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Abel destroza el culazo atrapapollas de Alex Roman y le deja el ojete mojadito de lefa | Tim Tales

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Estaba destrozándole el culo, pero Alex Roman no podía dejar de culear una y otra vez ese cilindro enorme de veinte centímetros que el españolito Abel tenía entre las piernas tan duro y tieso. La polla en carne viva, roja y con las venas marcadas de tanto roce, el agujero en el culo de Alex, tan dilatado que le hubiera cabido un buen puño por el hueco. El vicio de estar tan cerca de una enorme verga y sentir la necesidad de tenerla.

La cosa comenzó minutos antes, de forma algo más relajada, con Abel sentado en el sofa en pelotas, agarrando a Alex por el cogote mientras el chaval le dedicaba una profunda y placentera mamada comiéndole todo lo que le cabía del pollón por la boca. Estaba tan mono con esa pose de colegial leyendo su revista favorita, bocabajo y con los codos apoyados en el sofá, las piernas levantadas de las rodillas hacia abajo, entrecruzadas, entretenido en la lectura.

No era precisamente una revista lo que tenía entre las manos. Alex miraba fijamente a Abel mientras plantaba dos deditos en la base de su gigantesco pollón y lo atraía hacia su cara. Unos besitos, el frote de sus labios contra la piel del rabo, el cipote restregándose por su nariz. Abel no podía más. O le jodía la cara a lefazos o empezaba la fiesta. Y decidió lo segundo.

Le puso a cuatro patas y le metió la polla con rabia por detrás, enfilándosela enterita a pelo dentro del culo, un ojete que se la atrapaba de puta madre y que le recordaba a la succión de un fleshjack, en el que daba tanto gustito meterla, como tanto costaba sacarla. Menudo puto vicio. casi le saca oro al chavalote. Le hizo un ovillo sobre el sofá y le porculeó el ojete a un ritmo infernal, destrozándoselo con su mágica vara de veinte centímetros hasta que se le infló el cipote a punto de reventar.

Abel no pudo ni pensar cuando le vino el gusto de la corrida. Le pilló en plena follada sobre la mesa y no supo decir a ciencia cierta si el primer lefote se lo dejó dentro o fuera, porque cuando logró salir del calorcito de ese culo atrapapollas, se la vio tan dura y tan grande que le entregó todo el amor de sus pelotas. De lo que sí estaba seguro es de que le rellenó el agujero con unos buenos lefazos bien cargados de esperma y de que volvió a mterle la polla con el nuevo lubricante de macho.

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