Ryan Ellis disfruta a solas explorando su cuerpazo y se hace una paja en la bañera | Men At Play

The Québécois

Ser un tio tan guapo y atractivo y estar tan bueno no era nada fácil. Al volver del trabajo, Ryan Ellis tenía un montón de mensajes de chicas deseando pasar un buen rato con él. Muchas se sentían satisfechas quedando en una primera cita, admirando su porte y su sonrisa embriagadora disfrutando de una conversación, pero otras como Britany buscaban algo más y es que no era fácil olvidar el cuerpo desnudo de Ryan.

Ese día llegó especialmente cansado y la idea de sudar en la cama no estaba dentro de sus planes. Prefería algo más íntimo y personal, algo como relajarse tranquilito a solas y hacerse una paja. Se aflojó el nudo de la corbata que parecía que le iba a ahogar, se desabrochó el botón de los pantalones, bajó la cremallera de la bragueta y continuó con la camisa blanca destapando su torso desnudo, musculoso e imponente cual superman.

Después de escuchar tantas órdenes, llevar tanto papeleo y tanto estrés en la oficina, acariciar y explorar su propio cuerpo fue la mejor de las medicinas. Cerró los ojos y se dejó llevar. Ryan sabía que estaba bueno, las chicas no paraban de decírselo, pero ahora iba a descubrir cuánto, iba a descubrir por qué ellas lo deseaban con tantas ganas. Le bastó pasar su mano por los abdominales y por sus pectorales peluditos para que el rabo se le pusiera morcillón bajo los calzones.

Se lo tuvo que sacar a la fuerza. Apenas estaba despertando. Estaba acostumbrado a verse la polla a todas horas, pero esta vez se fijó especialmente en su tamaño y su forma. Un larguísimo rabo de veinte centímetros, algo más gordo a medida que se acercaba al cipote, despertaba de su letargo al dejarlo salir de los apretados gayumbos, despegándose de los huevos calientes y estriándose, desperezándose y tomando su alargada forma inclinándose hacia adelante.

Sentado en el sofá, con los pantalones por los tobillos y escuchando el leve tintineo del cinturón, se tocó las bolas y dejó caer su enorme rabo sobre su muslo derecho agarrándolo con una mano, sintiendo cada una de sus palpitaciones. Le había crecido el doble y ahora era una hermosa polla con un impresionante capullo, después de que la piel que lo recubría se echase hacia atrás al crecerle el nabo.

Poco a poco se fue desprendiendo del traje, de las ataduras y se quedó completamente desnudo, sentado en el sofá, acariciando su cuerpo masculino y varonil, gozando del contacto. Elevó un brazo y lo pasó por detrás de su cabeza. Olía un poquito a sudor, pero era un aroma que le ponía muy cachondo. Aún así, sí, necesitaba una ducha.

En el baño siguió explorando su cuerpo. Volvió a fijarse en su polla. Ahora le parecía incluso más larga y el cipote era jodidamente gordo e imponente. Ahora entendía por qué todas se lo gozaban dentro de la boca como si fuera un calipo. Con ese cipotón dentro, apenas les quedaba hueco para seguir jalando rabo. Se la cogió con la mano, la apretó con fuerza y no dejó de meneársela hasta que le flojearon las piernas y los brotes de leche empezaron a aflorar de la raja, acabando con su estrés y dejándole tremendamente aliviado.

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