Especial San Valentín: Nicholas Ryder estrena a Casey Kisses sin condón sobre una cama de pétalos | Trans Angels

Llevar una doble vida estaba convirtiendo a Nicholas Ryder en un hombre nuevo lleno de energía. Vale que tener dos casas que mantener y ocultar algunos pequeños secretos era algo que le estaba volviendo un poco loco, pero en cuanto al terreno sexual sus fantasías quedaban totalmente satisfechas, por activa y por pasiva.

Estaba satisfecho con su mujer, tenía muy claro que le gustaba comer almejas y hundirla en un coño calentito, pero de repente un buen día empezó a interesarse por las pollas. No sabría decir a ciencia cierta si ocurrió por ir tanto al gimnasio viendo tantas mingas en los vestuarios o por leer tantas revistas de culturismo y moda masculina, pero un día se sorprendió a sí mismo llevándose una revista de machos desnudos al baño y cascándose una paja a esacondidas en el retrete.

Desde entonces su gusto por chochitos y rabos se igualó y ya no le bastaba con su mujer. Ella le podía amamantar perfectamente con sus grandes pechos, entre los que aún le encantaba meter la cabeza como un bebé de teta, pero no podía ofrecerle un buen rabo o un biberón calentito que llevarse a la boca. A menudo empezó a salcar la basura a horas intempestivas y tardaba un buen rato en volver. Para evitar suspicacias de su mujer, le compró un perrito que él se encargaba de sacar de paseo por las noches, se iba a algún callejón de la mala vida y allí penetraba culitos de jovenzuelos y se pajeaba con otros hombres.

Así fue hasta que descubrió que podía tenerlo todo, a un hombre con cuerpo de mujer con su sexo masculino intacto. Conoció a Casey Kisses en un club de striptease y nada más verla se juró que le propondría matrimonio. La tia salió al escenario con un par de cojones y una buena pollaza y esos pechitos tan suaves y turgentes le volvían loco. Pronto sólo tuvo ojos para él y, aunque se dedicaba a rondar a otros hombres que pagaban por el mismo espectáculo, en él se entretenía mucho más, dándole de comer polla y zarandeándole la cara entre sus enormes tetas.

Rabo y peras, todo lo que un hombre como él podía desear en esta vida. Con la excusa del trabajo, se sacó viajes de la manga. El primer San Valentín con Casey tenía que pasarlo con ella. Al entrar por la puerta se encontró un sendero de pétalos que conducían hasta la habitación. Allí estaba ella, desnuda como una obra de arte. Fue andando hacia la cama quitándose chaqueta y la corbata. Con las manos liberó ese cuerpo perfecto retirando los pétalos que tenía encima, anudó su corbata alrededor de su cabeza como si fuera una venda para taparle los ojos, se desabrochó la bragueta y le dio de comer de su polla que ya estaba bien dura.

A medida que se la chupaba, a Casey empezaba a crecerle su propio rabo y Nicholas bajó a hacerle una buena mamada. “Tengo un regalito especial para tí“, le susurró Nick al oído. Le dio la vuelta poniéndole a cuatro patas y por primera vez le folló el culo sin condón. La muy zorra gimió de placer y Nicholas le petó el culo de lo lindo.

Su mujer nunca le dejaba darle por detrás, así que Casey en eso era su complemento perfecto. Había otra cosa que nunca podría darle. Nick se tumbó en la cama llena de pétalos que olía a rosas, Casey se sentó sobre su polla que estaba dura como una estaca y empezó a cabalgarle como una jamelga, dejando su pito libre, tan largo y morcillón que empezó a propinarle una buena tunda de pollazos en todos los huevos cada vez que saltaba y la picha caía por su propio peso metiéndose entre sus piernas.

Nicholas, el guapísimo principito de ojos azules que había encontrado la estabilidad entre el amor y el sexo en este mundo, estaba sudando por dar tanto placer. Notó que le venía la corrida, sacó la picha del culo y se contuvo hasta tenerla sobre esos bellos lechitos. Se la pajeó duro y se corrió sobre los gordos pezones y el valle de sus tetas como un buen machote.

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