El atractivo y super dotado Lachlan Wolf se casca un buen pajote en la cama | Bentley Race

No pude evitar enamorarme de sus grandes ojos marrones. Me acerqué a la boca de Lachlan Wolf tímidamente, afrontando un posible rechazo. Pensé que era esa clase de tios a los que todos ven guapo y atractivo. Pensé que seguramente muchos acabarían tan enamorados que harían lo mismo y que él busca otra cosa. Pero me dejó seguir adelante.

Le besé en los labios mientras nuestras miradas permanecían unidas y algo se ponía duro entre nuestras piernas. Cerré los ojos del gusto. Tenía una prominente barba que esperé áspera, pero no, era suave, negra, una selva en la que perderme, en la que frotarme eternamente. Cuando recuperé la consciencia que había perdido brevemente dejándome llevar por mi deseo, él me estaba lamiendo la oreja, susurrándome gemidos.

Me llevó a los baños para que le comiera la polla. Una sonrisa suya fue suficiente para dejarme caer, para ponerme de rodillas como una buena puta. Menuda pinga tenía el cabronazo, larguísima, gorda sin caer en el extremo, completamente descapullada, dejando a la vista un enorme cipote que se erigía en dueño y señor de su preciosa verga.

Apuntaba hacia arriba como un poste tieso, durísima. Me entró tanta hambre que descargué mi ira sobre esa polla comiéndomela a lo loco, rebozándola por toda mi cara sintiendo el calor que desprendía, su dureza. Mientras hacía eso, se corrió encima y desde mi frente empezó a resbalar un sudor blanco y espeso que me relamí de gusto.

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