Sergeant Miles y Brock Magnus rellenan el culo y la boca de Ken Summers con sus rabos a pelo | Lucas Entertainment

El spit-roasting no es ninguna atracción de feria, aunque casi, porque su función es hacerte pasar un buen rato. Básicamente consiste en que un tio mete su pene por el ojete de un pasivo mientras un tercero le da de comer rabo por la boca. Vamos, así dicho más finamente, que te rellenen todos los agujeros, que es lo que le mola a Ken Summers, a él y a muchos.

Tener al chulazo cachas de Brock Magnus petándole el ojal ya es la hostia, pero si encima le unes al papi tatuado con barbita Sergeant Miles, ya todo sale redondo. No le dan rabo enseguida, que va, estos dos chicarrones no son de los que se bajan los pantalones a las primeras de cambio, sólo lo hacen unos segundos después de haber puesto cachondo al chaval que se van a follar a pachas.

Le invitan a chupar un pollón de goma negro y ya le ponen sobre aviso: el grosor de sus rabos es el mismo. Ken se aplica y sin querer les va poniendo las pollas morcillonas bajo los vaqueros. Para cuando se quitan los bajos, ya las tienen bien duras. Brock se queda sentado en el sofá con su cuerpazo de vicio y toda esa polla de macho empinada. Ken no puede desperdiciar esa estampa y se sienta sobre sus piernas clavándose toda la estaca.

Está de espaldas y escucha gemidos apagados. Le basta girar la cabeza para ver de dónde vienen. La boca de Brock está ocupada intentado chupar el largo y enorme pollón del sargento, una tarea casi imposible. Las pollas se mudan del culo a la boca como en una noria y empiezan el spit-roasting follándoselo por turnos. El sargento es menos condescendiente con su trasero, se lo empala como un animal e incluso piensa en su compañero, aprovechando sus manos libres para abrir la boca de Ken y que pueda tragar más a fondo el rabo de Brock.

Los dos parecen muy compenetrados, un tándem perfecto que se lo hacen pasar de vicio. El dildo negro hace acto de presencia de nuevo. Lo usan como complemento para meterle doble rabo por el culo. Se corren en cadena. El chulazo le deja babas de lefa en la boca que le ponen cerdo y le llevan a correrse. El sargento no aguanta mucho más viendo los ricos lefazos y se corre como debe hacerlo un buen macho, con las caritas de sus polluelos bajo su polla esperando la comida.

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