. Reno Gold sólo retiraba la vista cuando cogía la cuchara y sorbía el plato de sopa a la mesa, pero mientras dejaba de sorber, volvía a levantar la vista para fijarla en mis ojos. El muy cabrón, además de ser guapísimo, todo un bombón, no llevaba camiseta y toda su musculatura relucía de lujo con el sol que bañaba su cuerpo después de colarse por la ventana.
Al llegar el postre, echó mano a un plátano que había en el cuenco de fruta. Siguió sin apartar la mirada de mí mientras lo pelaba, también cuando se comió un trozo y entonces, no sé si producto de mi imaginación pervertida, juro que vi cómo sacaba la lengua y chupaba la banana como si fuera una polla. Mi polla. Para calentarme más, alzó un brazo y me enseñó su sobaco peludo, sus fuertes biceps. Se me puso durísima y juro por lo más sagrado que me lo hubiera follado allí mismo delante de su padre y le hubiera dado rabo hasta hartarle.
Cerré los ojos, meneé la cabeza por si había sido cosa mía, pero al abrirlos el cabroncete estaba agarrando el plátano a dos manos y chupando la puntita, metiéndoselo dentro de la boca y sacándolo lleno de babas. No podía ni imaginar la locura que sería tener esa carita, esa lengua disfrutando de mi falo. Supuse que de tener todo eso, me correría en su cara en cuanto me rozara un poco.
Su padre se levantó de la mesa y dijo que se iba a hacer un recado, que nos portáramos bien. Supe al instante, por la mirada perversa que me echó el chaval, que iba a salir de esa casa follándome al hijo de mi nueva pareja. En cuanto su padre salió por la puerta, Reno se desnudó para mí. El tio no sólo era guapo y estaba bien bueno, sino que también tenía un larguísimo badajo colgando entre las piernas. El pack completo.
Meneó la colita de lado a lado para que apreciara lo grande que la tenía y se masturbó delante de mí. Adoré esa carita que ponía, tan tierna, gozando de su pajote, con la boquita abierta exhalando gemidos de placer, la punta de la nariz que se le enrojecía poco a poco a medida que aumentaba el ritmo de la paja y la forma en la que acabó corriéndose encima, frotándose su miembro a toda hostia y soltando unos lechazos de altura. Se puso a cuatro en el sofá dándome la espalda, mostrándome su virginal culito. Podía ver cómo el rabo y las bolas le colgaban entre las piernas. Era mi turno. Me saqué la polla durísima de la bragueta y al calzársela dentro le metí una preñada.
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