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Sean, Josh, Justin, Cody y Devy se montan una orgía en la cabaña con pajeos, mamadas, gang bang y preñada | Sean Cody

The Cabin

La primavera estaba a punto de llegar y los últimos coletazos de frío del mes de marzo hicieron que los chicos tuvieran que hacer arder madera en la chimenea. Para eso, antes tenían que cortarla y se reunieron en torno a los troncos para decidir quién era el mejor leñador de todos. Cody apenas podía sostener el peso del hacha en sus manos, a Sean se le daba mejor tontear poniéndose el mano entre las piernas simulando que la tenía más larga que ninguno, Justin ni lo intentó, echando miradas cómplices a Devy, del que estaba empezando a enamorarse, más cuando vio su estilazo partiendo leña, quitándose la camiseta en mitad del frío y dejando a todos alucinados con su espectacular torso desnudo sobre los vaqueros. Fueron él y Josh los que dieron más la talla.

Al calor de una improvisada hoguera de fin de invierno, los chicos se calentaron las manos y las bocas a la caída del sol y más tarde se refugiaron en la cabaña con los pijamas puestos para irse a la cama bien descansados. Cuánto tiempo pasaría hasta que volvieran a hacer un viaje sólo de chicos como ese. Lo iban a dar todo. La pizca de amor que pudiera haber de días anteriores se había esfumado. Lo que había en el salón era vicio y deseo.

Como si estuvieran juegando a pasarse un hielo de boca en boca, formaron una hilera de besos, comiéndose las babas de unos y de otros. Pronto los besos no fueron suficientes y los pijamas que llevaban de una sola pieza invitaban a fantasear, porque al final de la larga hilera de botones sabían que podían sacar una buena minga para comer. Justin y Devy estaban mano a mano con Sean en uno de los sofales, uno a cada lado, comiéndole la boca y tocándole el rabo. Apartado en el otro sofá, Cody se alimentaba de la polla de Josh amamantándosela a boca llena.

A todos les apeteció rabo para cenar y es que entre los cinco había buena calidad para escoger sin riesgo a que te tocara una que  no te gustara. Todas estaban buenas. Justin compartió con Cody la de Josh y Sean se inclinó para degustar por primera vez la de Devy. Eso sucedió poco antes de que Devy, Justin y Sean, sentados en el sofá, recibieran una mamada de Cody y Josh que estaban arrodillados delante de ellos pasando de un rabo a otro.

El ambiente se fue caldeando y la cabaña empezó a oler a macho, el olor que más les gustaba, a sonar a macho, con gemiditos apagados provocados por el roce de las bocas sobre sus espectaculares pitos. La orgía estaba  apunto de comenzar. Josh fue el primero en triunfar. Se aprovechó de que Justin estaba ocupado mamando polla y especialmente tierno esa noche para colar el rabo por el interior de su ano sin condón. Sean le ayudaba a meterla, empujando hacia afuera las nalgas con las manos.

Josh, Sean y Cody se habían dado cuenta hacía tiempo de que esos dos se molaban, así que le sdejaron un rato de intimidad. Después de recibir el rabo de Josh, Justin se sentó encima del de Devy y una vez más volvieron a hacer el amor, o como quiera que pudieran llamar a eso de no poder despegarse el uno del otro de lo mucho que se gustaban. Josh y Sean se quedaron en la alfombra, dando buena cuenta del culo tragón de Cody.

Saciado el momento de amor entre Justin y Devy, los dos se acercaron para participar de la fiesta y no se pudieron límites para follar. Cualquiera tenía permiso para joderse un culazo, para mamar una polla o para quedarse mirando en el sofá abrazado a un colega y compartiendo sesión nocturna de pajas entre tios. Eso es lo que decidieron hacer Devy y Sean, zurciéndose los rabos a destajo con las manos, sintiendo el calor de sus cuerpos uno cerca del otro, admirando sus musculosos cuerpazos mientras los otros tres follaban delante de ellos.

Pero nada duraba mucho tiempo con el calentón que tenían, con la necesidad que tenían de culminar esa aventura salvaje de la forma más rocambolesca posible. Que no querían irse de allí sin haberlo probado todo estaba claro. Sean, de pie, cogió a Cody y le dio la vuelta de tal forma que podía chuparle el pito mientras Cody hacía lo mismo con el suyo. Un sesenta y nueve de pie. Devy se coló entre la spiernas de Sean y mientras Cody mamaba, él se dedicó a comer huevos.

Se la pusieron durísima, lo cual no evitó que Sean pusiera el culo para que Justin se lo pinchara por detrás y luego acudiera Devy para hacer un trenecito de tres. Y el mejor, el vagón de en medio. Justin empezó a culear y a gemir en alto sin poder controlarse. Si embestía hacia adelante notaba su polla hundiéndose en un generoso culazo, sí se relajaba empujando hacia atrás, su cul se llenaba con el rabo de Devy. No tenía escapatoria.

Satisfechos, palmeándose los culos con una sonrisa, los tres se arremolinaron de pie en torno a Cody que todavía estaba siendo follado por un incansable Josh. Estaba claro quién iba a ser el que tuviera el honor de recibir el placer de todos los chicos sobre él. Uno detrás de otro se turnaron para meter un gang bang a Cody, que estaba en el cielo viendo a esos cuatro machotes guaperas y musculosos trajinándose su culo.

Sean fue el primero en mojarle las nalgas y las ingles con su semilla, Justin el segundo, metiéndole unos buenos y certeros disparos en el agujero y por debajo de las pelotas. Josh unió su caldo al de los demás chicos y aprovechó, como todos, el suavecito tacto de la lefa para metérsela por el culo y follárselo por última vez. Devy fue el último en entregarse su semen, pero lo hizo descargando dentro de él, fundiéndose en una preñada bajo la atenta mirada de Sean que fue viendo cómo sus colegas, uno detrás de otro, descargaban toda la rabia que llevaban dentro.

Besos, tocamientos, cuerpos bañados en sudor, músculos a tope, caras sonrojadas, rabos corridos colgando entre sus piernas. Los cinco formaron un círculo sonriendo, besándose, tocándose, disfrutando de esos momentos únicos después de una buena corrida. El viaje había estaba de putísima madre y seguramente volverían a repetir. Ahora tocaba volver a la gran ciudad, pero les bastaría con cerrar los ojos y transportarse a esa cabaña en mitad de la nada, para sentirse de nuevo como si estuvieran allí otra vez.

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