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Sir Peter ama al jovencito Dean Young en Torremolinos haciéndole disfrutar de su virilidad y de su enorme polla | Falcon Studios

Body & Sol

Pasear por Torremolinos fue para Dean Young como regresar a su tierna infancia. Se había acostumbrado tan rápido a la gran ciudad que aquel viaje le sacudió por completo haciéndole volver a sus raices. Castillos de arena, casetas en la playa, casas blancas por doquier, el agua del mar bañanado sus pies y unos chulazos de toma pan y moja. No pensó que podía encontrar allí tanto amor hasta que su aventura comenzó cuando se topó con Sir Peter.

Menudo tiarrón. Le sacaba casi una cabeza de altura, guapo, atractivo, con una sonrisa embaucadora y no le hizo falta que tuviera el torso desnudo para darse cuenta de que debajo de esa camiseta blanca ajustada había un torso divino de la muerte, fornido y musculoso. Ya se encargó el de desnudarlo con la mirada. Fue su primer amor de verano.

Se puso de puntillas para llegar a su altura. Le comió los morros disfrutando de cada beso, de esa lengua húmeda y caliente entrando por su boca, de sus dulces labios, del roce de los pelos de su bigote contra su nariz. Se fueron juntitos de la mano hacia su casa. Tenía un chalet amplio con piscina donde pasarlo bien. Se desnudó para él. Hacía tanto tiempo que deseaba entregarse a un hombre así que el culito se le abrió solo.

Dios, desnudo era de una belleza impresionante, digno de enmarcar y mirar cada segundo. Su torso varonil, musculoso y peludo era incluso mejor de lo que había podido imaginar. Se lo repasó enterito con los labios y la lengua, sin dejar de mirar su paquete, que cada vez se iba inflando más. Dean presintió que ese macho le iba a rellenar el culo como nadie se lo había rellenado hasta entonces.

Qué fuerte era, qué bueno estaba. Al sentir cómo el chaval mse entregaba en cuerpo y alma a él, Sir Peter lo agarró en volandas, acercándole a su cuerpo, sosteniendo con sus manos ese culo tan bonito y de apariencia tan virginal. Lo desvirgó con sus dedos grandes. Al notar el roce de la yema de esos dedos, Dean se estremeció del puto gusto.

Sintió que ese tiarrón le estaba emborrachando, embobando, embutiendo todos sus sentidos. Jamás había sentido una atracción así por ningún otro hombre. Mientras le metía los dedos por el ojete, no paraba de mirarle a los ojos fijamente, de besarle, de meterle a lengua por la boca. Se puso de pie y vio lo alto y grande que era. Ahora que él le estaba conduciendo la mano hacia su miembro, se daba cuenta de que tenía miedo por lo grande que pudiera tener la polla, porque tenía toda la pinta de que ese chulo calzaba un rabo descomunal.

Se la agarró por encima del bañador, luego se la sacó y alucinó con ese poderoso falo apuntando hacia él, todo duro, gordísimo, largo y flipante. Inclinó la cabeza hacia arriba para besarle. La polla caliente y dura le rozó el vientre. Se fue agachando poco a poco, sin dejar de mirar a Sir Peter a los ojos, le agarró el pollón y se lo empezó a endulzar con la lengua.

Tenía la mano de Sir Peter sobre el cogote. Él le dijo que podía hacerlo, asintiendo con la cabeza. Dean no las tenía todas consigo. Meterse esa pedazo tranca por la boca era una burrada. Al final, animado, se la comió. Le entró hasta la mitad y estaba bien rica. No recordaba a ningún tio que le hubiera dado de comer así a lo grande. Se sacó la polla de la boca, le comió los huevos, dejó que el pollón se rebozara por encima de su jeta y empezó a ponerse perraco.

Menudo vicio tenía esa polla. Sir Peter parecía empecinado en metérsela toda entera pero a Dean eso le parecía imposible. Pero si ese tio le enseñó algo es que no hay nada imposible. Le agarró la cabeza a dos manos, la apretó fuerte contra su cuerpo, a Dean empezó a ponérsele la cara roja a medida que el rabo penetraba su garganta y le dejaba sin respiración. A los pocos segundos se dio cuenta de que le estaba besando las bolas a ese cabrón. Se la había comido enterita. Buscando aire, recomponiéndose e intentando volver a ser persona, Dean sacó ese artefacto de su boca intentando digerir lo que había conseguido. Una proeza.

Volvió a mirarla de frente y se preguntó cómo había sido posible que todo ese rabo largo, duro y grueso hubiera estado dentro de él. Sir Peter se tumbó en la toalla e hicieron un sesenta y nueve. Acomodó su pene y sus huevos entre los fornidoss pectorales de ese macho y pudo sentir por primera vez su aliento y el roce de los pelos de su barba, de su lengua y sus labios trabajándose la apertura de su lindo ano.

Sir Peter volvió a ponerse de pie. Cogió en volandas a Dean y le dio la vuelta para seguir con ese sesenta y nueve pero ahora en posición vertical. Luego Dean se puso a cuatro patas al borde de la piscina para recibirle. Pocos hombres le habían hecho bufar de esa manera al sentir su polla erecta y durísima penetrando su ano sin condón. Era enorme.

Dolía, pero también le daba mucho gusto. Tardó un rato en acostumbrarse a su tamaño, pero mirar hacia atrás, ver a ese maromo con su largo torso desnudo y potente, su cara de vicio, sentir cómo se inclinaba hacia él y le cogía del pelo deseando follárselo, hizo que su culo tragara como nunca. Sir Peter empezó a follárselo, a proetener ese culito tan rico. Su polla se sumergía en él super apretada, blandiéndole el ojal como si fuera una nube de caramelo.

Y si solo hubiera sido una follada más de verano. Pero no lo fue. Dean notaba su cariño, la forma en la que le cuidaba mientras le desvirgaba por detrás, cómo hacía por mirarle a la cara para ver si se lo estaba pasando bien, si le gustaba cómo lo hacía a ese ritmo, posando sus manos grandes sobre su vientre y su cuello. Dean no tenía respuesta para lo que estaba haciendo ese hombre. Le estaba entregando todo.

Fue con él hacia la toalla. Se tumbó de espaldas conta su masculino torso, se abrió de piernas, dejó que se las abriera cogiéndole por los muslos y que se lo zumbara culeándole desde abajo con toda su fuerza. Mientras le penetraba con la polla una y otra vez, se giró y le besó. Joder, cuánto amor profesaba. Bien sabía Dean que un verano se construía a través de grandes recuerdos y él no estaba dispuesto a dejar pasa la ocasión de vivir el mejor de los veranos.

Entró en el chalet, dio la espalda a Sir Peter y se puso de rodillas en las escaleras con el culo en pompa. Sir Peter sonrió, contento de que al chaval también le gustara jugar. Se lo iban a pasar bien juntos. Se agachó y le folló el ojete del culo con el pulgar. Se puso las botas con la raja de su culazo, pasándole el rabo entre las piernas y masturbándoselo con su mano grande y varonil, escupiéndole encima para darle lubricante. Le tenía todas las partes nobles a rebosar de vicio y saliva.

Dean se volvió loquito con esa sesión dedicada. Sir Peter no paraba, no tenía fin, apuntó con dos dedos de su mano hacia el agujero del chaval y se los metió enteritos, descubriendo la suavidad y el calor que desprendía su ano. Le dio unos cachetitos en el pandero y le hizo comerle la polla antes de sentarse en el escalón, abrazarse con sus dos cuerpos bien juntitos uno frente a otro y sentar al chico sobre sus piernas penetrando su tierno culito.

Dean saltó encima de esa polla, se la pajeó, le besó dándole todo su amor. Los brazos fuertes de Sir Peter lo abrazaban por detrás. TRas ese momento tan íntimo, Sir Peter lo tumbó en el esacalón y le metió toda la polla. Dean aprovechó que tenía a la vista el cuerpazo de ese macho para correrse encima con unos buenos chorrazos que le dejaron la parte baja del torso con lefotes aquí y allá.

Sir Peter aguantó hasta el final. Sólo sacó la polla del culo para correrse, para soltar toda esa lava de leche sobre las bolas y el pene del chaval, una buena dósis blanca y pegajosa. Dean no pudo evitarlo, alargó la mano, recogió varias veces algunos lefotes y se los llevó a la boca. Sir Peter volvió a meterle el pollón por el culo, lo sacó, le metió un pollazo en los huevos, volvió a penetrarle y se inclinó para besar a su chico, quedándose los dos un rato más unidos.

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