Ricky Blue se folla el culazo mafioso de Jonathan Miranda en el taller mecánico | Men At Play

Scam

Si Jonathan Miranda creía que se la podía colar a un experto en bólidos como Ricky Blue, lo llevaba claro. Coches de lujo robados, que jamás habían sido identificados por la policía. En cuanto Ricky se puso a los mandos de uno, se dio cuenta de que algo no estaba bien y es que a todos los coches les faltaban una o varias piezas.

La Mafia no le asustaba, más bien la Mafia estaba a sus pies, porque a tipos como Jonathan que estafaban a los peces gordos se los merendaba él de tres en tres. Le amordazó a una silla. ¿Cuánto le había costado a Jonathan ese trajecito impoluto que llevaba? Se lo llenó de grasa y estampó en su traje de marca la palabra “estafador“. Porque eso es lo que era.

Estafador, basura y además estaba a punto de convertirse en mucho más que eso, en un mamón y una putita. Ricky le agarró de los pelos y le obligó a ponerse de rodillas. Se desabrochó la chaqueta del traje y se puso cómodo para desabrocharse la bragueta. Hacer de malote siempre se la ponía bien dura y esta vez no era distinto. Sacó su pedazo manguera, agarró el cogote de Jonathan por detrás con una mano e impulsó su cabeza hacia adelante haciéndole tragar rabo.

Donde había una mano puso las dos, se inclinó hacia adelante y empezó a follarle la jeta. No cesó hasta sentir que la bolsa de los huevos se estampaba contra sus carnosos labios. Se prometió a sí mismo que ese no iba a salir por la puerta del garaje sin decir que había probado los mejores bajos fondos de toda su puta vida. Para que después fuera cascándoselo a la Mafia.

Le dio la vuelta y le inclinó hacia un neumático. Separó sus piernas lo justo para ver la raja de su culo abierta y meterle unos dedos. Un dedito ya entraba apretado, con dos comenzó a gemir de dolor y gusto. Ricky miraba su pedazo polla pajeada en su otra mano y se relamía pensando lo justita y apretada que entraría por el hueco. Tuvo la decencia de ponerse un condón. Todo lo que se usara para protegerse de la Mafia era poco.

Ricky mentiría si no dijera que le sorprendió ver cómo ese culazo tragaba rabo, sobre todo después de ver cómo un simple dedo le entraba tan justo, pero disfrutó cada segundo dándole por culo con saña. Algo le decía que a Jonathan le usaban como moneda de intercambio y que la suya no era la primera polla que recibía. A la estampa y la grasa que Jonathan llevaba encima, Ricky unió la leche de sus pelotas, corriéndose encima de su traje.

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