Tendencia

Gage Palmer pilla a su nuevo papi Alex Kof en la ducha y termina bien follado a pelo y preñado en la camita de su habitación | Say Uncle X Family Dick

It Will Be Our Secret

5 TOP GAY PORN SITES

El nuevo noviete de la madre de Gage Palmer estaba jodidamente riquísimo. Hacía poco que ella y Alex Kof habían contraído matrimonio y ahora los tres formaban una familia conviviendo bajo el mismo techo. Ya la primera mañana de convivencia, Gage, que aunque parecía un chico tímido y formalito, estaba en esa edad de hacerse varias pajas al día y pensar siempre en lo mismo, escuchó el ruido de la ducha y se acercó al baño aprovechando que el nuevo inquilino se había dejado la puerta entreabierta.

Pensaría que poco había que esconder, si su nueva mujer ya le había visto en bolas y su hijo era varón y tenía cola como él. Bueno, exactamente como la suya va a ser que no, porque la de Alex era larguísima y le colgaba entre las piernas como un buen badajo. Gage pudo comprobarlo de primera mano desde la rendija de la puerta entreabierta y no pudo evitar morderse el labio inferior al verle completamente desnudo, con el pijote colgando y meciéndose a cada movimiento que hacía, enjabonado, el agua resbalando por su musculoso cuerpo de tio cachas.

Pechote cuadrado y algo peludete, brazos de titán con unos biceps de ensueño y un culazo grande de macho que no le extrañaba que su madre le hubiera elegido para ocupar un lugar en la cama, porque un tio así tenía que empotrar de lujo y le gusto que daría tenerlo encima haciendo un buen trabajo. Cuanto más le miraba de arriba a abajo, más trempaba Gage, que ya tenía la cola durita y se estaba tocando.

Estaba tan ensimismado observando ese cuerpo griego que no fue consciente de lo mucho que había separado la puerta, por lo que Alex le pilló. Gage le pidió disculpas y se dispuso a regresar a su habitación, todo abochornado, cuando Alex le llamó desde la ducha y le dijo que pasara dentro del baño para hablar de hombre a hombre.

«¿Te estabas tocando mientras me mirabas? ¿Te gustan los chicos?«, le preguntó. Gage intentó esquivar como pudo la pregunta contestándole que solo había pasado para echar una meada medio dormido, se la estaba sacando antes de entrar y justo se dio cuenta de que el baño estaba ocupado. La respuesta no pareció convencer a Alex, que siguió hurgando en la herida.

«¿Entonces por qué me miras tanto la cola?«. Y era cierto, Gage no podía retirar la vista de ese rabo largo, grueso y enjabonado colgando entre las piernas de ese maromo, más ahora que lo tenía cerca. «¿Sabes? Creo que sí que te gustan los rabos, pero que no sabes cuánto. Puedo ayudarte a descubrirlo. Quédate conmigo y hacemos cosas de hombres a ver si te gusta y así te decides«. La idea de besar a ese hombre, de posar la mano en su pene grande y  caliente, de sentir el tacto de sus manos sobándole, era demasiado poderosa.

«Pero, ¿y si se levanta mamá y nos pilla?«, le sugirió. «Bah, tu madre está deseando que congeniemos y compartamos actividades, si entra nos damos la vuelta y le decimos que estamos compartiendo ducha para ahorrar agua como buenos coleguitas«. La verdad es que la respuesta era convincente y Gage estaba cachondísimo y excitado. Se quitó la ropa y se metió con su nuevo papi en la ducha.

Durante un rato se quedaron mirándose a la expectativa de lo que iba a ocurrir. Al rato se acercaron y en cuanto rozaron sus cuerpos todo lo demás fue de seguido. Gage experimentó una sensación única que no había sentido antes cuando las manos grandes y varoniles de Alex empezaron a invadir su espacio vital sobándole el cuerpo desnudo y cuando le robó un beso con lengua que se convirtió en un morreo. Fue como si la alegría inundara su cuerpo de pies a cabeza y por propia voluntad decidiera entregarse a ese macho.

Dirigió la mano a su sexo, que ya no estaba flácido, sino completamente duro y empinado, triplicando su tamaño, se lo cogió y se lo masturbó mientras seguían comiéndose las bocas. «Espero ser un buen padre para ti«, le dijo dándole la vuelta, acariciando su culito blanco y precioso para después alcanzar una esponja y encargarse de lavarle por todas partes, deteniéndose en su cola y sus pelotas para dejarle bien limpito.

Durante la limpieza, Gage estaba en otro mundo, uno que no podía creer que fuera real. Cada vez que Alex se movía en el estrecho espacio en la bañera, con el agua cayendo sobre sus cuerpos desnudos, sentía la pola larga, grande, durísima y caliente rozándose el culete o los muslos, sintiendo el calor que desprendía el cuerpazo cercano de ese tiarrón despampanante.

De entre todas las partes del cuerpo, Gage notó que Alex siempre se decantaba por su culete, así que se lo puso a huevo dándole la espalda, inclinándose hacia las baldosas y poniendo el culito en pompa. Notó por su expresión que le gustaban tanto sus nalgas redonditas y blancas como a él su polla. Éxtasis y algo mucho más allá es lo que sintió Gage al sentir el tacto de la mano de Alex recorriendo su trasero, paseándose entre sus piernas, sobándole las pelotas y el rabo, chupándose un dedo para colarlo por su raja, paseando la yema por la entrada, a punto de hundirla en su ojete.

Le vio agacharse por detrás y ponerse cachondo admirando ese culito jovenzuelo y virgen de cerca. Le dio un cariñoso besito en una nalga, luego en la otra. Podía sentir su aliento agitado en toda la rajita. Incrementó el ritmo de los besos, se fue abriendo hueco entre las nalgas y acabó sacando la lengua, relamiéndole todo el ojete, hurgando por ahí dentro, retozando con la jeta entre sus cachas, paseando toda la cara por la raja, perdiendo la cabeza con ese culito precioso.

No se le cayeron los anillos por ir más allá, cogiendo las pelotas y el rabo del chico, pasándolos entre sus muslos y besándolos antes de hurgarle con el dedo en el ano. Se puso de pie y animó a Gage a chuparle el rabo. El chico se agachó y, antes de que pudiera siquiera darse cuenta del pedazo de pollón que tenía delante, ya lo tenía golpeándole los labios con ganas de entrar dentro de su boca.

Una cosa era mirarla desde la puerta, otra distinta verla desde arriba y otra muy distinta tenerla a un palmo. Gage no encontró palabras para describir ese monumental pollón, simplemente gigantesco. El cipote grande y lustroso rellenándole la boca, Alex empujando con las caderas, follándole la boquita, sacándole unas buenas arcadas al intentar penetrarle la garganta. Como mamá les pillara en ese momento a ver cómo explicaban eso de compartir actividades, porque eso eran palabras mayores.

A Gage le encantaba ese rabo y a Alex también. Le gustaba meterla en la boca, de lado, observando cómo el cipote desplazaba hacia afuera la mejilla del chaval para luego darle unos golpecitos. Agarró la cabeza de Gage como si fuera una pelota, a dos manos, y la hizo rebotar atrayéndola hacia su entrepierna, haciéndole tragar cada vez más, hasta que presionó lo suficiente como para que Gage se tragara todo su pene entero.

Gage sintió cómo ese gigantesco y fornido rabo pasaba por su garganta y le dejaba sin respiración, la cara roja, las venas del cuello y la frente hinchadas, escupiendo saliva por la boca cada vez que intentaba respirar. Jamás un hombre le había hecho eso. Por la educación que le habían dado, se supone que debería haberle pedido permiso antes, pero el hecho de que lo hiciera a traición, le había molado.

«Vamos a mi habitación y me lo haces como se lo haces a mamá«, le dijo todo cachondo Gage, deseando que ese tio le empotrara a la fuerza. Al entrar, Alex se lanzó sobre la cama del chico, pasándose los brazos por detrás y viéndolas venir, a ver de qué era capaz ese benjamín. Al ver a ese tio tan atractivo, ese cuerpazo musculoso y morenito, su grandísima polla, todo destacando sobre las sábanas blancas, Gage no tuvo ningún tipo de dudas de que le tiraban los rabos.

Se sentó poniendo el culete a la altura de las caderas de Alex, le cogió el pene firme y se lo introdujo por el agujero sin condón. Algo en la cara de vicio que vio en Alex al sentir que la metía en un lugar tan apretado, le decía que mamá no acostumbraba a dejarle entrar por la puerta de atrás. Por suerte para Alex, cada vez que ella no le dejara entrar por ahí, Gage estaría disponible para dejarle pasar hasta la cocina porque solo tenía una puerta de entrada.

Qué forma tan rica de culear desde abajo, plantando los talones en el colchón, doblando las rodillas y elevando las caderas para introducirla dentro del culo del chaval. Las fuerzas fueron abandonando el cuerpo de Gage a cada pollazo, dejándose vencer sobre el torso caliente y musculoso de Alex, que seguía a lo suyo sin frenar ni una sola marcha. Solo cuando las recuperó un poquito, pudo tener algo de control y menear el culete para hacer una paja a ese pollón, mientras Alex le sonreía y le daba cachetazos en las nalgas.

Gage se puso bocabajo y Alex en posición de flexiones encima de él, perforándole desde arriba, cuidando a su nuevo chico, comiéndole la oreja por detrás, dándole besitos en el cuello. Que sintiera esa fuerza de protección másculina de cerca. Alex se dejó caer sobre la espalda de Gage, le cogió las manos y las unió a las suyas mientras seguía zumbándoselo. Actividad de padre e hijo, los dos más unidos que nunca.

Se puso de rodillas en la cama y dejó el culete de lado para seguir trincándoselo. Gage intuyó, por las expresiones de Alex y los gemidos ahora fuertes y prolongados que profería por su boca, que ese tio estaba a punto de correrse. El cabrón de nuevo se lo hizo sin pedir permiso. Gage notó un líquido correteando por el interior de su ano. Alex seguía metiéndosela, más pausado.

Acababa de preñarle. Al sacarle el rabo, la leche empezó a manar del ojete, chorreándole entre los muslos. Y de nuevo, aunque fuera a traición, sentir su leche dentro y fuera le había gustado. Esa era la otra gran ventaja respecto a su madre y es que él no podía quedarse preñado, por mucha leche que le metiera dentro del culo. Miró hacia atrás y vio a Alex de rodillas, con ese cuerpazo, el torso sudado, las tetillas de los pectorales duras, su polla todavía guerrera y caliente descansando sobre su muslo. Pensó qué pedazo de hombre y en lo bien que se lo iban a pasar juntos cuando mamá estuviera mirando hacia otro lado.

«Veta a la ducha y límpiate bien el ojete. Recuerda que este es nuestro pequeño secreto, así que no se lo digas a mamá«. ¿Por quién le tomaba? Ni de coña iba a chivarse. A ver a qué tio en su sano juicio se le iría la boca si con ello perdiera la oportunidad de hacerlo todos los días con un macho así de atractivo, potente y dotado.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

VER LA ESCENA COMPLETA EN FAMILYDICK.COM

VER LA ESCENA COMPLETA EN FAMILYDICK.COM

Mostrar más
Botón volver arriba