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Tim Kruger se apodera a pelo del culazo del guapísimo Oskar Ivan y catapulta su leche del cipote a su frente de un pollazo | Tim Tales

Dos cuerpos masculinos desnudos en la azotea, unidos el uno al otro y bañados por la luz del sol. Tim Kruger no podía dejar de zambullir su enorme y gigantesca polla en el interior del culazo de Oskar Ivan, el chulazo colombiano que estaba frente a él dándole la espalda, con las piernas semiabiertas y el culito echado hacia atrás, ofreciéndoselo todo.

Antes de follárselo como a un perro, le dio de comer rabo. Era impresionante la forma en la que encajaba el pollón en su boca y lo mucho que tuvo que abrirla para recibir todo su miembro. El cabrón le echó un par de cojones y tragó a fondo hasta que se le marcaron bien las venas del cuello, en señal de que la tenía dentro de su garganta impidiéndole respirar oportunamente.

Tim no podía flaquear ni un segundo con ese gamberro arrodillado a sus pies. Su polla permanecía firme y dura gracias a que el chaval era guapísimo y tenía algo en la mirada que le cargaba los huevos y activaba el resorte de su polla para hacer que permaneciera erecta. El torso de Oskar Ivan, definido, musculadito y con unos incipientes pelitos cubriendo sus pectorales, era lo que necesitaba para sentir que se la estaba mamando un buen machote.

Al darle por culo no podía retirar la vista de su despampanante culazo, de su cabecita con ese pelazo negro, con ese corte de pelo estilo militar rapadito por los lados, del perfil de su guapísimo rostro del que se estaba enamorando perdidamente. Aprovechando que Oskar estaba tendido y abierto de brazos y piernas, Tim se colocó de lado apreciando cada parte de su cuerpo, sus bolas y su buen pollón reposando contra su barriga, algo en lo que hasta ahora no se había fijado, y le amó con la polla metiéndosela y sacándosela enterita.

De tanto meter y sacar, el vicio y el calor hicieron de las suyas. Estaba tan cómodo que podía haber seguido dando buena cuenta de ese culazo horas y horas con el pito duro, pero en un momento de debilidad, sacó el rabo, se lo meneó y ledejó el agujero del culo llenito de leche. Entonces ocurrió algo con lo que no contó. Volvió a meterle la polla sin condón toda corrida, observando cómo se arrastraba la leche por su enorme pene cada vez que penetraba su ojete. Al retirarse en batida, como la polla todavía estaba durísima y super tiesa, el poso de semen que había recogido sobre su cipote, salió volando hacia arriba y le cayó a Tim sobre la frente. Su propia leche en su rostro como una bendición.

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