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Vlad Castle empotra el musculoso culazo de Freddy Salvador sin condón con su majestuoso, largo y grueso pollón | Fucker Mate

Muscle Feast

Ya en las duchas del gym Vlad Castle y Freddy Salvador no paraban de lanzarse miraditas y a Vlad, que le encantaba mostrar su rabo largo y gordo, no le faltó tiempo para darse la vuelta y dejar que Freddy se alimentara la vista con toda su dote. El agua recorriendo el cuerpazo de ese hombretón y resbalando por su picha grande com una buena meada, le puso a mil.

Ya delante del espejo, poniéndose guapos, entre el resto de chicos, Vlad pasó un papelito a Freddy con su dirección y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. No perdió el tiempo y se dirigió hacia su casa, donde Vlad lo esperaba desnudo y con la polla tiesa deseando follarle el culo. Pero antes de que eso ocurriera, Freddy dio buena cuenta de esa tranca bestial de veintiún centímetros, gorda, descapullada y demencial.

La vista le comía más que le hambre y pronto se dio cuenta de que la tenía demasiado gruesa como para penetrar su estrecha garganta. A pesar de eso, lo intentó, una y otra vez, porque miraba al francés y sentía que se enamoraba cada vez más de su atractiva cara enmarcada en una barbita peluda, de su cuerpazo fornido, musculoso y blanquito, de la forma curvada hacia arriba de su grandiosa polla.

Esa pedazo butifarra le estaba volviendo loco. Su sabor, su textura, la forma en la que se ponía durísima al contacto con sus labios, se ensanchaba y le crecían las venas. Cómo no intentar tragársela si le tenía completamente enamorado. Era mirar su ancha nariz, sus labios, esa miradita de conquistador y se derretía a sus pies. Cuando no era Vlad el que le paseaba el rabo por toda la cara deslizándolo por encima de ella con sus babas encima, Freddy se lo cogía y se daba una buena paliza en la jeta con su enorme miembro.

Le encantaba sentir la virilidad y el calor de esa polla en la nariz, en el bigote, en las mejillas, en la frente, en las orejas, por todas partes. Lamentó no tener más de dos agujeros lo suficientemente grandes como para que metiera ese pijote, porque le hubiera dejado follarle por todas partes si así fuese. Cuando más la decoraba con su saliva, más le apetecía ese tronco. Lo que más le gustaba era apretarla contra su nariz, notar cómo el cipote se blandía encima, bien jugoso.

Con mucho gusto se puso cobre la camita a cuatro y dejó su musculoso trasero a merced del francés, que agarró su polla, con el pulgar la enderezó hacia abajo apuntando hacia el agujero de ese hermoso culazo y le metió una buena estocada sin condón. Por esa carita de tio bueno no vio venir lo cabronazo que Vlad era en la cama, descubriendo entonces que el nombre de slo habían puesto a poesto, porque estaba hecho un buen empalador.

Sintió su enorme pie apoyándose sobre su cara, obligándole a permanecer con la cabeza pegada a las sábanas. Le escupía y le follaba. Se la sacaba del culo, la paseaba alegremente por la raja como un pincel y se la volvía a meter bien ajustada. Seguía escupiéndole, agarrándole los brazos y cruzándoselos por detrás de la espalda, detenido, follado a pelo por la porra del poli malote que había decidido tomarse la justicia por su mano.

El tiarrón era un empotrador nato y disfrutaba metiéndola por detrás, empoderando sus caderas para endiñarla entera, desde el cipote hasta cascarse los huevos en ese culazo tragón. Sólo al darse la vuelta y abrirse de piernas, Freddy pudo apreciar la belleza innata de ese macho. Fornido, majestuoso, con una pija bien larga, gruesa y dura, perfecta para follarse culos como el suyo, tan musculosos y grandotes.

Podía apreciar cada centímetro de esa enorme polla, que tanto le gustaba por su forma y su tamaño, deslizándose por el interior de su ano. Le encantaba sentirlo tan adentro. Vlad le enseñó a montar sobre sus piernas. No era tan solo la culeada que le estaba metiendo desde abajo, era también el poder mirarle directamente a los ojos lo que le excito sobremanera, hasta el punto de caer perdidamente enamorado.

Mientras se la estaba pajeando con el culo, escuchó su voz profunda y varonil avisando de que estaba apunto de correrse. Vlad se sentó en la cama, se la empezó a pelar y Freddy se inclinó para tener la polla a tiro. La mano de Vlad cada vez pajeaba más y más rápido. De repente frenó casi en seco, ladeó la cabeza para ver la guarrada que estaba a punto de cometer, colocó una mano en el cuello de Freddy y se deslechó a gusto vertiendo toda su leche en sus morros y en su hombro.

Freddy se quedó un buen rato chupándole la verga corrida, deleitándose con el sabor de su semen, esperando a que saliera hasta la última gota de ese pollón, relamiéndose los dedos. Así se quedó, amamantándola, aprovechándose de que poco a poco se iba desinflando para metérsela, ahora sí, toda dentro de la boca. Le encantó que un tiarrón así le hubiera dejado con los morros tan sucios.

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@ fotos por Oscar Mishima

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