BamBam y Leo Grin se follan a pachas y meten doble preñada a Joe Gillis mientras Viktor Rom y Sir Peter ponen a comer rabo a Martin Mazza

Diablo XXX-2

Al lado de la barra del bar del Organic Madrid Club, Leo Grin, Joe Gillis y BamBam estaban follando a pelo como perros. Un cuadro identificativo con un hombre a cuatro patas y el rabo colgando mientras otro le daba por culo, dejaba bastante claro que a partir de esa zona comenzaba el infierno desatado y los diablos podían ponerse a fornicar libremente. Mientras eso ocurría, el mayor demonio de todos, Viktor Rom, entraba por la puerta y se ganaba la confianza del recepcionista Martin Mazza y del camarero Sir Peter. Una vez más.

Y es que cuando uno bajaba a los infiernos y subía de nuevo a tierra, tendía a olvidar caras y sucesos, haciendo que cada día, cada hombre y cada follada fuese como la primera. El culazo peludete de Joe se estaba convirtiendo en recipiente de placer para Leo y BamBam, que se lo turnaban para machacarle a pollazos. Cómo cerraba los ojitos el cabronazo y soltaba ese gemido de placer al sentir que una nueva polla le jodía el ojete.

BamBam, que de culo y caderazos iba más que sobrado, le metía cada pollazo que temblaban los cimientos, dejándole con el agujero reventado, más cachondo que una perra, a merced de los demás hombres, que aprovechaban la ocasión para calentarle todavía más. Entonces esa boca se volvía más hambrienta y más tragona que de costumbre.

Qué pronto aprendían los nuevos pecadores de los veteranos, que miraban de cerca el espectáculo no sin cierta envidia, recordando sus inicios, pero también sin renunciar a los placeres más mundanos. Sir Peter había salido de detrás de la barra, ya estaba en plan colegueo con Viktor y Martin de rodillas, comiéndose una vez más ese par de rabos gordos y gigantes que tan bien le rellenaban cada hueco de su cuerpo.

De todos, el recepcionista parecía ser el que mejor recordaba a cada tío que frecuentaba el local. La forma en la que perdía el sentido comiendo los mejores rabos, los ojos casi bizcos mirando los dos cipotones impresionantes con una buenas rajas escupe leches, que buscaban el calorcito y la humedad de su lengua. Al escuchar por ahí arriba que uno de ellos decía “doble penetración”, le puso más empeño. Iba a necesitar unas pijas bien engrasadas para aguantar dos vasos de cubata como esos perforándole el ano.

Cuanta razón tenía el puto cuadro. Eso sí que era realismo en estado puro. Ahora Martin era era el hombre abierto de piernas con el rabo colgando y el otro que estaba detrás era Viktor fundiéndoselo por detrás. Cómo no caer en el pecado viendo dos tríos de machos follando con tanta energía, rabos enormes, culazos tragones hasta decir basta. Más de uno entraba por la puerta y se santiguaba, con la única intención de que el ser supremo les perdonara por todos los pecados que iba a cometer en aquel lugar lleno de vicio y tentaciones.

Viktor y BamBam empotraban, Joe y Martin encajaban todo por detrás y sin condones, Sir Peter y Leo aguardaban su turno callando bocas, dando de comer rabo, hasta que llegaba el momento y metían rabo por ese agujero ya dado de sí pero todavía lo suficientemente estrechito como para sentir placer. Animado por BamBam, Leo metió el turbo con una follada apoteósica. Tras un machaque flipante, paró en seco, con su miembro viril en el interior del agujero del culo, gritando, corriéndose, preñándole por dentro.

BamBam acudió a meterle mano para frotarle con los dedos, con toda la leche dentro y aprovechó el lubricante de su colega para meter el rabo y unir su leche a la del otro diablillo. Doble preñada. Joe tenía todos los pelos de la raja mojados con el semen de dos tios. Al día siguiente puede que se levantara solo en su camita, con el ojete algo dolorido e incluso que cagara leche, pero no recordaría su estancia en el infierno, hasta que volviera a pasar por él.

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