Viktor Rom, Vlad Castle y Diego Sphynx meten un hat trick a Julian Torres empotrando su culazo peludo sin condones con sus enormes pollazas

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Los tres encontraron diversión en las mazmorras. Viktor Rom, Vlad Castle y Diego Sphynx tenían de rodillas al cachorrito musculoso y de pechote peludo Julian Torres mamando de sus tres enormes rabos y estaba encantado mirando tanta verga junta, el sueño húmedo de cualquier adicto a las pollas. En ese momento se la estaba chupando a Vlad y tanto Viktor como Diego se miraron, comentaron la jugada y comenzaron a pajearse con efusividad.

Ese come pollas de pro estaba bien rico ahí de rodillas, completamente desnudo, con el rabo duro cilimbreando entre sus muslos, todavía con el capuchón puesto, todo ese cuerpazo lleno de pelos que les daba un morbazo indescriptible. Aunque chupara una polla, todavía tenía una mirada reojo para las otras. Sólo cerraba bien los ojos cuando alguno de ellos le agarraba la cabeza y se la enfundaba hasta el fondo, obligándole a comer más de la cuenta.

Después de unas cuentas sumergidas en las profundidades, Julian salió tocado, con los ojos llorosos y casi perdiendo el conocimiento en relación a su cuerpo terrenal, no en espíritu, donde seguía convertido en un cachorro inquieto deseando comer más y más pollas. Enseguida se puso de pie, se amarró fuerte a una barra en el techo y separó las piernas sacando trasero, esperando que esos tres se lo follaran vivo.

Vlad se sentó en la camilla que había enfrente para seguir ándole rabo. Diego no pudo resistirse al influjo de ese culazo enorme y peludo y sacrificó su polla dentro metiéndola sin condón. Le encantó ver esas nalgas meciéndose como flanes cada vez que se la metía hasta el fondo y le pegaba unos buenos caderazos. Todo lo que no había podido tragar por la boca se lo estaba tragando por el culo.

En la camilla de enfrente Vlad se acomodó cogiendo buena postura para darle de comer, pasando una pierna por su espalda y quedándose abierto para que ese mamón le comiera el rabo, los huevos y hasta el agujerito del culo. La comida bien servida. Cuando Viktor Rom tomó el control de ese trasero jodiéndole a base de bien con su gigantesco pollón mkoreno y viril, Julian no paró de mecerse hacia adelante y hacia atrás, arrastrado por el poder de esas embestidas, haciendo que el pollón de Vlad se quedara rebotando una y otra vez sobre su jeta metiéndole una soberana paliza.

La situación estaba empezando a írseles de las manos y eso les ponía bien cachondos a los cuatro. Diego tomó asiento junto a Vlad y entre los dos le dieron rabo mientras Viktor se lo follaba a pelo. Las embestidas que le metió Viktor fueron de campeonato. Ese culazo tragón se lo comía todo. Sólo quedaba una pirula por probar en su esfínter. Viktor dio la alternativa a Vlad y le dejó que culminara esa follada a tres bandas.

La diversión apenas acababa de empezar. Le colgaron atado de pies y manos del techo, lo que le dejaba descubierto, con la raja del culo abierta de par en par y los cojones apretados entre los muslos. Diego se aprovechó de él enfundándole una vez más la polla, sintiendo sobre su estómago el calor de esos huevazos cada vez que le empotraba. Cuando Viktor tomó el pulso de su ojete, de nuevo Vlad buscó otra postura imposible.

De pie sobre la camilla, se sentó literalmente sobre su cara. Julian vio venir esa polla erecta, esas pelotas y ese culazo de macho hacia su jeta y le encantaron las vistas. En menos que canta un gallo tuvo la polla de Vlad penetrando su boca. Cada vez que Diego veía ese culo en pompa, el muy cabrón se escabullía como una lagartija entre Vlad y Viktor que eran más corpulentos que él y conseguía alzarse con el premio grande, castigando ese trasero con su bien avenida pollaza, de un tamaño enorme para su complexión.

Se lo trincaron por detrás y por delante, turnándose para perforar cada uno de sus agujeros. Qué bonito estaba por ambas caras. De espaldas luciendo ese culazo pomposo que pedía pollas enormes a gritos para destrozarlo. De frente su cara bonita y su pecho todo peludo llamando a la testosterona de los tios como un canto de sirena. El más jovencito del grupo, Diego, tuvo el honor de ser el primer hombre en preñar ese culo. Vlad fue el segundo en hacerle un bebé. No sacó la pija del interior de su culo hasta que se hubo dejado dentro la última gota de leche.

Con los pelos mojados por el sudor y el néctar, Viktor se aprovechó del semen que ya brotaba del agujero para enfundarle el pollón. Se la metió toda entera de principio a fin, en una enculada demencial, hasta que le metió la tercera preñada. Con cara de gozo, Julian se ayudó con las manos para separar sus nalgas. Del ojete brotó la leche de esos tres machos. Julian la recogió con los dedos y le la llevó a la boca para saborearla. Como quien come palomitas en el cine. Viktor se sirvió un buen plato.

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